Un país destruido, una nación acabada, por Emiro Albornoz León

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(30 de mayo de 2018.El Venezuela).- Nicolás Maduro será que no se percata de la grave crisis de hambruna que ataca al pueblo venezolano y que llevará a centenares de miles, millones quizá, a morir de hambre y de enfermedades, y se hace el loco para no ver su obra destructora, iniciada por el engendro infernal de Sabaneta de Barinas, a quien sus correligionarios bautizaron con el nombre de “intergaláctico”, y tienen razón porque se trató de una especie de misil venido desde las profundidades del infierno con su carga desenfrenada de locura y de odio que hizo explosión hace varios años y continúa teniendo réplicas.

Ese estallido no dejó edificios demolidos o en ruinas como los que deja una guerra convencional o de última generación, sino hogares destruidos por los venezolanos que han tenido que emigrar a otras latitudes, servicios públicos colapsados, todos en su totalidad, carreteras y puentes en mal estado, empresas y comercios quebrados o en estado de cierre, y con ello millones de desempleados, hospitales sin dotación de medicamentos y equipos médicos para salvar vidas cumpliendo con el derechos constitucional de la vida y la salud, y todo cuanto la mente humana pueda imaginar.

Cómo puede progresar un país y brindarle a sus ciudadanos posibilidades de elevar sus niveles de vida, como es lógica aspiración, donde en la casi totalidad de la geografía nacional se producen apagones que duran buena parte del día y de la noche, obligando al cierre intempestivo de negocios y establecimientos de todo tipo que finalmente terminan cerrando sus puertas por la imposibilidad de ejercer sus labores comerciales o industriales.

Cómo puede echar adelante una nación donde la mayoría de las familias pasan hambre porque la hiperinflación promovida por el régimen corrupto y disoluto de Maduro no permite que pueden darle a sus hijos una alimentación balanceada que permita que los niños tengan un desarrollo normal y condiciones físicas y mentales que los lleven más adelante a constituirse en la generación de relevo. Seremos una nación de famélicos.

Y ante esta dramática realidad vemos a un Maduro que aparece todos los días, en cadena de televisión y radio, hablando de un país que no existe sino solamente en su cerebro y en su verborrea, y habla de un pueblo que lo apoya, y se pone a bailar con Cilia, y vive la vida loca.

Es un vulgar embustero que desde el inicio de su desastrosa gestión, en 2013, hablaba de trabajar las 24 horas del día en dar una batalla económica para lograr la prosperidad del pueblo y después comenzó a excusarse con una guerra económica elaborada en los laboratorios de la sala situacional de Miraflores, la cual ha perdido porque Venezuela está destruida y la nación acabada.

Mientras tanto, centenares de miles de venezolanos se preparan para unirse a los más de tres millones que han huido del país en los últimos cuatro años en búsqueda de mejores condiciones de vida y de trabajo que les permitan echar adelante con sus familias, dejando atrás todo. Muchos dejan sus puestos sin esperar pago de unas prestaciones que no alcanzan ni para pagar una semana de comida en Venezuela.

Y a pesar de la tragedia que nos ha causado, Maduro , en lugar de renunciar a la presidencia por su manifiesta incapacidad como gobernante, trampea unas elecciones cuyo resultado estaba cantado desde el mismo inicio de la convocatoria de las mismas por parte de la fraudulenta asamblea constituyente. Y con ello, pretenden hacer creer que Venezuela es el único país del mundo donde los venezolanos son tan estúpidos y masoquistas que reeligieron al hombre que ha causado la hambruna de más de las tres cuartas partes del país y demás males que agobian a la nación.

Por Emiro Albornoz León.

 

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