Un monstruo tricéfalo, por Antonio Urdaneta Aguirre

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Foto: referencial

Archivo

(23 de octubre de 2016. El Venezolano).- Toda bestia tiene, por lo menos, cuatro patas, hocico y rabo. Lo que sí es raro es que tenga más de una cabeza. Sin embargo, de todo puede ocurriren el mundo al revés en el que estamos viviendo. Fundamentalmente en Venezuela, donde la ilicitud ha alcanzado categoría de Estado. Es obvio que hace 18 años el país emprendió una marcha en retroceso. ¡Estamos llegando a lo peor del siglo XIX, con amenaza de volver a tener un estatus colonial!

Pues sí, en nuestra maltratada patria y donde la sociedad de grandes oportunidades que fuimos tiende a desintegrarse, además de las calamidades que padecemos en todo los sentidos, los delincuentes del 4 de febrero de 1992 –hay excepciones individuales que merecen respeto y reconocimiento– ya lograron instaurar la dictadura que traían en la conciencia. Agazapados bajo una máscara de demócratas, avanzaron hacia el logro de sus perversos objetivos y cuando se sintieron envalentonados con el resultado de sus actos de usurpación, se quitaron el disfraz. La constitución que mantenían en la mano, para engañar a incautos criollos y desconocidos extranjeros, la enrollaron bien enrrolladita, como decía el fallecido agente de Satanás, y la usaron de supositorio. La que muestran ahora al público es una vulgar réplica, vacía de principios, postulados y derechos; es el cascarón de la original, rellena de excremento.

La nota más peligrosa de ese proceso de desmantelamiento de la democracia, la pusieron tres poderes públicos nacionales, asociados para delinquir. Es decir, para sepultar definitivamente el sistema democrático. Esos tres poderes se han constituido en las cabezas de una bestia, la que se ha tragado a la democracia y a cualquier vestigio de libertad que haya quedado.

Esa bestia, de hocico maloliente y sulfuroso y que despide un contaminante hedor a vapor de alcantarilla, es la culpable, autora intelectual, de la crisis humanitaria que está arrasando con Venezuela y con su población. Crisis que podría decirse que es lógica, puesto que los voces principales que forman la bestia tricéfala, por convicción ideológica, niegan la existencia de Dios; situación que ha aprovechado Satanás para ganar terreno en el suelo patrio.

Concluyo con un mensaje a la dirigencia democrática del país, cualquiera sea su rol en la sociedad: las dictaduras se combaten y se derrotan con los métodos adecuados pertinentes. Todo intento diferente, es caer en el romanticismo democrático; porque la bestia jamás se detendrá. Hay que enfrentarla y golpearle las tres cabezas de manera contundente.

Por: Antonio Urdaneta Aguirre

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