¿Por qué duelo nacional?, por Antonio Urdaneta Aguirre

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(28 de noviembre de 2016. El Venezolano).- Tres días de duelo nacional decretó Nicolás Maduro, tan pronto como fue confirmada la muerte definitiva de Fidel Castro. Causa curiosidad que en nuestro país, desde que comenzó la mal llamada revolución bolivariana, han fallecido cuatro expresidentes, todos ellos electos por el pueblo, demócratas y constitucionales de origen y también por su desempeño: Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera y Jaime Lusinchi. A la memoria de estos mandatarios se le negó, por parte del régimen, todo tipo de reconocimiento.

Es comprensible que la gente, que el pueblo venezolano, sintiera de inmediato el impacto de la decisión tomada por el heredero perverso, también conocido como el diminuto títere de la dictadura cubana. Es obvio que el sanguinario tirano del Caribe representaba mucho más para los “revolucionarios” que los expresidentes demócratas que le sirvieron a Venezuela, todos ellos ajustados a los requerimientos constitucionales; quienes, por cierto, ninguno de ellos ni siquiera intentó solicitar la modificación de la Carta Magna para abrirle las puertas a todas las reelecciones posibles. Lo que sí hizo la primera marioneta que tuvo Fidel Castro en Venezuela, por todos conocidos como Hugo Chávez Frías, incluso pasando por encima de la Constitución. De hecho, éste y su amaestrado sucesor el único calificativo que les queda como anillo al dedo es el de traidores a la patria, puesto que pusieron al servicio del dictador que más cadáveres se llevó a la tumba las instituciones nacionales, incluyendo la Fuerza Armada Nacional, además de las grandes riquezas del país.

Ahora queda clarísimo para quienes nunca lo creyeron: el verdadero gobernante de Venezuela a partir de 1999 fue, desgraciadamente, el máximo asesino del Caribe, igualmente conocido como Fidel Castro Ruz. Es lógico entonces que su títere actual, quien ha quedado sin cerebro político (si es que tiene alguno), cumpliera con la obligación cubana de someter a los venezolanos a un duelo que sólo tiene la explicación ya mencionada.

En lo que a mí concierne, trataré de expresar mi manera de valorar a las personas públicas o privadas. Considero que las bondades y cualidades que a los seres humanos les asiste en vida, pueden y deber ser exaltadas después de su muerte. Pero en lo que sí estoy en desacuerdo, es en atribuirle virtudes póstumas a quien nunca las tuvo en vida. Este es el caso específico de Fidel Castro, cuya condición de asesino fue tan obsesiva, que creó un lugar para que sirviera de símbolo a sus fechorías criminales. Tal sitio fue conocido como “El Paredón”. ¿Lo recuerdan? En ese macabro espacio, el sanguinario dictador se regocijaba cada vez que presenciaba los fusilamientos que ordenaba; como se regocijó siempre por los crímenes que en Venezuela se le suman a la “revolución”, incluyendo, por supuesto, el acto genocida del 11 de abril de 2002 y los 43 muertos del año 2014; crímenes que el régimen dictatorial le atribuyó, posteriormente, a quienes nada tenían que ver con las ejecuciones practicadas, y que han pagado o están pagando condena por delitos que nunca cometieron.

Por: Antonio Urdaneta Aguirre / @UrdanetaAguirre

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