“Vengo del fin del mundo”, por José Hernández

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(31 de mayo de 2016. El Venezolano).- “Vengo del fin del mundo”, es la frase que recibe al pasajero que sale del aeropuerto “Malvinas Argentinas en Ushuaia”, la ciudad más al sur que hay en el mundo, apenas a 1.000 kilómetros del círculo polar Antártico. Es una valla en la avenida Roque Sánchez Galdeano, que une el aeródromo con la ciudad, tiene la cara de Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, el primer latinoamericano y argentino en ser designado máximo líder de la iglesia católica. Era la última etapa de un viaje fantástico y el paisaje era el canal Beagle, y los picos nevados de Chile y Argentina en uno de los puntos donde se juntan el Pacífico y el Atlántico.

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Una semana antes llegamos a Buenos Aires, en un vuelo de American Airlines procedente de Miami, el sobrecargo al cerrar el vuelo fue enfático y en español, “¡Gracias por visitar Buenos Aires, nuestra ciudad, esperamos que regresen!” y la correcta frialdad anglosajona desapareció. Atendíamos una cordial invitación del grupo Lennox.

A las 8 de la mañana, el aeropuerto recibía cinco vuelos internacionales y los casi 1.500 pasajeros colapsaron la aduana, a las 10 salíamos y nos esperaba un “remise” (hibrido entre taxi y chofer de alquiler).

A las 11 estábamos en Talcahuano 52 en la zona del Congreso, en pleno centro de Buenos Aires en el Lennox, a menos de dos cuadras de la avenida de mayo, a menos de tres de la 9 de julio, a pocas cuadras del Congreso y cerca de la avenida Corrientes. Un excelente servicio con desayuno incluido en un muy buen 4 estrellas.

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PIEGARI Y EL INICIO DE LA BUENA MESA

Cambiamos a la monada local, (pesos) en un mercado ahora libre y donde lo mejor, en este momento, es hacerlo en los bancos. En taxi fuimos a “La Recova de Posadas”, donde atendimos una invitación del restaurante Piegari, donde empezamos a disfrutar la muy buena gastronomía argentina.

Varios tipos de pan y un recuento de platos, ensalada de frutos del mar; pulpo y unos cuerdas de guitarra al fileto, todo de antología, con una champaña de la casa y una botella de Saint Fellicien Malbec 2013. Todo servido con una atención perfecta. Entre los panes había una Focaccia con un aceite de oliva de Mendoza hermoso y pleno de sabores. Una malfatte, que son unas albóndigas de ricota, quesos y espinaca y un sabayone tibio servido con nueces y esta vez acompañado con frutillas (fresas). La lluvia torrencial, que en ese lugar no se siente, por estar debajo de un puente, por donde pasa la avenida más ancha del mundo, la 9 de junio, nos hizo tomar otro café.

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Piegari es un gran restaurante italiano, con un servicio perfecto. La “cuerdas de guitarra”, son un plato de patente nuestra, nos explican.

RECOLETA DONDE LOS MONJES INICIARON UN SITIO HERMOSO

En taxi rumbo al Lennox, nos quedamos en la entrada del cementerio de La Recoleta, donde están los restos de Eva Perón y de buena parte de los integrantes de la brillante generación Argentina de 1880, que llegó a construir la quinta economía mundial. Uno de los cementerios más hermosos que se pueden visitar.

Frente a la entrada, está un parque de árboles de caucho centenarios y después está “La Biela” un café, que llegó a ser la “secretaría”, del club de pilotos de autos de Argentina, el mismo país de Juan Manuel Fangio legendario campeón del volante.

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El café en la entrada tiene una mesa con las estatuas de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, quienes casi a diario compartían mesa allí, junto a otros como Serrat, Sabina, Cabral y Cortazar.

