Política norteamericana: ¿Por qué?, por Luis Prieto Oliveira

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Foto: Referencial

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(09 de noviembre de 2016. El Venezolano).- Después de una noche llena de sorpresas, incluyendo, por supuesto, el triunfo de Donald Trump, es oportuno, a mi modo de ver, tratar de analizar las razones que generaron estos resultados, sin caer en el error de despreciar lo que es una legítima decisión del pueblo estadounidense. Lo ocurrido este fatídico martes implica un cambio radical en la vida política y, posiblemente, una realineación de las fuerzas fundamentales en la toma de decisiones para el futuro.

¿Quiénes dieron el triunfo a Trump?

La búsqueda de la grandeza del pasado, en un mundo subsumido en la globalización, puede haber sido un mantra eficiente para unir en un solo bloque a todas las fuerzas oscuras de de este país. Por supuesto, los Estados Unidos son y continuarán siendo grandes, por sus inmensas fortalezas y dotación de recursos naturales y humanos, pero la transformación del mundo ha creado un conjunto de grupos que desean el regreso al pasado y que son una especie de ancla que impide el paso a una nueva era de desarrollo y codependencia.

En primer lugar, entre las fuerzas que acompañaron al pintoresco inversionista, hay que contar al fundamentalismo cristiano, tan negativo y peligroso como el islámico. Estados Unidos es uno de los pocos países que invoca el nombre de Dios para todos sus actos, incluyendo el signo monetario (In God we trust), ello proviene de su historia, pues sus primeros colonos fueron hombres y mujeres que huían de la intervención del estado en la religión, cosa que ocurrió en Inglaterra cuando Enrique VIII decidió fundar la Iglesia Anglicana y asumir en ella el papel del Papa en la religión católica. Todas las demás sectas y religiones pasaron a ser perseguidas. Los puritanos, cuáqueros, católicos, presbiterianos, metodistas, luteranos y calvinistas, se convirtieron en enemigos del rey y vinieron a América a encontrar una nueva sociedad en la que su religión pudiera practicarse sin intervenciones del poder temporal. Allí se encuentra la raíz de muchas de las actitudes inexplicables que ocurren en todos los ambientes y situaciones.

Regiones enteras, conocidas colectivamente como el Bible Belt, viven y se mueven de acuerdo con los mandatos de un libro escrito hace varios siglos, referido a una sociedad agrícola, en la cual los pastores eran solo los que se ocupaban de las ovejas. Esta gente está en la base de lo que se conoce como el Tea Party y están volcados a la negación de todo lo que es progreso. Esto explica el triunfo de Trump y de los republicanos en gran parte del centro agrícola estadounidense.

Un segundo grupo importante en la promoción de Trump es el de los trabajadores blancos de los estados conocidos como el Rust Belt (Cinturón del óxido), que añoran el tiempo en el que en sus pueblos había industrias manufactureras que les daban sustento y orgullo. A estos humildes obreros no les entra en la cabeza la idea de que terminó el tiempo de la industria manufacturera del Siglo XIX y comienzos del XX. En la sociedad de la información y la alta tecnología, ellos han pasado a ser superfluos y muy poco útiles en las tareas futuras, salvo en lo que se refiere a la reconstrucción y modernización de la infraestructura física del país,

A estos grupos físicamente identificables hay que sumar a los que, en cualquier tiempo, temen al cambio y son incapaces de adaptarse a lo nuevo. Su añoranza de un pasado que, definitivamente, no fue tan brillante como lo recuerdan, los hace presa fácil de quienes invocan el retorno a la grandeza. Ya lo fueron de Mussolini y Hitler en los años 20 y 30 del siglo pasado.

Esa coalición de fuerzas oscuras no tiene, en realidad, una coherencia y permanencia muy grandes, porque sus intereses sólo son tangencialmente coincidentes. Por esta razón es muy posible que generen una realineación de las fuerzas políticas en un futuro próximo, porque las viejas alianzas de lo rural contra lo urbano han dejado de tener vigencia en un mundo en el cual la población dependiente de la agricultura es cada vez más pequeña.

Los resentimientos, las frustraciones, los odios religiosos y étnicos, el miedo a un futuro que no terminan de entender, dominan a una proporción significativa de la población estadounidense y son los factores que llevaron al triunfo de Trump.

Pero, precisamente, esa mayoría circunstancial, que rechaza los pactos comerciales y quiere crear un muro físico y moral que los proteja de lo que consideran amenazas, no tardará en darse cuenta de que el mundo va a seguir su marcha, con o sin ellos y que los Estados Unidos arriesga su liderazgo universal si se detiene a ver hacia atrás, en vez de incorporarse de lleno a la excitante era de la información, nacida de su seno.

¿Quiénes derrotaron a Hillary?

Por supuesto, si Trump necesitaba un aliado eficiente, lo encontró en Comey, el Director del FBI. Cualquier persona que conozca lo que es el estado de derecho y las garantías de los ciudadanos contra la falsa acusación, sabe que este funcionario, declaradamente republicano, excedió sus atribuciones, porque debía haber, simplemente, entregado su informe a la Fiscal General, que era la autoridad constitucional y consuetudinariamente encargada de decidir los méritos para un enjuiciamiento. El FBI es una policía de investigación, cuyas atribuciones son estrictamente las de asistir a los fiscales en el enjuiciamiento de los delincuentes y también en la persecución y detección de subversivos, terroristas y criminales de toda laya. Las dos intervenciones fuera de contexto de este funcionario, perjudicaron a Hillary Clinton en su campaña y aumentaron los factores de disfavor entre los electores, que así pudieron olvidar toda una vida dedicada a luchar por causas nobles, como los derechos de las mujeres, la protección de la infancia, el establecimiento de un sistema de atención de la salud que garantice a las personas una atención adecuada a un costo razonable.

Las primeras cifras indican que los afroamericanos no actuaron en este caso con igual diligencia y entusiasmo que con Obama, de un 98% de apoyo al actual presidente, descendieron a una cifra cercana a 85%, ese 13% representa la diferencia de un poco más de un millón de votos que obtuvo su adversario para ganar. Aunque los hispanos cumplieron su promesa de llevar a un número sorprendente de votantes a sufragar por Hillary, los sindicalistas, que siempre fueron aliados del partido demócrata, aparte de que han perdido fuerza e impacto, fueron divididos por el temor a los pactos comerciales, que, según ellos, los condenaban al desempleo, muchos de ellos, en estados como Indiana, Ohio, Michigan e Illinois, votaron por Trump o no acudieron a los centros de votación.

Para la candidata derrotada, por supuesto, llegó la hora del retiro honorable, pero sigue teniendo la responsabilidad de estimular a las mujeres que tomarán el testigo en las luchas del porvenir. Es necesario pensar en nuevas y poderosas alianzas que conduzcan al país, no de regreso a una grandeza histórica, sino hacia el cumplimiento de lo que Tocqueville llamó, hace casi 300 años, su “destino manifiesto”. En la derrota es más fácil reorganizarse, aunque se tenga que sacudir la tristeza y la frustración, muchísimos de los vencidos saben que no tardará el día de una nueva y gran victoria, aunque algunos de nosotros no podamos vivirla.

Por Luis Prieto Oliveira

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