El “regreso del año”, Henry Ramos Allup; por Alonso Moleiro

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El “regreso del año”, Henry Ramos Allup; por Alonso Moleiro

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(24 de agosto de 2016. El Venezolano).- Trepado entre los dígitos actuales que ofrecen las encuestas, a partir de lo que ha venido ocurriendo en 2016, si alguien en este mundo puede dar fe de que en la política no existen “muertos”, sino hasta que de  verdad se mueren, ese es el flamígero, agudo y calculador Henry Ramos Allup.

Hasta hace poco tiempo, Ramos venía cargando, todavía, con el fardo de los pecados históricos de su partido, Acción Democrática, respecto a la debacle del experimento democrático expresado en el famoso Pacto de Punto Fijo. Ha sido difícil, a la distancia, no verlo como un funcionario de partido: un sujeto atado a la leyenda y los intereses de AD; un hombre de aparato, hábil para desplazarse en los recovecos de las resoluciones estatuarias; buen orador, pero, a primera vista, demasiado irritable y arisco para interpretar el alma popular. El Ramos de los años 90.

Ramos Allup es, en 2016, uno de los pocos políticos activos que vienen egresados de los terremotos políticos de los años 80 y 90.  Hoy está en su mejor momento.  Sus atributos como dirigente escapaban de la apreciación popular gruesa: Ramos fue, sobre todo, un temible parlamentario, fumador de cigarrillos en cadena, organizador de reglamentos, esclarecido negociador y conocedor de la dinámica legal.  El mismo ha afirmado varias veces que no es un especialista en andar sonriendo. “Yo no soy poeta”.

Sus enemigos se referían a él como un dirigente de conciliábulos, un clásico del sectarismo adeco, incapaz de orquestar una auténtica movida popular o de proponer un mapa político que sobrepasara los intereses inmediatos de su partido, del cual lleva ya un bien tiempo siendo Secretario General y que conduce con mucha rigidez.

Durante estos años, mientras estuvo viva la leyenda negra en contra de la Democracia, Ramos se ha dedicado a reconstruir AD, y ha contribuido a darle las dimensiones actuales a la Mesa de la Unidad Democrática, el experimento unitario de la Oposición, del cual ha terminado siendo, pese a una cierta renuencia inicial,  uno de sus arquitectos y defensores más esclarecidos

Colocado frente al país en su pecera natural como político –esto es, el Hemiciclo legislativo-, Ramos Allup se ha podido servir de las evidentes contradicciones y las tempranas señales de agotamiento que ofrece el régimen bolivariano. El cauto Ramos de hace 5 años es hoy el afilado orador que se ha convertido en un personaje popular.  Hoy, con los niveles actuales de exposición, y lo acertadas de la mayoría de sus intervenciones, Ramos se convierte, de forma casi milagrosa, en un una auténtica amenaza, en un rival de cuidado, que hincará el diente cuando toque moder, para los chavistas y para sus compañeros de fórmula en la MUD. Nadie sabe qué ocurrirá de 2017 en Venezuela. Es cosa cierta, sin embargo, que el nombre de Ramos Allup va a contar mucho en el lastimado entramado institucional y político actual, y puede que después también.

Disueltos ya los ecos críticos sobre el papel que jugó el otrora todo poderoso aparato de la democracia venezolana que fue AD, Ramos se desplaza en la cancha de la actualidad portando unos cuantos atributos propios. Ahora escucha con paciencia las demandas ciudadanas y responde serenamente los agravios.  Uno de ellos, y no menos importante, consiste en que, respondiendo a un viejo gen dormido en el alma nacional, el gen adeco, Ramos no esconde su interés en aspirar. Aspirar a ser candidato y aspirar a gobernar.

Ramos, probablemente el parlamentario más completo de la política venezolana actual,  es excelente  intérprete jurídico, conocedor de los resortes de la gobernabilidad, y además, sin dudas, un político indiscutible y necesariamente denso.  Al decidir asumir personalmente la maltrecha causa de Acción Democrática en el año 2000, luego de su derrumbe, Ramos parece haber decidido cargar, junto a sus arranques de mal humor, con todos los pasivos que le fueron atribuidos a la dirigencia de la tolda blanca.  El imaginario popular de entonces proponía que los dirigentes adecos sólo estaban aptos para repasar los prospectos de la Gaceta Hípica, y poco más.

Al respecto, con el estricto interés de hacer justicia, es necesario glosar muy brevemente sus “Reflexiones sobre el liberalismo”. Un voluminoso estudio, escrito con agudeza retórica e instrumentos propios, que hunde sus raíces en la historia de las corrientes del pensamiento, disueltas por igual en el campo de la política y la economía, en el cual Ramos Allup elabora un hondo análisis de la teoría política, las demandas ciudadanas y el poder en la perspectiva universal. Un libro que no deja de ser una rareza en un mundo en el cual pocos políticos en el mundo de verdad escriben.

Estamos pues, objetivamente, ante  una de las reconfiguraciones más notorias en materia de popularidad y pertinencia en la política de las últimas décadas en el país.   No está claro si que Ramos Allup terminará investido como el abanderado de la Unidad Nacional en una eventual consulta presidencial. Lo que si es cierto es que será un rival a vencer.  Primero habrá que derrotarlo. Y antes, durante y después de lo que suceda en ese momento, habrá que estar muy atento a lo que proponga y a lo que se atenga.

Por: Alonso Moleiro / El Estímulo 

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