De regreso al Lennox, nos informaron que debíamos ir a La Ventana, un Tango Show. Acompañado de una botella de vino y cena. El espectáculo rinde honor a la música porteña a su baile, a su canto, al acordeón y al piano. Con un agregado de cantos gauchos y folclóricos con la presentación de un “boleador”, quien manejando una herramienta de caza, hace baile, acrobacia y percusión.

A la mañana siguiente, después del sustancioso desayuno del Lennox, hicimos un tour por Buenos Aires, recorrimos parte del centro, El Obelisco y la avenida de 19 de julio, nos paramos en la Plaza San Martín, donde está la Casa Rosada sede del ejecutivo, también está la Catedral de Buenos Aires, cuya entrada tipo el Partenón, no hace honor a su interior barroco y espléndido y donde reposan los restos de El Libertador José De San Martín.

Visitamos la Plaza de San Pedro Telmo en el barrio de ese nombre, donde cada 30 minutos una pareja baila tango, pasamos junto a La Bombonera, sede del Boca Juniors y nos paramos en la calle Caminito en La Boca, donde están las casas de colores hechas con el latón corrugado de los contenedores y donde se hicieron escenas de la película Focus de Willie Smith.

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Pasamos por Puerto Madero, ahora una exclusiva zona comercial y residencial y recorrimos los bosques de Palermo, donde se ven varios monumentos por los 100 años de la independencia Argentina en 1910, llenos de la grandiosidad de aquellas glorias, cuando Argentina era la quinta economía del mundo.

La guía, fue bien documentada y precisa, habló perfecto inglés y con una acreditación con su nombre y los sellos del ministerio de adscripción. Esto se repetiría en todo el viaje con todos los guías.

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Almorzamos en Puerto Maderos y caminamos por la zona, cruzamos el puente peatonal de Las Mujeres, bella obra de Calatrava el arquitecto Catalán, que gira para permitir el paso de barcos en el canal.

Caminamos por corrientes, pasamos frente al Luna Park y seguimos hasta Florida calle peatonal y comercial, donde entramos a la librería Ateneo con tres pisos entre libros y música, en un edificio de inicios del siglo XX.

CAFÉS Y LUGARES CONOCIDOS Y NO CONOCIDOS

En Florida, calle peatonal llena de tiendas, nos topamos con la calle Sarmiento y sobre esa calle encontramos un local, “The new Brigthon”, un restaurante bar, donde nos ofrecieron un negroni y un Old Parr, acompañado de un tostado mixto y una picada de la casa. El local fue una sastrería de 1910 y el ambiente era muy agradable, tanto que en 12 días fue el único en repetirse.

En la noche visitamos el Café Tortoni, en la avenida de mayo, un clásico fundado en 1858, donde Pirandello, Lorca y Alfonsina Storne, entre muchos de la bohemia, acudían de manera regular. De regreso al Lennox y nos paramos en Plaza Asturias, que nos llamó la atención, era pasada la 1 de la mañana y entramos y pedimos una botella de espumante argentino, unas champañas excelentes y muy accesibles, cuando nos la sirvieron, nos dijeron que teníamos que pedir algo, porque ese era un restaurante, no un restó bar, que tenían que servir comida y pedimos unos calamares fritos y al final un Sabayone con nueces y frutillas, tan bueno como los previos.

CORRIENTES, EL TEATRO Y LOS INMORTALES

Llegamos a “Baires” con dos encomiendas, comer en Tegui, restaurante de Martitegui uno de los alumnos de Francis Malsman gran chef del sur y ver una función de “Nuestras mujeres”, de Eric Assous, en versión de Fernando Masllorens y Federico González Del Pino, con las actuaciones de tres grandes actores argentinos Guillermo Francella, Arturo Puig y Jorge Marrale y la dirección Javier Dault.

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La primera fue imposible, la segunda la cumplimos en el teatro Metrópoli en Corrientes, a cuatro cuadras del Lennox. La obra fue impecable tres gigantes en escena frente a 1.500 espectadores con sala llena, en una obra genial.

