¿Es Venezuela un cuartel?, por Leopoldo Martínez Nucete

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Referencial

(02 de julio de 2017. El Venezolano).- Atribuyen a Simón Bolívar la frase, muy desesperanzada, según la cual Venezuela es un cuartel, en contraste con la Nueva Granada (hoy Colombia), que sería una universidad y con Quito (hoy Ecuador), un convento. No creemos que esta sentencia, si realmente venía de Bolívar, pretendiera condenar irremediablemente a Venezuela a vivir bajo dictaduras militares. De hecho, entre 1959 y 1998, el país vivió en democracia y fue fundamental para promoverla en toda Latinoamérica (así como lo había sido para que la cuarta parte del continente alcanzara su independencia). Esos 40 años de democracia, con sus imperfecciones, le dieron al país un sistema de gobierno ciertamente representativo, responsable y alternativo. Pero si se mira la historia desde la independencia de Venezuela, esas cuatro décadas constituyen un paréntesis en el bloque de autocracias, dictaduras e inestabilidad.

En síntesis, Venezuela ha vivido la mayor parte de su historia bajo la bota militar o en conflicto social. Y allí estamos otra vez. Si quedaba alguna duda, el episodio de la confrontación del coronel Lugo Armas con el diputado Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, reedita realidades como la del asalto al Congreso, el 24 de enero de 1848; y recuerda episodios como el choque entre el primer presidente civil electo en Venezuela, el ilustre médico José María Vargas, y el oficial militar Pedro Carujo, quien increpó que el mundo pertenece “al hombre fuerte”, a lo que Vargas ripostó que pertenece “al hombre justo”.

Las convicciones de Vargas no se han materializado en tiempo histórico, lo que sí ha ocurrido con las de Carujo. El coronel Lugo Armas es fiel retrato de Carujo. Impuesto a empujones y gritos, su comportamiento fue reconocido con una condecoración del más alto nivel en su fuerza o componente militar, así como en la televisión del Estado, donde fue elogiado y aplaudido rodeado de militares uniformados.

¿Se impone el hombre fuerte sobre el hombre justo? Sí… por ahora. No solo en el terrible episodio del empujón a Julio Borges, que no es sino un detalle en el marco de la terrible represión que ha causado la muerte de más de 80 jóvenes en protestas ciudadanas y pacíficas contra el gobierno. Frente a estos acontecimientos, cómo evitar que el país quede reducido a la fatídica premonición que nos amarra al destino del cuartel.

Más que la encarnación del militarismo, lo que sucede es expresión de la barbarie acosando y doblegando (al menos, de momento), a la civilidad. Mi bisabuelo, Julio Cesar Salas, analizaba este dilema sociológico de nuestro pueblo en 1919, cuando publicó su libro Civilización y barbarie: Estudios sociológicos americanos, que podría verse como el abordaje investigativo del fenómeno ilustrado en Facundo, escrito en 1845 por el ex presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, pero nadie lo retrató mejor y de forma más didáctica, al tiempo que entretenida y realista, que Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara.

En la actualización contemporánea de la barbarie, las calles están llenas de jóvenes y dirigentes políticos que luchan por un cambio de las terribles condiciones económicas y sociales que vive Venezuela; y lo hacen sin miedo ante los pelotones represivos, los grupos paramilitares y otras manifestaciones violentas. El pueblo organizado enfrenta al fantasma de Doña Bárbara o al temible Gaucho Facundo.

Albergamos la certeza de que entre tantos venezolanos que aspiran a un cambio emergerá un Santos Luzardo que sacará a Venezuela del cuartel y conducirá el tránsito a la democracia. Ya se oye el chapotear del bongo al remontar el Arauca.

Por Leopoldo Martínez Nucete/El Nacional

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