Venezuela en terapia intensiva, por Carlos Ñañez

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Referencial

(27 de octubre de 2016. El Venezolano).- Nunca imaginamos que esta travesía por el populismo y la decadencia del peor estilo bolchevique, nos conduciría a esta encrucijada de existencia, como República. La descripción de la crisis económica que nos golpea producto de un caleidoscopio de ideas fanáticas, erradas y anquilosadas llevadas a la práctica, por un atolondrado con autoridad y un “asesor”, de esos quienes fracasaron en sus lides profesionales y no comprendieron que sus tiempos expiraron, pero que con cruel saña inocula, sus juicios disparatados para pretender planificar la economía y la sociedad, se conjuntaron para recrear esta tormenta perfecta. Estas recetas se conjugaron con términos formidables de los precios del petróleo y la Venezuela de la buena vida, activó sus motores, desatendimos el campo expropiamos alrededor del 73% de las tierras y con ellas conjuramos la soberanía alimentaria, pero la tesis de la bonanza y la subestimación de la intención totalitaria de Chávez nos era muy ajena, fuimos en cierto modo culpables de estos lodos en los cuales nos obligan a revolcar la dignidad ciudadana, los extremos de nuestro optimismo o indolencia  nos impedía ver las advertencias de cientos de economistas, a quienes calificábamos como voces agoreras, nos bautizaron como profetas del desastre,  augures de la tragedia. ¿Quién podría creer que los abastos no iban a tener la capacidad de satisfacer, nuestras preferencias de aceite de oliva, sardinas portuguesas, quesos amarillos, lácteos y trigos del mediterráneo?

Cualquiera quien se atreviese a alertar del manirrotismo del Estado Chavista, era crucificado para todos, el difunto autor de este desastre, era sólo un tipo jactancioso, un individuo con una infinita incontinencia verbal, nos causaba gracia e hilaridad los histrionismos propios en su programas Aló Presidente o en sus kilométricas cadenas, nadie advirtió sus himeneos con el totalitarismo, nadie se alarmó frente a su urticaria natural para con los medios de comunicación, el autor de la hegemonía mediática, fue capaz de cerrar a un canal de televisión con más de cincuenta años de historia, de cerrar emisoras radiales y de crear un culto abyecto para  su personalidad, en torno a este festín de indolencia, casi nadie se percató de la ingeniería perversa, realizada sobre los poderes públicos, el árbitro electoral, se transformó en una oficina del partido oficial, sin independencia alguna y adosado, con una cruel propensión para tener laxitudes con los vicios de desviación del poder, la democracia en Venezuela se quebrantó de manera mortal al permitir la indefinida reelección e inventar que la alternabilidad en el ejercicio del poder, era un invento burgués. Como en toda historia mal encaminada el final no pudo ser más surrealista y como si Clío la  Musa de la Historia, le hubiese cedido el puesto a André Bretón, el genio, el gigante, el artífice de esta tragedia falleció, de pronto en tromba, así como entro en nuestra historia, el heredero en la pléyade de ineptos que sucederían a un líder que decapitó los liderazgos de su partido, no pudo ser más malintencionadamente propicio, su sucesor debía tener una combinación oportuna de maldad, ignorancia y arrojo. El autoproclamado hijo de Chávez, siente al igual que su progenitor un odio visceral, por la libertad y la democracia, un desprecio por la libre comunicación, por los empresarios, por los mercados, todo cuanto le pueda resultar una obstrucción en su aviesa búsqueda del poder debía ser destruido. Maduro a diferencia de Chávez, no heredó la petro- chequera, se encontró con vacas flacas, con precios muy bajos para alimentar a las dos “c” de su modelo de gobierno, el clientelismo y la corrupción, la segunda permanecería indemne, la primera se sustituiría por la miseria como mecanismo, de control.