Al salir notamos que junto al teatro están “Los Inmortales”, un lugar de pizzas que puede ser de los mejores de una ciudad donde se consiguen de las mejores pizzas del mundo, todo hecho con productos locales, allí nos acompañó un gran amigo de la diáspora global de PDVSA, buena pizza buena conversación y buen vino, después de ver buen teatro ¿Qué más?

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Corrientes sigue con sus teatros, cafés, librerías y pizzerias, pero también con muchos pobres grupos de familias

DE LA CARNE Y SUS TEMPLOS

Buenos Aires, tenía muy buena carne, mucho antes de la masificación del concepto de carne Wagyu o Kobe. El ganado argentino es “Angus y se alimenta con alfalfa”, decía un conocedor. La verdad es la mejor carne del mundo. Y eso es absoluto.

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Visitamos La Brigada, en la calle EE.UU. en San Telmo, en verdad un templo de la carne y la gran atención, nos tomamos un Malbec Cruz de Piedra, que nos ayudó a procesar unas mollejas perfectas y un trozo de carne especial de la casa, que ha podido ser la parte alta de un costillar pero sin hueso, imposible encontrar algo mejor. El servicio impecable y profesional. De acompañante una ensalada fresca de sabores definidos y aliño perfecto.

También comimos carne en un lugar de menos pretensiones, recomendado por una guía, “La Cholita”, también bueno. El dueño vivió en Venezuela y en el local de al lado en Palermo tiene un sitio de empanadas y pizzas llamado Cumaná.

EL CALAFATE Y LOS BARCOS DE MAGALLANES

Calafate es un arbusto mediano, que da unas flores entre amarillo y naranja y producen una especie de arándano comestible. Su nombre se lo dio la expedición de Magallanes a principios del Siglo XVI, cuando tratando de reparar la Nao Victoria frente a los desiertos patagónicos solo encontró el arbusto, de madera muy maleable y liviana, que además se expande al absorber el agua, la rama que usaron para “calafatear” sus naves desde aquella ocasión se llama “calafate” y le da el nombre a un pequeño pueblo frente al Lago Argentino.

Todo nuestro viaje se desarrolló en torno a esta visita a El Calafate, en mayo del 2009 Chávez pasó una de las pocas vacaciones públicas de su mandato en la región, aceptando la hospitalidad de Cristina, quien desde que salió de la presidencia se refugia en este pueblo, su “lugar en el mundo”, como ella lo llama.

El Lago Argentino es el más grande del país y tiene en su interior una gran concentración de glaciares, lo que lo hace tener un color particular azul blanquecino, por el fenómeno que se conoce como Leche Glaciar. Le puso ese nombre Francisco Pascacio Moreno, conocido ahora como Perito Moreno, y quien da el nombre al principal glaciar del parque. Moreno, integrante de la brillante generación argentina de 1880, fue un gran explorador, algo así como lo fueron Lewis and Clark en EEUU.

LOS RÍOS DE HIELO

Los vientos del sur en el Pacífico cargados de humedad chocan con Los Andes en su cara chilena, donde la humedad llega a 8.000 mm, cuando sube a las cimas se convierte en nieve y cae al lado argentino, todo el año. De esa acumulación de decenas de miles de años de millones de toneladas de nieve que bajan de las laderas de las montañas, producen los glaciares, que acá se agrupan en un parque nacional y caen sobre el lago descrito como inmensas moles de hielo con frentes de hasta 80 metros de alto y 160 de profundidad que escupen témpanos de hielo del tamaño de edificios, como en su casa produce hielo su refrigerador.

Al llegar al aeropuerto, “Comandante Armando Tola”, impresiona el viento y lo árido del paisaje en el viaje al Hotel Los Alamos, que nos sirvió de base y que también recibía un grupo de corredores que correrían entre 10 y 5 kilómetros frente al glaciar Perito Moreno a la mañana siguiente. Eran las 11 de la mañana. El hotel tiene hasta campo de golf, spa y varios restaurantes.

