Venezolanos duermen afuera de los mercados con la esperanza de comprar comida (+fotos)

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(24 de julio de 2016. El Venezolano).- Las largas colas bajo la lluvia o el sol para poder comprar comida en Venezuela, han pasado de horas a días, según narra la periodista Valentina Lares Martiz para El Tiempo. El engrosamiento de las inmensas filas ha empujado a la gente a pernoctar a las afueras de los mercados desde el día anterior, dormitando recostados en aceras o en cualquier esquina.

Nelly Páez ya lleva tres martes haciéndolo. “La primera vez llegué a las 3:30 de la mañana al Excelsior Gama de Maracacuay (en Caracas) y ya era la número 600”, comenta entre suspiros. “Yo no sé si esa vez se coló mucha gente, pero abrieron el mercado y ya cuando iban por los 500, se acabaron los productos. Yo lo que quería era ponerme a llorar. Entonces, ahora llego más temprano”.

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Aunque vive en uno de los altos cerros del populoso barrio de Petare, Páez sortea la inseguridad de la zona con una vecina. Entre las dos pagan “una carrerita” a un taxi que las deja en el mercado que ellas digan.
Salen a las 2 de la madrugada con una silla plegable, paraguas, suéter “y rezando a Dios para que no llueva”. Las últimas dos veces han tenido éxito, aunque la espera es interminable: entre siete y ocho horas.

“Este martes llegamos a las 2:30 y entramos a las 10 de la mañana al mercado. En este no daban número sino que la Guardia Nacional dejaba pasar cada 25 personas. Compré un Ace grande (detergente), dos harinas de trigo y dos salsas de tomate. No me sirve de mucho, pero algo es algo”, relata.

En esos productos no gastó más de 2 mil bolívares (dos dólares del mercado negro o casi cuatro dólares a la tasa oficial, más alta), mientras los ‘bachaqueros’ (revendedores) venden un kilo de harina de trigo (que apenas se consigue en 350 bolívares) en mil 500 bolívares, un kilo de azúcar en 4 mil 500 (está regulado en 19 bolívares) o un kilo de arroz en 3 mil bolívares (está regulado a 104 bolívares), lo que explica por qué tanta gente sacrifica el sueño y su seguridad para comprar productos de primera necesidad.

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Una pesadilla

“Tengo que trabajar diez días para comprarle un arroz a un ‘bachaquero’, así no puedo, por eso duermo afuera del mercado. Esto es lo peor que estamos viviendo. Yo siempre he sido pobre, pero antes iba con mis realitos, agarraba mi carrito y compraba lo que podía con calma. Esto es una pesadilla”, termina Páez, quien es vigilante de un colegio y madre de gemelos.

Junto con la falta de descanso y las inclemencias del clima, Páez cuenta que deben lidiar con los grupos de ‘bachaqueros’ que llegan por montones, cortando las filas, violentando los turnos, algunas veces con anuencia de los militares que custodian los mercados. “A veces les dicen que respeten la cola, a veces los dejan pasar porque seguro les pagan algo. Uno no se mete con ellos porque son unas mafias y son violentos”.

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A pesar de que casi todas las alcaldías del país han emitido resoluciones que prohíben la pernocta alrededor de los mercados, lo cierto es que la escasez ha impuesto un patrón de necesidad tan grande que la gente busca formas de evadir las restricciones. El tiempo que debe emplearse para hacer las colas y comprar trae una cadena de efectos en la vida cotidiana tanto de los compradores como de los vecinos de la zona.

Entre la gente más pobre, el tiempo y energía que emplean en tratar de comprar ha afectado especialmente a los niños, muchos de los cuales deben acompañar a sus padres para comprar y pierden días de escuela. Algunas alcaldías en los estados de Anzoátegui, Miranda y Táchira han comenzado a contabilizar este fenómeno: entre el 25% y 30% de los niños que asisten a las escuelas municipales han dejado de ir uno o varios días de la semana a clases para comprar comida.

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Además del deterioro en la calidad de vida, las calles y negocios que rodean a los mercados exhiben las huellas de las colas. “La gente hace sus necesidades donde sea, comen, botan basura, hasta que como a las 4:00 de la mañana que se arma la fila y esperan hasta que abren el mercado a las 8:00 de la mañana”, dice una vecina del sector donde está ubicado el mercado.

Otra asegura que entre las decenas de motos que estacionan los revendedores también se camuflan rateros que roban a la gente y huyen rápidamente.

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