¡Pobre, pobrecito Bolívar!, por Carolina Jaimes Branger

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Simón-Bolívar

Referencial

(04 de enero de 2016. El Venezolano).- Empiezo el año pensando en el pobre Simón Bolívar. Y digo “pobre” porque hoy, a ciento setenta y cinco años de su muerte, el nombre de Simón Bolívar es sinónimo de violencia, de radicalismos, de odios, de divisiones, de corruptelas, de escasez, de mediocridad… Una reedición del Decreto de Guerra a Muerte en un país que, en teoría, no está en guerra, aunque tenemos partes de guerra.

Si bien es cierto que uno de los capítulos más oscuros de la vida de nuestro Libertador fue el Decreto de Guerra a Muerte, es injusto de toda injusticia que se le recuerde por eso. Porque a pesar de sus defectos y errores -como todo ser humano- Bolívar fue un gran hombre. No así la llamada “Revolución Bolivariana”. Diecisiete años en el poder dejan un lastre de ruina que no merece llevar como adjetivo el apellido de nuestro prócer máximo.

Bolívar fue un hombre culto, cultísimo. Lo denotan sus escritos, que lo convierten en uno de los mejores exponentes de la literatura latinoamericana del siglo XIX. Sin embargo, la educación “bolivariana” es una apología del adocenamiento, y encima, un grotesco adoctrinamiento de niños. El hombre que luchó por la libertad debe estar revolcándose en su tumba…

Él mismo lo dijo en su última proclama: “cuando cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Tranquilidad es lo menos que ha tenido el pobre Bolívar. Porque tildar a alguien de “bolivariano” en 2016 es hablar de alguien que como los blancos en Suráfrica ha establecido un sistema de apartheid en uno de los países más mestizos del mundo. Aquí no hay razón para el racismo, pero hay racismo. En Venezuela el ascenso social es netamente económico. No hay razón para el clasismo, pero hay clasismo. El odio se ha convertido en el régimen de gobierno y ha dado resultados. Hay familias divididas por diferencias en sus apreciaciones y gustos políticos, algo jamás visto en Venezuela. “Yo soy bolivariano” dicen para diferenciarse. El hombre que luchó por la hermandad debe estar revolcándose en su tumba.

Y hoy, a principios de 2016, hay más diferencias que nunca en Venezuela. Los pobres son más pobres y los ricos son más ricos, la mayoría con dineros mal habidos. Pero no hay sanción. El hombre que luchó por la igualdad debe estar revolcándose en su tumba.

¡Pobre, pobrecito Bolívar!

Escrito por: Carolina Jaimes Branger/ El Universal

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