¿Se involucra Dios en política, específicamente en la venezolana?, por Eduardo Porcarelli

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(05 de mayo de 2016. El Venezolano).- En el medio de las colas y en todo lugar donde surge una conversación circunstancial sobre nuestros dramas, la gente concluye su análisis racional o no, y la ebullición de sus pasiones políticas, en expresiones de cómo estas: “que Dios nos agarre confesados”, “Necesitamos un milagro”, “Dios tiene que hacer justicia, Dios nos tiene que ayudar” “Yo espero que con el favor de Dios salgamos de esto” o en un estilo más oriental: “Que karma estaremos pagando” y por supuesto, entre muchas otras expresiones más: “El tiempo de Dios es perfecto”.

En este punto, entramos en un tema controversial, el de la fe de los seres humanos, punto de encuentro y desencuentro entre las religiones y quienes no profesan ninguna de ellas. Algunos se centran en ella, la fe, otros en sus objetivos, en fin, la pregunta es si Dios se involucra en política, y específicamente en la de Venezuela.

Difícil respuesta. Lo primero que hay que tomar en cuenta es que para el 16% de la población mundial, esta pregunta no tiene sentido. Este porcentaje equivale a los ateos que hay en el mundo. Las opiniones del 84% restante podrían oscilar entre un involucramiento total de Dios en todas las actividades humanas (anulando inclusive el libre albedrío), hasta grados de intervención más leves, sutiles, difíciles de discernir a través de nuestros limitados sentidos.

Lo segundo a tomar en consideración es: ¿De qué Dios estamos hablando?, ya que ese 84% de creyentes tiene distintas concepciones sobre Dios. Cuando a Albert Einstein en una oportunidad se le preguntó sobre si creía en Dios, respondió: “Dígame lo que entiende usted por Dios y yo le diré si creo en él”.

Lo tercero es que es difícil de explicar y responder por qué, históricamente, si fuera el caso, ¿Dios ha tomado partido por algunas causas y no por otras? Algo así como en un partido de fútbol en el cual ambos equipos y sus hinchas le piden a Dios ganar, y al final del partido unos sienten que Dios los ayudó a ganar y otros que los abandonó ese día. O mucho mas grave, explicarse el por qué algunas sociedades están sujetas a tiranías por décadas, o quedan diezmadas después de una guerra, o catástrofe natural y otras viven libremente, pacíficamente y  prosperan por décadas.  ¿Dónde están los límites de la causalidad y la casualidad? ¿De lo divino y lo humano? ¿Karma o Destino?

Uno de los máximos pensadores del primer milenio del cristianismo, San Agustín de Hipona, sería uno de los primeros filósofos en reflejar las vinculaciones entre lo político y lo religioso en su obra “La Ciudad de Dios”. Sintetizó su reflexión en lo siguiente: La naturaleza humana es imperfecta, débil  (pecado original, si fuere el caso), por lo que le impide en política aspirar a algún bien asociado a la salvación. Si el itinerario terrenal no está ordenado en función a Dios (El Eterno) y en consecuencia la política, al terreno espiritual, la desarmonía que se origina lleva a un abuso de autoridad por los gobernantes que genera un contexto “pecaminoso” contrario a la paz y la justicia. Para San Agustín lo divino estaba por encima de lo humano y la política no era ni buena ni mala en sí misma, sino dependía de la fe de quienes participaban en ella.

Si me preguntan que pienso al respecto, diría que Dios no se mete en política, ésta es cuestión de humanos. La dinámica de los “libres albedríos” cercanas o lejanas a las consideraciones morales y éticas genera el bien o el mal (conceptos relativos) en los espacios donde se desarrolla.

Pienso que para los creyentes la relación con Dios en estos asuntos es o debería ser personal. Dios o la fe en él o en lo que se entienda por él, es una guía, es un apoyo, para tomar el camino y las decisiones correctas, pero al final de cuenta, en mi humilde y mortal opinión, son los hombres quienes deben actuar para generar los cambios positivos en la sociedad, es allí donde está el milagro.

Por Eduardo Porcarelli/El Estímulo

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