De esta manera su primer año en el poder comenzó por la toma a lo Idi Amín, de los inventarios de los almacenes en el país y la reasignación de precios, con la consecuente criminalización del comercio, tan atolondrados estábamos como sociedad, que era causa común ver colas frente a los almacenes de cientos de venezolanos de las clases medias y profesionales, para hacerse del botín de mercaderías a precios ajustados por un aparato represivo, que pronto iría por ellos para conculcarles los pocos espacios de libertad, nunca la frase de Bolívar fue tan cierta,:  “Un Pueblo ignorante es el instrumento ciego de su propia destrucción”, las vinculaciones con el hampa común dejaron de ser una suposición para hacerse de una realidad palpable y frente a la colusión criminal del régimen con grupos de choque, nacieron las Operaciones de Liberación del Pueblo, con los cuales se alecciona a aquellos grupos que se disputan el poder con un Estado a todas luces fallido.

El contrato Social en Venezuela finalmente se rompió y de esta ruptura surgió la desconfianza y la desmovilización, las alertas de los economistas, sociólogos, politólogos y académicos se hicieron reales en nuestras caras, una sociedad inmadura y muy crédula se enfrentó a los rigores de un régimen que de autocrático paso a ser proto- totalitario. Para quienes creen que en la crisis económica está la salida de esta pesadilla, permítanme afirmarles que es la miseria producto de esta crisis un mecanismo de control y dominación per se. Sólo nos queda resistir, confiar en las acciones de la coalición de partidos opositores, entender sus hetogeneidades y confiar en el rumbo de la agenda para salir de esta pesadilla. Estas líneas las escribo desde los agobios de mi país, muy fácil es opinar y fustigar desde el exilio, desde la lejanía, complejo es escribir, enseñar y existir en la frenética Venezuela de Maduro, considero que ya es una verdad para todos que el trámite para salir de esta trampa de hambre y escasez es el cambio de gobierno, para nadie es un secreto que este gobierno perdió las formas de configuración medianamente sostenibles con la democracia, somos una mayoría inmensa de ciudadanos sometidos a la miseria, somos los otros, los que no tenemos acceso al país de recursos y logros sociales, que sólo existen en los aparatos de propaganda oficial del régimen, aparatos estos usados para crear una verdad ficticia.

Nuestro drama lo llevamos como el Galileo, solos al patíbulo. Nadie pasa de declaraciones de micrófono para de manera tímida denunciar esta emergencia nacional que nos copta la capacidad de existir, estamos solos frente a este terror, frente a la aviesa intención del régimen por vender  la idea de una oposición de violentos, frente a un gobierno popular que no existe, el riesgo es inminente, cualquiera se expone al linchamiento físico por expresar sus ideas, a la cárcel o a la muerte. Venezuela está en terapia intensiva, en una terapia intensiva semejante a la de nuestros hospitales, sin medicinas, sin servicios básicos y con un riesgo de fallecer.

Sin embargo nos negamos a dejar de existir, a expirar, frente a esta grosera manera de tiranizarnos, aún recordamos que somos hijos de Bolívar, de ese héroe que les quedo grande en sus bocas, de ese caraqueño inmortal quien nos advirtiese en Angostura, de los riesgos de la permanencia de un solo hombre en el poder, no nos vamos a rendir, no vamos a dejar de existir, vamos a marchar, a gritar a exigir en paz que se restituya la constitución, a demostrarles que la razón está en manos de esta mayoría, que apostamos por la decencia y por la dignidad, frente a la villanía y la indecencia de este gobierno.

Te vamos a recuperar Venezuela, te vamos a enjugar las lágrimas y vamos a prepararnos para la primavera que esta pronta a llegar. Vamos a ser libres, felices y decentes, vamos a recibir a nuestros hermanos que salieron al encuentro de un mundo mejor. Pronto la cromo interferencia de Cruz Diez será el tapete de bienvenida de cientos de miles de compatriotas que regresaran para hacer patria, no guardamos rencor a nuestros hermanos latinoamericanos por su silencio cómplice, por su indolencia apropiada y ajustada al valor de un barril de petróleo, que acalla los gritos y lamentos de una nación que se niega a morir.

Venezuela serás libre, decente y democrática, se nos va la vida en lograrlo, por ahora asumo la máxima de Benedetti en su poema a la izquierda del roble: “Ustedes pueden irse. Yo me quedo”.

Por: Carlos Ñañez

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