Trump acaba con todos los estándares de cómo debe comportarse un presidente en el extranjero por Mark Landler

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(Foto referencial)

(18 de julio de 2018. El Venezolano).- El presidente Donald Trump, que desobedece alegremente las normas del comportamiento presidencial, hizo algo en Helsinki el lunes que ninguno de sus predecesores había hecho jamás: aceptó la explicación de un gobernante extranjero hostil acerca de los hallazgos de sus propias agencias de inteligencia.

La declaración de Trump de que no veía razón para no creerle al presidente Vladimir Putin cuando dijo que los rusos no intentaron influenciar la elección de 2016 fue bastante extraordinaria. Pero se trató de solo una de varias declaraciones del tipo que ningún otro presidente ha pronunciado mientras se encuentra en el extranjero.

Desaprobó la investigación del Departamento de Justicia en torno a los vínculos de su campaña con Rusia llamándola “un desastre para nuestro país”. Sugirió que el FBI manejó deliberadamente mal su investigación sobre el hackeo de Rusia al Comité Democrático Nacional. Además, tachó a un agente del FBI que testificó acerca de esa investigación ante el Congreso de ser “una desgracia para nuestro país”.

En el estilo estadista disruptivo, ígneo y cismático de Trump, sus afirmaciones durante una conferencia de prensa con Putin marcaron un nuevo hito, el equivalente en política exterior de lo sucedido en Charlottesville, Virginia.

Mientras Trump acababa con las tradiciones más arraigadas de la presidencia estadounidense equiparando a los nacionalistas blancos con antorchas en mano con los activistas que los combatieron el verano pasado en Virginia, destruyó todas las convenciones aceptadas en Finlandia de cómo debe comportarse un presidente en el extranjero.

En vez de defender a Estados Unidos de quienes puedan amenazarlo, atacó a sus propios ciudadanos e instituciones. En vez desafiar a Putin, un adversario con un registro bien documentado de irregularidades contra Estados Unidos, lo elogió sin reservas.

Sus declaraciones estaban tan distanciadas de los objetivos de las políticas estadunidenses, tan opuestas al resto de su gobierno, son tan inexplicables en muchos niveles, que hicieron surgir una pregunta que desde hace tiempo ha eclipsado a Trump: ¿Rusia sabe algo sobre él?

Al parecer el motivo del presidente era pelear, morder y arañar para defender la legitimidad de su victoria en la elección de 2016. Mientras tanto, impugnó a las fuerzas del orden del país y socavó públicamente el consenso de sus agencias de inteligencia acerca de que Rusia interfirió en la campaña.

Cuando le preguntaron si usaría su conferencia de prensa con Putin para denunciar el comportamiento de Rusia, Trump reconoció que su propio director nacional de inteligencia, Dan Coats, y otros altos funcionarios le habían dicho que Rusia era culpable.

No obstante, el presidente declaró: “El presidente Putin me acaba de decir que no fue Rusia”. Además, agregó: “Les diré esto: no veo por qué razón lo habría hecho”.

Después lanzó una cascada de acusaciones acerca de Hillary Clinton y sus correos electrónicos perdidos, el FBI, el servidor no examinado de la DNC y el testimonio del agente del FBI, Peter Strzok. También ofreció una defensa desafiante de su campaña presidencial “brillante”, y les recordó a los reporteros el recuento del Colegio Electoral: 306-232.

Para las audiencias estadounidenses, estas afirmaciones eran conocidas, la base de un sinfín de tuits matutinos o arranques de flujo de conciencia durante los mítines de “Hagamos que Estados Unidos sea Grandioso de Nuevo”. Pero escuchar que Trump dijera estas cosas mientras estaba al lado del dirigente del país acusado de llevar a cabo estos ataques fue un espectáculo de una índole totalmente distinta.

“Ningún presidente anterior se había humillado de manera tan lamentable ante un tirano”, señaló mediante una declaración el senador John McCain, republicano de Arizona. “La conferencia de prensa de hoy en Helsinki fue una de las actuaciones más deplorables por parte de un presidente estadounidense en la historia”.

John O. Brennan, quien trabajó como director de la CIA durante el gobierno del presidente Barack Obama, tuiteó: “El desempeño de Trump en la conferencia de prensa en Helsinki excede el umbral de ‘grandes crímenes y fechorías’. Fue toda una traición”.

Incluso Coats contraatacó diciendo que las agencias de inteligencia se apegarían a su evaluación de “la interferencia rusa en las elecciones de 2016 y sus esfuerzos continuos y extendidos para socavar nuestra democracia”.

Como lo hizo después de que supremacistas blancos vencieron a sus oponentes en Charlottesville, Trump trató de encontrar una suerte de equivalencia moral en Helsinki.

“Creo que ambos países son responsables”, dijo, cuando le preguntaron si culpaba a Rusia de algo. “Creo que Estados Unidos ha sido insensato. Creo que todos lo hemos sido. Debimos haber tenido esta discusión hace mucho tiempo… francamente, antes de que yo llegara a la presidencia”.

Mientras que el presidente atacó a todo tipo de enemigos nacionales, no dijo nada acerca de la incorporación de Crimea por parte de Rusia, su comportamiento predatorio respecto de Ucrania, su intervención sangrienta en Siria ni el supuesto envenenamiento de un exespía ruso en suelo británico.

El comportamiento de Trump fue tan desorientador a veces, que intentar amortiguar los golpes recayó en Putin… como si este reconociera el daño que los comentarios del presidente provocarían en Estados Unidos.

Cuando un reportero preguntó si Trump se había opuesto a la anexión de Crimea en 2014, Putin respondió que, desde luego, el presidente estadounidense se había opuesto. Trump se quedó callado.

Cuando otro reportero preguntó por qué Trump debía creer la negativa de Putin acerca de la interferencia rusa, el presidente ruso respondió: “¿De dónde sacaron la idea de que el presidente Trump confía en mí o yo confío en él? Él defiende los intereses de Estados Unidos y yo defiendo los de la Federación Rusa”.

Putin dejó claro que Trump era su favorito para ganar la elección. “Sí, así es”, dio. “Sí, lo apoyé. Porque él habló de restablecer la relación entre Rusia y Estados Unidos”.

Sin embargo, respecto de la que quizá fue la pregunta más desestabilizadora de todas —si Rusia tenía material comprometedor acerca del presidente— Putin no ayudó a Trump. En vez de simplemente responder que no, Putin dijo que estaba consciente de los rumores, pero que a él no se le había dicho que Trump había visitado Moscú como empresario privado. De cualquier forma, agregó, cientos de empresarios estadounidenses visitan Rusia cada año.

“¿Creen que intentamos recolectar material comprometedor de cada uno de ellos?”, preguntó Putin.

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