Una cumbre cloacal, por Ramon A. Maestre

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Foto: BBC

(12 de marzo de 2018. El Venezolano).- ​Para que luego no digan por ahí que en mis columnas de prensa plana​ y​ mis​ filípicas televisadas solamente lanzo críticas despiadadas contra Donald J. Trump: Hoy reconozco que ha dado un resultado insólito la mezcla trumpista de sanciones, amenazas hecatómbicas y bravuconadas difundidas a través de Twitter. Un conjunto de posturas cuyo instrumento más eficaz ha sido la presión que la Administración ejerce sobre China a fin de que Beijing haga lo posible por controlar y atenuar la belicosidad atómica (y convencional) del tirano norcoreano Kim Jong-un.

De una forma u otra la agresividad visceral del presidente Trump y las urgentes exhortaciones de los chinos han movido a Kim a bailar una pirueta que nadie esperaba. Y, al parecer, Trump le ha correspondido. Menos de doce horas después que el Secretario de Estado Rex Tillerson comentaba con toda razón, que en estos momentos no sería ni prudente ni realista para Estados Unidos iniciar conversaciones directas de alto nivel con el jefe máximo del régimen más represivo del planeta, Trump aceptó reunirse con el dictador.

No puedo celebrar esta decisión del presidente de los Estados Unidos. Al contrario. Trump ha dado un paso imprudente, como anotaba Tillerson. No hay duda de que entre marzo y mayo Trump sería capaz de ​dar más de un giro​ en torno a su proyectada cumbre cloacal con Kim Jong-un. Ojalá. ¿Por qué no dejarle al presidente surcoreano Moon Jae-i los agarres y desplazamientos que se parecen a los del Kumikata, el Shintai y Tai-Sabaki en los tanteos iniciales de un combate de judo? Porque un tete a tete de Trump con el norcoreano representaría una concesión unilateral del tamaño del espantoso Mausoleo de Kim Il-Sung en Pyongyang. Elevaría al fofo maligno, concediéndole una importancia inmerecida.

Además, de momento, el “giro” de Kim se circunscribe a la retórica. Magnificada por las esperanzas del presidente Moon y el entusiasmo superficial de demasiados medios ignorantes, muchos de los cuales le cantaron loas vergonzosas a Kim Yo-jong, la hermana de Kim Jong-un, durante los juegos olímpicos invernales. El objeto de esos elogios es miembro del Politburó de una dinastía totalitaria que, de acuerdo a Amnistía Internacional, mantiene enjaulados en campos de concentración a más de 120,000 presos políticos cuyas familias son castigadas hasta la cuarta generación.

Según las traducciones no oficiales de los comunicados emitidos la semana pasada por la delegación surcoreana a su regreso de Pyongyang, el régimen de Kim expresó “su mejor disposición de iniciar negociaciones serias y honestas con Estados Unidos a fin de discutir temas relacionados con la desnuclearización y la normalización de relaciones”. A su vez “prometió que mientras el diálogo continuará no haría provocaciones estratégicas tales como realizar pruebas con bombas atómicas y misiles balísticos”. Con todo, sospecho que un idioma común divide las dos Coreas. Me temo que la misión sureña encabezada por el responsable del Consejo de Seguridad Chung Eui-Jong y el jefe de la Inteligencia, So Hoon, hicieron una lectura de las intenciones de Kim que pudiese estar distorsionada por el deseo ingobernable de lograr la convivencia pacífica y fraternal con el norte. La delegación sureña también le aseguró al mundo que la parte norcoreana “dejó claro que no tendría razón para mantener armamento nuclear si la amenaza militar contra el norte se eliminara y se garantizara su seguridad”.

Entiendo la necesidad que ​tienen​ los de Seúl de cifrar sus esperanzas en arreglos improbables que los pondrían a salvo de un Armagedón. Aun así, la “claridad” que advierten en la retórica de Kim es, en realidad, una turbia manipulación. En diciembre del año pasado Beijing convenció a Kim de que​ le ​hacía falta adoptar posturas menos amenazantes y celebrar una cumbre intercoreana. Ahora, el tipejo busca ganar tiempo, extraerle cuantiosa asistencia económica al enemigo al tiempo que desarma la agresividad de Trump y complace a China, el garante de su supervivencia. Lamentablemente, el presidente Moon y sus asesores (y quizás algunos consejeros de Trump) han hecho una interpretación de “la desnuclearización” que pasa por alto la esencia del régimen norcoreano. Kim Jung Un pudiera congelar un tiempo el desarrollo de misiles balísticos pero no va a entregarle su arsenal nuclear a nadie.

por Ramon A. Maestre

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