Régimen genocida y represor, por Emiro Albornoz

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Foto: El Heraldo

(11 de mayo de 2017. El Venezolano).- La represión desatada por el régimen absolutista y fascista de Nicolás Maduro. No tiene parangón en la historia democrática del país. Sólo es comparable a las acciones de fuerza del régimen dictatorial de Juan Vicente Gómez y la crueldad del sátrapa Marcos Pérez Jiménez con su tenebrosa Seguridad Nacional.

Son casi cuarenta los asesinados, jóvenes estudiantes o profesionales, en su casi mayoría, contabilizados por el Ministerio Publico; más de 400 heridos de bala o perdigonazos disparados a quemarropa, sin importar parte del cuerpo, preferiblemente en la cara, y centenares de detenidos violando todos los protocolos de ley.

Así lo denunció la propia Fiscal General de la Republica, en su mayoría a manos de efectivos militares y policiales, muchos de los cuales se encuentran detenidos y enjuiciados porque fueron captados por las cámaras, pero también por los disparos provenientes de las bandas paramilitares armadas por el régimen de manera ilegal, con el nombre de colectivos, que actúan impunemente al lado de las fuerzas gubernamentales.

Existen numerosos casos de personas fallecidas a causa de los gases lacrimógenos. 

Se cuentan por millardos las bombas lacrimógenas lanzadas  por efectivos de la Guardia Nacional y Policía Nacional Bolivariana, muchas de las cuales han pegado directamente a los cuerpos de los manifestantes y causado muertes como la de Juan Pablo Pernalete, estudiante de la Universidad Metropolitana, impactado en el pecho por uno de estos artefactos que son lanzados con ese objetivo. Desde helicópteros, métodos totalmente reñidos con los estándares internacionales de control de manifestaciones, cayeron lluvias de bombas sobre el pueblo que manifestaba.

En Venezuela podrá faltar medicinas y equipos e insumos médicos en los hospitales para que la gente se muera de mengua a causa de enfermedades; de hambre, por la falta de alimentos que ya tiene una larga  lista de niños de la patria que se han muerto a causa de la desnutrición, pero hay que ver cómo este régimen disoluto y asesino  tiene bombas lacrimógenas, muchas de ellas vencidas y letales para quienes reciben el “gas del bueno” que mandaba a echar el genocida de Hugo Chávez.

Pero ni las balas asesinas, ni las bombas lacrimógenas, ni las tanquetas arrollando a los jóvenes, ni las amenazas de Diosdado Cabello y  demás  siniestros personajes de la revolución, han detenido al pueblo venezolano que tomó la determinación de cambiar este régimen de manera democrática, con votos, a lo cual se resiste Nicolás Maduro.

Escrito por Emiro Albornoz /  emiroalbornozl@gmail.com

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