Caminamos el pueblo de dos calles, donde todo gira en torno al turismo, al lago y a los glaciares y su parque nacional

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A las tres nos buscó en el hotel, una especie de Indiana Jones patagónico, cálido, correcto y bien documentado, el guía: Milton Rischmann quien nos contó todo sobre el hermoso lugar donde trabaja “¿Qué tal mi oficina?” nos decía. Con un transporte que nos llevó al crucero, el Santa Cruz con su capitán Coco y sus 11 tripulantes.

21 personas estábamos por disfrutar tres días únicos, frente a lo mejor de la naturaleza, con las mejores atenciones posibles, buen trago, buena comida y perfecta atención.

El Santa Cruz navegó frente a la majestuosidad de las nieves patagónicas argentinas, y llegó al Paso Las Vacas, con la visión de quienes poblaron esa zona y con el ascenso a un cerro para ver los glaciares Macho y Mayo, junto a manadas de  vacas y caballos salvajes y un otoño con muchos colores.

La cena fue de langostinos patagónicos, cordero y torta de chocolate con vinos argentinos, chardonay, malbec y champaña, todo excelente de la mano de Horacio González el chef de Marpatag.

El Santa Cruz nos llevó al Spegazzini, el glaciar de las paredes más altas y empezamos a ver los témpanos de cerca y su ruido impresionante, un sonido similar al de los rayos cuando hacen sus estruendos.

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La proximidad con los glaciares es sobrecogedora, cuando se desprenden los bloques de hielo, el oleaje mueve el barco.

Otro paseo, para conocer el árbol más viejo del parque, que debió estar allí antes de que Magallanes pasara por la Patagonia. El desembarco es en la Bahía Toro, donde además está una de las cascadas producto de los glaciares. La cena fue memorable, molleja de cordero con vegetales; merluza negra con puré de arvejas y brandao de bacalao servido sobre salsa de tinta de calamar y azafrán y un lingote de chocolate blanco con granita de café y frutos del busque; acompañado de vinos blanco, tinto y espumante de Mendoza.

Es muy difícil que se pueda tener algo mejor en cuanto a lugar, “El Campo de Hielo Patagónico es, después de la Antártida, el manto de hielo más grande del planeta. Sus glaciares tienen origen a solo 1500 msnm de altitud y descienden hasta los 200 msnm, lo que permite un acceso y visualización única en el mundo”. Como dice la Web de Marpatag.

Visitamos el Perito Moreno, caminamos frente a él por sus pasarelas y nos despedimos con un brindis y una copa de champaña en el balcón de proa del Santa Cruz.

LA TIERRA DEL FUEGO

El cono final de Sur América se supone es el último lugar donde llegó el ser humano, hace unos 10.000 años. Dos grupos se asentaron en la isla que hoy se conoce como Tierra del Fuego. Al norte los que se denominaron después los patagones, altos y de extremidades inferiores fuertes, ocuparon las zonas secas. Por el tamaño de sus pies se conocieron como los patagones y le dieron el nombre a dos tercios de la geografía Argentina.

Al sur los Yamana, más pequeños y que en esas latitudes andaban desnudos, bañados de grasa de ballena, de donde sacaban además la principal fuente de alimentos. Los del norte vivían en tierra y cazaban, los del sur vivían junto al mar y pescaban, ambos usaban el fuego como principal fuente de calor, los de abajo llevaban la hoguera hasta en sus canoas. Magallanes, al ver el espectáculo de las hogueras que se movían, llamó al territorio Tierra del Fuego.

Llegamos al Lennox de Ushuaia, en San Martín 776, la habitación miraba los cerros nevados del lado argentino, el restaurante comedor Buena Vista hacía honor a su nombre con una vista de 180 grados sobre el canal Beagle y más allá los cerros nevados de Chile, todo con una atención profesional y grata y excelente comida.

