¿Es Venezuela un Estado fallido y forajido?, por Emiro Albornoz

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Foto: ‏@PresidencialVen

(16 de febrero de 2017. El Venezolano).- Observando y analizando un poco los acontecimientos de la Venezuela comandada por la revolución “bonita” de Hugo Chávez, y ahora por Maduro, es muy fácil llegar a la conclusión que estamos en presencia de lo que se conoce como un estado forajido, que al mismo tiempo cae en la categoría de estado fallido.

Según algunos autores, un estado es fallido cuando presenta una incapacidad manifiesta para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la comunidad internacional. Esta característica la acabamos de ver patentada por el régimen de Nicolás Maduro en su respuesta ante las acusaciones que acaba de ser objeto el vicepresidente, Tarex el Aissami, por parte del departamento del Tesoro de los Estados Unidos, acusándolo de vínculos con el narcotráfico, terrorismo y corrupción.

A nuestro modo de ver, la respuesta del Presidente de la república ante un escándalo de esta naturaleza, ante una acusación que no es dirigida contra el estado venezolano sino contra uno de sus funcionarios, muy alto, es atolondrada e inadecuada, porque se trata de una solidaridad automática. Es meter las manos en el fuego por una persona que él mismo presidente la puede considerar impoluta, pero que no sabe a ciencia cierta si los señalamientos son incuestionables o no.

Allí parecen estar las razones sobre las cuales el Gobierno norteamericano ha extendido nuevamente la calificación de Venezuela como una amenaza contra la seguridad y defensa de los estados Unidos y tiene en lista negra, con alerta roja internacional, a altos funcionarios.

Entonces, lo recomendable es ordenar una averiguación y solicitar la información debida a la justicia estadounidense para que sean los órganos investigadores venezolanos quienes concluyan sobre la inocencia o culpabilidad del señalado, a la luz de la verdad.

La Fiscal General de la República ya ha debido actuar solicitar una averiguación sobre el caso, y con ello demostrar que actúa con verdadera independencia y no sujeta a las instrucciones que le impartan desde las más altas esferas del poder. Ya sabemos que sus actuaciones no son las más claras ni las que la ley y la naturaleza de su alto cargo recomienda. Toda Venezuela sabe que en la residencia presidencial La Casona no habita el Presidente de la República y su familia, sino las hijas e hijos del ex Presidente Chávez y no se sabe quiénes más pueden estar bajo el cobijo de esa vivienda que es para uso exclusivo del primer mandatario nacional.

Allí se especula que se gastan fortunas que pertenecen a pueblo venezolano en todo tipo de saraos y, sin embargo, la Fiscal no ha dicho ni jota ante un claro delito de peculado de uso que además pone en el tapete serias dudas en torno a quien manda realmente en Venezuela cuando quien debiera ser el legítimo huésped de La Casona tiene que vivir en una residencia del Fuerte Tiuna, según se ha conocido.

Generalmente la justicia norteamericana, que en realidad ejerce un verdadero imperio porque en su correcta aplicación se ha fundado el desarrollo y progreso de la gran nación del norte, donde su brazo alcanza hasta el hombre más poderoso del país, como es el Presidente, actúa una vez que tiene todos los elementos de juicio en la mano, y no afirma que los pelos del burro son negros hasta cuando lo tienen agarrado por los bigotes.

Actuando de manera silogística, si los estados forajidos y fallidos son definidos como “aquellos que tienen gobiernos fracasados, que permiten la violación de los DDHH al igual que la violación del imperio de la ley y son incapaces de sostener el orden legal interno, de suministrar eficientes servicios públicos, manipulan la administración de justicia, impiden la cohesión social, carecen de legitimidad democrática y rendición de cuentas y tienen debilidad económica, política y social para mantener la gobernabilidad, actúan bajo la égida del “derecho de policía” y aplicación del terrorismo de Estado, quedando inmersos en la corrupción y el crimen organizado”.

Si “es forajido un estado cuando el Gobierno apela al uso indiscriminado de la violencia para imponer su hegemonía, está dando claras muestras de su decadencia. No es un hecho desconocido que detrás de todo gobierno forajido hay un gobierno de facto que convierte la capacidad de maniobra política en un simple remedo de presidencia; en una especie de tutela presidencial, donde la majestad de la Presidencia de la República pierde su razón de ser por causa de la pérdida de liderazgo”. La conclusión salta a la vista.

Entonces podemos entender por qué los gobiernos forajidos temen a la democracia e impiden que se realicen las elecciones que son la principal conquista de un pueblo en democracia por el solo hecho de saber que el régimen saldrá derrotado.

Por qué el temor a las ideas y proceden a cerrar medios de comunicación con medidas directas e ilegales, pero también bajo subterfugios como la negación de los insumos básicos que requieren los medios independientes como es el caso del papel periódico para los medios impresos y la entrega de dólares para los fines de éstos.

Los Gobiernos forajidos le tienen terror a la expresión libre de la ciudadanía sobre quien reside la soberanía de una nación y la quieren convertir en una sociedad mecanizada, que piense y actúe como el régimen, y por eso reprimen y utilizan los órganos de justicia como garrotes contra la disidencia política.

Por Emiro Albornoz

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