Una negociación condenada al fracaso, por Emiro Albornoz León

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Foto: referencial

(31 de enero de 2018. El Venezolano).- La escasa información que hemos recibido los venezolanos en torno al fracaso de las negociaciones entre el gobierno y la oposición democrática venezolana, llevadas a efecto en Santo Domingo, no causan ninguna sorpresa a nadie que tenga cuatro dedos de frente.

Este cronista entiende que los líderes de la Mesa de la Unidad  continúen llenando el expediente democrático que se le ha abierto a este ´régimen corrompido hasta las entrañas porque los venezolanos que nos oponemos a este desgraciado régimen, no tenemos más armas para enfrentarlo que  la Constitución , las leyes Y EL VOTO, QUE MUCHAS VECES DESDEÑAMOS SIN PERCATARNOS DEL DAÑO QUE NOS HACEMOS.

Ya en anterior publicación, cuando apenas se iniciaba la primera ronda de negociaciones nos atrevimos a asegurar que no habría resultados porque sencillamente, el gobierno de Nicolás Maduro no tiene ninguna intención de brindar una salida democrática a la grave situación económica, social y política que vive la sociedad venezolana afectada por una hiperinflación galopante que ha acabado con la clase media y ha empobrecido más aun a quienes obtienen menos ingresos por su trabajo que son las grandes mayorías de Venezuela.

El régimen de Maduro se caracteriza por ser totalitario, mentiroso, simulador, manipulador, irrespetuoso y violador de los más elementales derechos humanos, burlón, y convocó a la oposición a una infructuosa negociación de la que sólo buscaba ganar tiempo, llevando debajo del brazo una carpeta con una serie de peticiones indecorosas.

El Gobierno de Maduro no tiene nada que pedir en una negociación. Lo que tiene es que dar o restituir una serie de elementos democráticos que ha conculcado al pueblo venezolano como son los derechos a la libertad, a la información libre y objetiva, a ejercer los derechos democráticos que le reserva la Constitución y las leyes, recomponer la institucionalidad vapuleada por las actuaciones antidemocráticas del régimen, liberar los presos políticos, declarar la crisis humanitaria en alimentación y salud para que no sigan muriendo niños, adultos y ancianos de hambre y de enfermedades, designar un CNE confiable y respetuoso de las leyes y reconocer a la Asamblea Nacional elegida mayoritariamente por el pueblo venezolano el seis de diciembre del año 2015 y que el régimen desconoció utilizando a su antojo el Tribunal Supremo de justicia.

Es tan descarado este régimen que en medio de las negociaciones utiliza al TSJ para invalidar a la MUD en siete estados del país y obliga a los partidos políticos a validarse nuevamente porque no participaron en las elecciones municipales del mes de diciembre. Es algo parecido a que invalide a los ciudadanos que no les da la gana de votar porque el voto es un derecho, no una obligación.

Maduro no puede pedir que le reconozcan su ilegal asamblea nacional constituyente elegida en unas elecciones a contrapelo de la constitución porque no fue convocada por el pueblo venezolano y en la cual no participó la oposición porque era inconstitucional.

Maduro no va a aprobar la apertura del canal humanitario, así mueran por miles los venezolanos atacados por la falta de alimentos y de medicinas, porque sería reconocer que su gobierno es fallido y estaría moralmente obligado a renunciar al no cumplir con las expectativas del pueblo venezolano.

Luego de este fracaso, y ojalá que el gobierno de Maduro rectifique, no queda más camino que el pueblo salga a las calles de Venezuela a poner en práctica el artículo 350 de la Constitución.

Por Emiro Albornoz León.

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