Venezuela: vivir sentir y llorar la represión desde el exilio, por Jorge Agobian

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Reuters

(09 de abril de 2017. El Venezolano).-  Me temo que alguien dirá que es muy fácil opinar sobre lo que pasa en Venezuela desde el exterior. Pido su tiempo para leerme, porque tengo algo que me aprieta los pulmones y me contrae el corazón, algo que tengo que expresar. Pido su permiso para hablar como un venezolano más. Por favor.

Y cuando ya me disculpo y debo vaciar lo que siento en estas líneas, encuentro que no me salen las palabras. Que mis manos tiemblan porque no encuentro cómo empezar a describir la atrocidad que ocurre en mi tierra. Y entonces tomo mi celular y veo cualquier video que me llega a Whatsapp en el que la Guardia del régimen expulsa su maldad en gas blanco, rojo, rosado, en agua, en perdigones, en cualquier arma puesta en malas manos. Y no puedo verlo más. Me armo de rabia y de impotencia. ¡Maldito gobierno! ¡Maldito Maduro! ¿Será que los militares no sienten, no viven la desgracia? ¡Maldito, no arremetas contra el pueblo!… Salen más insultos, más reproches. Y la pago con el teclado que resiste cada golpe de la yema de mis dedos. Y me salen las palabras, las sufro una a una.

Siento que verlo desde afuera debe sentirse como vivirlo en la calle de la resistencia. No lloro por el gas lacrimógeno que cubre de blanco y rojo la avenida Libertador de Caracas, es por la gente de mi tierra. Y también me entristece, o me emociona tal vez, sentir las ansias de libertad de un pueblo que ya no puede más, donde la desesperanza ya no pudo más.

No sé si preocuparme más por el sentido de pasividad del venezolano. No sé si este nuevo riesgo que corre el pueblo en la calle valdrá la pena. Quizás lo más importante en esta nueva etapa es que se siente más la voluntad para el cambio, para suprimir la horrorífica historia de dictadura en Venezuela. Los errores se seguirán cometiendo, pero esta vez la protesta en la calle resulta más que un derecho, una necesidad. Lo imperante debe ser que el régimen vuelva a sentir ese amargo presentimiento de que le queda poco tiempo en el poder. Pero hay que demostrarlo, y solo se hace en la calle, en protesta. ¿Pacífica? ¿Acaso resulta sencillo pedirle a un pueblo paleado por la desgracia que sea pacífico? Hay que entender a canalizar la rabia de la gente. No se puede desaprovechar esta oportunidad.

Sé que no es mi cuero el que está resistiendo los perdigones, ni mi aparato respiratorio el que está en crisis por tanto gas lacrimógeno. Sé que quizás mi opinión estruja la de otros, tal vez la de usted que me lee. Pero es una realidad que la democracia venezolana solo es rescatable en la calle. Veremos después si elegimos a los gobernadores y los alcaldes en votaciones libres y democráticas. Veremos después si a Capriles lo habilitan políticamente, si Leopoldo López sale libre. Veremos si después, algún día, podremos regresar los que tuvimos que huir y aterrizar de manera forzosa lejos, muy lejos de Venezuela.

Es el momento de luchar por la libertad, es el instante entre la dictadura y la democracia, el limbo entre la opresión y la justicia. Gloria al Bravo Pueblo.

Escrito por: Jorge Agobian – periodista 

 

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