¿Por qué Rubén Blades cree que Trump usa a Venezuela como distracción?

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Billboard

(22 de febrero de 2017. El Venezolano).- El cantante panameño Rubén Blades se pronunció en relación a la conversación entre Donald Trump y el presidente Juan Carlos Varela donde hablaron sobre Venezuela. 

El reconocido artista mostró preocupación ya que a su juicio, el presidente estadounidense pudiera estar utilizando a Venezuela para distraer a la opinión pública y cerrar filas alrededor de su “absurda presidencia”.

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A través de su Facebook indicó lo siguiente:

Fue una sorpresa inicial la aparente y súbita iniciativa del presidente Trump de llamar por teléfono a su homólogo de Panamá, para conversar sobre temas que podrían considerarse superfluos, comparados con los escándalos que hoy enfrentan sus respectivos gobiernos. Pero al valorar el asunto del por qué de la llamada telefónica, me vino a la mente el episodio de la desastrosa visita en 1958 del entonces ex-vicepresidente Richard Nixon, a Caracas, Venezuela.

El viaje pretendía demostrar cálidos lazos de amistad entre ambos países. Pero Nixon fue recibido por turbas que apedrearon a la comitiva gritando consignas anti-yankees y, al final, salió del país sin haber cumplido el cometido asignado. Para atenuar el negativo impacto de la visita, evento transmitido al mundo entero por medios de información internacionales, Nixon a su regreso hizo una parada no programada en Panamá, un lugar considerado seguro y amigable, donde se podía fotografiar su figura frente a una población lanzando flores a su paso y no “cocteles Molotov”.

La llamada de Trump a Varela puede ser interpretada como un intento mediático para distraer la atención nacional e internacional y mejorar su creciente imagen de anti-estadista. Su gesto igualmente beneficia al presidente Varela, quien experimenta, como lo indican recientes encuestas, un acelerado descenso de popularidad.

Desde esta perspectiva, el telefonazo funciona para consolar a dos egos presidenciales lastimados y distraer momentáneamente al público y a los medios que reportan los escándalos en ambas gobiernos, en dos idiomas.
Por otro lado, llama la atención el comentario de que uno de los puntos mencionados en la conversación telefónica, aparentemente, fue Venezuela. Que Trump invente otro “cuco”, como causa patriótica para distraer a su país y obligar incluso a sus más acérrimos adversarios y críticos a cerrar filas alrededor de su absurda presidencia, tiene sentido. Política y emocionalmente, un conflicto internacional crea un apoyo incondicional e instantáneo para un gobierno, incluso uno con problemas internos.

Ya el ex-presidente Obama sentó las bases al declarar a Venezuela, “un claro e inminente peligro para la seguridad de Estados Unidos”, una exageración dirigida a presionar al gobierno de Maduro a respetar la seguridad de los detenidos y presos políticos Venezolanos y que puede ser re-interpretada por Trump con todo su equivocado fervor.

Me inquieta el que un energúmeno introduzca un barril de pólvora como tema de discusión con un indeciso puritano. Quede claro: no estoy sugiriendo ni remotamente que Estados Unidos este considerando invadir a país alguno.
Pero los precedentes de intervenciones, como distracción a problemas de imagen presidencial, ya existen:
La invasión a Panamá fue producto de la necesidad de George Bush padre en demostrar su temple, en momentos en que su gobierno era acusado de ser débil, e indeciso. La invasión de Grenada por Reagan pretendió evadir los mismos adjetivos, luego del desastre de su decisión de enviar Marines al Líbano. En este caso, como una recurso para aliviar la crisis de credibilidad que sufre a nivel mundial, Trump podría solicitar a Varela su asistencia con respecto a la crisis venezolana, utilizándola como una distracción que nos desvíe del examen de sus frecuentes desaciertos. Ese es el modo de operar clásico de magos y de estafadores de todas las estirpes.

Presidente Varela: no se deje embaucar por las promesas de futuros apoyos políticos a cambio de la participación de Panamá en iniciativas egocéntricas, maquilladas con la falsa consistencia que aparenta la arena movediza.
El gobierno norteamericano no agradece favores hechos, solo favores por hacer. Pregúntele a Noriega.

 

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