¿Por qué no quieren elecciones?, por Emiro Albornoz León

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Referencial

(05 de abril de 2017. El Venezolano).-  Especulando y realizando todo tipo de abstracciones sobre esta cosa que llaman revolución y cuyo objetivo es la destrucción de Venezuela y de su democracia, llegué a conclusiones lógicas sobre el porqué el régimen que preside Nicolás Maduro no quiere realizar las elecciones, ni las que están vencidas, como son las de Gobernadores y Diputados a los Consejos Legislativos Regionales, ni la de Alcaldes y Concejales pautadas para finales de año, y mucho menos las presidenciales del 2018.

Lo primero y principal es que  todos los  revolucionarios enchufados a los mas altos niveles, saben que están incursos en todo tipo de delitos contra la cosa pública, ya sea por acción o por omisión (los menos), y una vez echado este régimen del poder por el pueblo venezolano, de la manera más vergonzante porque será una paliza electoral, todos tendrán que rendir cuentas ante la justicia,  que no será la actual que ha pisoteado la Constitución y las leyes.

Sienten un terror que les hiela hasta el alma, si es que la tienen, de saber Que serán investigados hasta la saciedad para que expliquen de dónde sacaron las fortunas que una buena parte de ellos exhibe sin pudor alguno, que serán despojados de los bienes adquiridos con el asalto a los dineros de la nación venezolana y sus bienes confiscados, que sería lo más doloroso para estos zánganos y enviados a prisión, y de manera justa, no como lo hizo el régimen con quienes les daba la gana de encarcelar porque eran incómodos.

No quieren que se destape el escándalo de la corrupción de PDVSA, la gallina de los huevos de oro que ha sido desangrada y se encuentra arruinada, desde cuyas arcas la AN ha descubierto que saquearon, hasta el momento, cerca de cien mil millones de dólares en divisas que hoy no tiene el país para la importación de medicinas y alimentos.

Tampoco quieren que se descubra por completo el desenfreno y libertinaje de los revolucionarios con la construcción de obras de la empresa brasilera Odebretch a la cual habrían pagado cerca de noventa mil millones de dólares en numerosas obras que hoy se encuentran abandonadas y por lo cual recibieron comisiones de 98 millones de dólares  grandes personajes de la revolución que le dieron con el mazo a las finanzas del país. Por cierto, buena parte de esas obras se encuentran en el estado miranda y fueron contratadas durante la gestión del ex gobernador de esa entidad, Diosdado Cabello.

Tampoco quieren que el pueblo venezolano se cerciore de que en el armatoste ese que bautizaron el Cuartel de la Montaña para rendirle culto al iniciador de toda esta debacle que ha destruido a Venezuela y puso en vilo el sistema de libertades con su proyecto totalitario y dictatorial, no se encuentran los restos de ese engendro infernal sino un  monigote  de cera, y que el pueblo haga con él lo mismo que hicieron los rusos con el cadáver de Rasputín, una vez triunfante la revolución.

Particularmente, siempre he tenido la certeza que Chávez fue enterrado en el solar de su abuela Rosa Inés, allá en Sabaneta de Barinas, porque ese era el deseo que él manifestaba cada vez que se le ocurría en sus soliloquios de loco, y es  allí donde surge la leyenda de Maduro con el pajarito que le revoloteó y le silbaba.

A este régimen moribundo, huérfano totalmente de apoyo popular, solamente lo sostienen los militares que también tienen miedo de ser sometidos a investigación por sus presuntos delitos denunciados por los Estados Unidos con relación a sus vinculaciones con el narcotráfico de las FARC, y a quienes el gobierno les ha dotado hasta de un banco exclusivo para los uniformados, privilegio que no ha sido otorgado a fuerzas militares  en ningún país del mundo.

Por estas razones y muchas más, el régimen comunista que acaba con Venezuela se aferra al poder y niega las salidas democráticas con las elecciones que pauta la Constitución y harán cualquier cosa para impedirlas porque están conscientes que si Maduro realiza un proceso electoral en Miraflores, allí lo pierde.

Hay que negociar con los militares para que rescatemos la democracia, obliguen al gobierno  a realizar elecciones  y acabemos con este ´régimen que hoy día es un cadáver insepulto y sólo se sostiene por las armas, pues de lo contrario, la salida será muy cruenta. Ya se hizo con Marcos Pérez Jiménez. ¿o es que el Contralmirante Wolfgan Larrazábal no era un hombre del dictador?.

Redactado por: Emiro Albornoz León / Periodista

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