Ushuaia, es la principal ciudad de la isla, con más de 56 mil habitantes. El verano, desde hace décadas, es una alta temporada turística. Pero ahora el invierno, también lo es, por las instalaciones del “Cerro el Castor”, centro de fama mundial para el ski. La nieve de la zona es tan estable, seca y abundante, (de 4 a 5 metros anuales) que hasta “The Revennant”, la película que le valió su primera Oscar a Leonardo Di Caprio, terminaron de filmarlo en la Ushuaia.

Tuvimos tres paseos, uno en 4X4 por el Lago Escondido y el Fagnano, un hermoso parque nacional donde además se hace canoa en pareja tipo canadiense.

Pudimos ver una castorera activa, con un ejemplar nadando y en sus labores. Estos animales son una de las plagas más grandes de la región. A inicios del siglo XX, la armada trajo 25 parejas, con la intención de comercializar las pieles. Por el frio no tan crudo y seco los animales sacaron una piel con pelo muy corto y difícil de vender. Quienes los trajeron no se ocuparon de llevárselos y ahora son 300.000 castores que hacen diques en casi todas las corrientes de agua y desforestan el paisaje.

El final del paseo fue con un asado, en una cabaña calentada con una estufa de leña y frente a un valle espectacular con todos los colores del otoño y todas las vistas de un clima que cambia todo el tiempo. Como siempre el adorable Malbec estuvo presente.

Otro paseo fue al tren del fin del mundo, el mismo que transportaba los presos de una cárcel donde nadie llegaba y que terminó creando las condiciones para poblar la región. Los presos trabajaban terminando las carreteras y vías que hoy hacen posible la visita.

El paseo termina en la Bahía “La Pataia,” en el parque nacional Tierra del Fuego. Donde culminan los más de 16 mil kilómetros de la carretera Panamericana que se inician en Alaska. Unas cotorras salvajes con sus caras rojas nos acompañaron en el viaje, varios halcones volaron junto a nosotros

 El último paseo fue en barco, una navegación lo llaman allá, que nos llevó hasta lo que ahora se toma como el faro del fin del mundo. El que se nombra en la obra de Julio Verne, “El Faro del Fin del Mundo”, en la Isla de San Juan del Salvamento, ya no existe se quemó.

La embarcación navega el canal Beagle, junto a leones marinos, ballenas y pájaros de varios tipos.

CABA OTRA VEZ

Regresamos a Buenos Aires en la noche y al hotel Lennox llegamos a la 1 am, como siempre nos atendieron con una sonrisa cordial.

Al día siguiente regresamos a Miami a las 11 de la noche, por lo que el día transcurrió en compras nerviosas, Malbec, aceites de oliva y acetos de tipo balsámico en Las Viñas a 50 metros del Lennox.

Después, una visita al Patio Bullrich una cartera hermosa en Nochentro. Un café con su cúpula de frescos de principios del siglo XX. Una parada en el Palacio Duhau, para tomar un café en los jardines. UN breve encuentro con el Alvear. La Capital Buenos Aires, CABA estaba perfecta.

Una caminata fuerte en Florida primero Galerías Pacífico, donde encontramos Cachafaz una nueva marca de alfajores, donde nos regalaron dos de maicena, “seguro que compran dos cajas”, era verdad, demasiado buenos, compramos seis cajas.

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Empezamos a caminar bajo la lluvia, carteras, chaquetas, regalos y lluvia. Una suerte de carga final. Cuando logramos la paz fue en la esquina de Sarmiento y Florida en el Brigthon con un pianista que no dejaba de tocar bellas canciones. Buena comida, excelente champaña y bella atención. Logramos un taxi para poder ir a visitar amigos en Palermo junto al hipódromo de referencia de Gardel, donde los pura sangre se ven trotando junto a la calle.

Empezó el regreso

Al final del vuelo, la correcta y fría la aeromoza nos dijo, Binvenidos a Miami, la temperatura son 70 grados Fahrenheit, gracias por volar en American Airlines. No todos los días se regresa del fin del mundo.

Redactado por : José Hernández

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