¿Trump firmará tratados de inmigración con cada país?, por Benjamín De Yurre

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(Foto: AP)

(25 de junio de 2018. El venezolano).- Desde tiempos inmemoriales los pueblos han migrado normalmente desde los países pobres hacia los países más prósperos. EEUU no escapa a esta constante, la cual se intensifica por la existencia de fronteras terrestres en el país. El problema estriba en que dada la magnitud de esta creciente problemática, es imprescindible adoptar de una vez las medidas necesarias, que pudieran ser una reforma inmigratoria integral e incluso, la firma de tratados de inmigración individuales con cada país.

Ya en el pasado habíamos abordado el tema en varias ocasiones, entre ellas “Tratados de Libre Inmigración” y “Sin Excusas Para No Hacer Una Reforma Inmigratoria”, publicados por El Nuevo Herald el 28-10-2010 y el 21-02-2017 respectivamente.

Existen varias vertientes con propuestas diferentes. Por ejemplo, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, al preguntársele sobre una buena postura frente a los inmigrantes, respondió: ¿Qué tal recibirlos con los brazos abiertos?

El Nóbel de Economía 1992, el profesor Gary Becker, planteaba la creación de un “Mercado de Inmigrantes”, donde se negociarían un número determinado de visas, cuyo precio sería fijado por el libre juego de la oferta y la demanda. Por este concepto EEUU recibiría unos $12,000 millones anuales.

Desde el 2013 estuvo en la fase de audiencias en el Senado una reforma inmigratoria bipartidista auspiciada por ocho senadores; sin embargo, se desechó el proyecto porque algunos ‘geniales’ auspiciadores trajeron a discusión la incorporación de un plan de seguridad fronterizo que incluía la construcción de un muro en la frontera sur.

Lo cierto es que ya no solo es necesario sino que es prioritario encontrar una solución al problema inmigratorio, el cual obviamente se agudiza toda vez que involucra factores que son indirectamente proporcionales; en efecto, mientras en EEUU aumenta el número de millonarios, en los países hispanos circundantes aumenta la cantidad de pobres. Desde luego, este factor estimula los intentos de migración.

Y por supuesto, los inmigrantes, desde el punto de vista humano, apelan a todo lo que tienen a su alcance con tal de ingresar a suelo estadounidense. Ello incluye tratar de penetrar en el país sin documentos inmigratorios y acompañados de sus hijos menores de edad. Lógicamente, la actitud del presidente Trump, separando recientemente a los hijos de sus padres inmigrantes, fue una torpeza política, aunque después la haya enmendado mediante un decreto. Esto, en la práctica, no hace sino forzar una solución inmigratoria a corto plazo.

Si Trump pretende complacer a su base original de votantes, que se oponen a la inmigración legal o ilegal, y que además creen que los “Americanos Reales” son los cristianos nacidos en EEUU, entonces parece difícil que acceda a un arreglo inmigratorio (American Preservationists – Cato Institute, junio de 2017). Pero si se remite a los intentos previos y a la presión actual por un finiquito inmigratorio, pudiera optar por una solución definitiva.

En 1986, bajo la presidencia de Ronald Reagan, se comenzó a negociar el tratado de libre comercio EEUU-Canadá (actual NAFTA), que incluía una revisión del sistema inmigratorio americano. Posteriormente, cuando se estaba en negociaciones para incluir a México, se pretendía incluso reducir la inmigración de ese país, tal como señalara el presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari en un viaje a EEUU: “Hay que empezar a exportar bienes y servicios y dejar de exportar gente” (Martin & Taylor 1995).

Ocurre que el NAFTA contempló la creación de la categoría especial de visa denominada “TN” que supuestamente permitiría privilegios inmigratorios entre los tres países signatarios del acuerdo; no obstante, mientras los canadienses están exentos de trámites consulares para ingresar a EEUU, los mexicanos no. O sea, siendo México un importante socio comercial de EEUU, no tiene ningún privilegio inmigratorio, como si lo tienen Canadá, Bermuda y unos 38 países que están en el programa de exención de visas de EEUU (waiver), incluyendo a Hungría y Luxemburgo, por ejemplo.

Sin embargo, Canadá sí ha honrado al NAFTA y desde el 1ro de diciembre del 2016 eliminó su visado para los mexicanos.

Como vemos por los hechos, el presidente Trump no ha renegociado el NAFTA y ha retirado a EEUU del Acuerdo Transpacífico que involucraba a 12 países. Ha declarado que prefiere hacer acuerdos comerciales con cada país por separado, algo que se complicará en el caso de México si como se espera gana el candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador el próximo 1ro de julio.

La pregunta es: ¿acaso Trump hará también tratados de inmigración por separado con cada país?.

Lo importante es adoptar pronto una decisión que conduzca a un status inmigratorio legal para todos los que permanecen en un limbo, así como la implantación de un mecanismo que regule el proceso inmigratorio para todos aquellos que quieran emigrar a EEUU en un futuro.

Por Benjamín F. De Yurre / El Nuevo Herald 

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