Un presidente escapado de la realidad, por Emiro Albornoz

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Referencial

(14 de abril de 2016. El Venezolano).-  Escuchar al presidente de la República decir tantas incoherencias e insensateces al mismo tiempo, como las expresadas en cadena nacional de más de cuatro horas celebrando un aniversario más del regreso de Chávez a la presidencia en abril del 2002, deja mucho que desear de su estabilidad emocional.

Durante un acto en el Poliedro de Caracas, Maduro dijo: “Ninguna de las opciones y acciones que han anunciado la derecha, la oligarquía y el golpismo en Venezuela tiene viabilidad política ni futuro en nuestro país. Aquí va a seguir gobernando la revolución en este año 2016, 2017, 2018 y lo que resta de esta década y la próxima década. Lo digo con humildad, con convicción, con claridad constitucional. Y ellos lo saben”.

No hay duda que Maduro está divorciado de la realidad. Se niega a aceptar que su figura y su gobierno tienen el rechazo mayoritario de las grandes mayorías del país que claman a gritos que se vaya del poder para que Venezuela pueda conseguir una salida institucional y democrática a la catástrofe que sus acciones de gobierno equivocadas han causado a la economía y a la sociedad venezolana toda.

Sus palabras suenan a balandronada, similar a las soltadas en aquellos días previos a las elecciones parlamentarias del seis de diciembre del 2015 cuando se atrevió a afirmar que sus partidarios ganarían esos comicios tan importantes “como sea”, pero el resultado fue una tremenda paliza que le asestó el pueblo venezolano dándole a la oposición democrática un triunfo indiscutible que le permitió obtener la mayoría absoluta de los miembros que integran la Asamblea Nacional.

Pero afirmar que aquí va a seguir gobernando la revolución, es anunciar que está dispuesto a desconocer el resultado de una convocatoria a referendo revocatorio, como amenazó en las parlamentarias,  que obligatoriamente tendrá que activar el Consejo Nacional Electoral a pesar de todas las alambradas y obstáculos que ha puesto en el camino, y en el cual se estima que más de diez millones de venezolanos votarán por su salida del gobierno.

Se pudiera emular a aquel Diosdado Cabello que en un acto político, estando vivo Hugo Chávez, coreaba: “Chávez los tiene locos”. A Maduro lo tienen loco las encuestas de opinión pública, incluida la del inefable Oscar Shemel que le dan un rechazo histórico superior al 85 por ciento de la nación. Al parecer una impopularidad como ésta no tiene parangón ni en Venezuela ni en cualquier otro país democrático del mundo.

Pero la guinda de la torta la puso cuando comenzó a atacar a los Estados Unidos de Norteamérica, como fue costumbre de su padre putativo y él mismo, ofreciendo unas cifras sobre pobreza en el gran país del norte que ubicó en cuarenta millones de personas que no tenían donde vivir y morían de hambre y de frío, desconociendo que en esa gran nación a los “parados” les subsidian mientras logran ubicarse de nuevo en puestos de trabajo, pero no son dádivas para ganar adeptos sino como una política de estado.

Y llegó el momento de denunciar que en Estados Unidos deportan a ciudadanos de otros países, niños y niñas, olvidando las deportaciones masivas que recientemente realizó su gobierno de miles de familias colombianas que tenían años establecidas en la frontera con Táchira, separando a decenas o centenares de niños de sus padres que fueron sacados violentamente del país, sin sus pertenencias. Este hecho fue denunciado por el gobierno colombiano como delitos de lesa humanidad.

Definitivamente, la impopularidad y la certeza que la decisión de revocarle su mandato por parte de los venezolanos es irreversible, tienen a Maduro fuera de la realidad.

Escrito por: Emiro Albornoz

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