Venezuela al borde de una crisis Humanitaria, por Carlos Ñañez

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Jorge Silva / Reuters

(04 de enero de 2016. El Venezolano).- En estas fechas del inicio de un nuevo año, resulta difícil ser tan crudo en la determinación y diagnóstico de la situación que atraviesa el país, esta dificultad en la postura coincide con la postura optimista, por no llamarla relajada de la mayoría de los venezolanos, frente a esta tragedia que se instauró en el poder un seis de diciembre de 1998, por cierto diecisiete años han transcurrido, desde que Chávez asumiera el poder luego de una terrible crisis de gobernabilidad, adornada con los efectos nocivos de una debacle económica, que no tiene parangón con el caos en el que estamos sumidos, no quiero llegar a simplificaciones absurdas de que éramos felices y no lo sabíamos, pero lo que pretendo manifestar, es que esta situación económica, política y social por la que atravesamos es inédita, no podíamos pretender algo distinto, las revoluciones suponen cambios profundos, que de acuerdo a la técnica, terminan derivando en el mayor de los grados en regresiones totalitarias y Venezuela no sería la excepción.

Listo y servido el caldo de cultivo, con los poderes subyugados a la orden presidencial, con la hipertrofia del Estado, en el cual Este es Todo y la política se sustituye por el terror, el camino a la servidumbre de treinta millones de venezolanos estaba ya andado y aún nos resta mucho por resolver, remediar, reconstruir y refundar, la libertad económica en el país es hoy en día una fábula mítica, ocupamos el último lugar en este indicador y con la destrucción de la libertad económica, la libertad política e individual simplemente no existe. Demostrado entonces como perdimos progresivamente la libertad, no era raro advertir como la economía se destruyó al quedar en manos de asesores gubernamentales nostálgicos de una ideología inviable e inaplicable en el marco pragmático, que se encargaron de infringir toda suerte de medidas inviables, entre estas controles de precio, controles de cambio, planificación centralizada y desde luego la joya de la corona las expropiaciones y criminalización del emprendimiento y de los empresarios.

La caída del producto interno bruto (PIB), registró una importante contracción en 2014 de -4% y en 2015 cifras del FMI, coinciden en ubicar esta caída en -10%, todo ello en un entorno de contracción de los precios del petróleo por exceso de oferta que ubican su precio estimado en 20$ por barril, esta caída representa una vulnerabilidad en ingresos pues el petróleo, reporta el 97% del total devengado, en un entorno de franca debilidad de la postura de las Reservas Internacionales cuya participación en oro es de 65,5%.

Ante este escenario no debe extrañarnos que la eclosión de una crisis humanitaria para el 2016, sea una posibilidad tangible, por crisis humanitaria se entiende una crisis de tal intensidad que las necesidades básicas de salud, alimentación y seguridad no pueden satisfacerse con facilidad y tienden a agudizarse, estas crisis son mega crisis en todos los ámbitos sociales en las cuales el desarrollo se compromete, las causas de esta crisis se deben a estallidos violentos, guerras civiles o catástrofes naturales, en nuestro país ninguna de estas causas han generado la crisis, son verdades perogrulladas, el caos que atravesamos obedece a la implantación de un modelo económico, que comporta las realidades institucionales y políticas, con la hegemonía militar depredadora.

La dimensión de escasez en nuestro país es del 80% y en el sector farmacéutico tratamientos contra enfermedades terminales y crónicas se encuentran agotadas, los alimentos aparecen de manera espasmódica y la única vía para hacerse de los alimentos de la canasta normativa es a través de la vía del subsidio que comporta expansión del gasto público, incurriendo el gobierno en la práctica de emitir dinero y generar un escenario hiperinflacionario.
La hiperinflación se cierne sobre el país el poder de paridad de compra de nuestra moneda es inexistente, el balance de la inflación la ubica en tres dígitos superior al 200%, situación agravada por la opacidad en la conducción económica de la nación, la negativa a publicar cifras por parte del BCV y el irreal presupuesto del año 2016, aprobado por la Asamblea Nacional saliente, en un espectáculo de regresión institucional, que niegan los métodos elementales del parlamentarismo.

Es necesario indicar que en el presupuesto simplemente no existe la meta del PIB, se mantiene anclado el tipo de cambio en 6.30 Bs/$ y con ello, la práctica de cazar rentas y de generar mafias que fomenten la salida de capital es un hecho tangible, existe como en todos los estados socialmente atrasados, una élite gubernamental un cacicazgo local, usando un término del economista español Joaquín Costa Martínez, que aglutina el poder y desconoce el juego democrático y que es además incapaz de decodificar los resultados de las elecciones parlamentarias, por el contrario juega al desorden y al caos al intentar desconocer la voluntad de más de siete millones de electores y continuar atados a la idea retrograda y anquilosada en el pasado dela guerra económica y el sabotaje. Es necesario se produzcan los cambios necesarios en materia económica, estos cambios suponen la aceptación de los resultados del 6D y evitar caer en subterfugios legales para desconocer los resultados.

Para finalizar esta idea necesario es esperar que la Asamblea Nacional, imprima al menos el rol de contrapeso, solicitando rendir cuentas al gabinete económico, garantizando una ley de amnistía para los presos políticos, reconstruyendo el carácter de institución social de la propiedad privada y fomentando leyes que reactiven el aparato productivo. Como corolario final dejó una reflexión del poeta Rafael Cadenas “En medio de la mentira, por encima de ella en la hendidura, busca este país su verdadero rostro para curarse” y es justamente que hastiados como sociedad de mentiras, inoculadas decidimos cambiar y en la hendidura de esta crisis, encontráremos la amalgama para reconstruir a Venezuela y curarnos del odio y la revancha enseñada. Que así sea.

Por Carlos Ñañez

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