Wuilly Arteaga: el violinista libertario y torturado por el régimen de Maduro

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(11 de Agosto de 2017. El Venezolano).- Venezolanos, dirigentes políticos, artistas y la comunidad internacional han pedido en reiteradas oportunidades la liberación del  violinista libertario, Wuilly Arteaga, el cual fue detenido por los cuerpos de seguridad del régimen.

Wuilly como todos se refieren a él, ha sido salvajemente torturado, su única arma su violín, un joven que participa por la libertad de Venezuela con su instrumento,  se metía en medio, entre manifestantes y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), y tocaba una melodía: “Más que nada para calmar los ánimos”, dice Alfredo Romero, su abogado.

En una primera oportunidad apuntaron con una bomba lacrimógena a su violín y se lo destrozaron, consiguió otro. Pero la siguiente fue a darle en la cara y ya después, el pasado 27 de julio, fue golpeado y detenido.

Nada le hacía quedarse en casa. O bueno, en el cuarto donde le habían acogido en Caracas. Él y Hazel Pinto, su novia, clarinetista, salían a la calle y poco a poco, Wuilly, a sus 23 años, se fue convirtiendo en un curioso símbolo. Tocaba en las aceras y plazas por la libertad en Venezuela. “Música de la que nos emociona, canciones como Alma llanera o el himno del país”, comenta su novia. No le fue difícil conseguir otro violín. Tras destrozarle el suyo, le ofrecieron docenas en las calles. “No tenía manos para tanto instrumento. Agarró uno y siguió en las protestas, tocando”. Había que darle un escarmiento. También se lo destrozaron, pero esta vez dándole golpes con él, reseñó El País.

La última vez que Hazel lo encontró fue a 100 metros, después de haberle visto irse unos días atrás con la cara enmarañada de puntos y hematomas: “Estaba en la camioneta que lo trasladó al juzgado. Lo habían retenido 96 horas sin comunicarle los cargos cuando lo legal, aquí, en Venezuela, son 48”, afirma. Al final, le hicieron saber por qué lo retienen desde el 27 de julio, día de su detención, en El Paraíso, sede del destacamento 433 de la guardia nacional: “Por instigación pública y detención de objetos incendiarios”, asegura Hazel Pinto. “Nos preguntamos si la instigación es la música y el objeto incendiario, su violín”.

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Alfredo Romero destaca que  “su caso es tan emblemático que, aunque en el foro llevamos cientos, he decidido ejercer como su defensor. Le he visto ya dos veces. La primera, con la misma ropa que lo detuvieron y me contó que comía de las sobras asignadas a sus compañeros de prisión. La segunda, ya me contó algo más. Que en la camioneta donde lo apilaron junto a varios detenidos, notó como encima suyo, los guardias violentaban a una mujer, introduciéndola los dedos por el ano”.

Detalló que A Wuilly, por su parte, no le permiten curarse ni tratarse bien las heridas que lleva en su rostro por los golpes que recibió en uno de sus encuentros con los guardias. Casi le dejan sordo, entre otras cosas, atizándolo con los cascos. “También que le han quemado el pelo y los bellos de las piernas con un mechero”.

Nadie sabe con certeza qué le ocurrirá. Lo que sí está claro es el camino que le ha llevado hasta allí.  Los venezolanos continúan insistiendo por su injusta detención.

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