Participar es validar la trampa de Maduro, por Emiro Albornoz León

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Foto: referencial

(15 de febrero de 2018. El Venezolano).- Últimamente he venido formulando vaticinios en torno a la situación política venezolana los cuales no requieren tener habilidades de vidente, sino un poco de sentido común. Mi más reciente predicción fue con relación a las negociaciones entre el régimen comunista de Nicolás Maduro y la oposición democrática venezolana, en torno a las cuales aseguré que no habría ningún acuerdo porque sencillamente, el gobierno no estaba dispuesto a negociar al llevar entre sus indecentes e indecorosas propuestas que le reconocieran su fraudulenta asamblea nacional constituyente, electa de espaldas al pueblo venezolano al no ser consultado para que decidiera, constitucionalmente, si estaba dispuesto a convocar esa instancia.

En efecto, no hubo acuerdo.

Sin embargo, Nicolás Maduro, demostrando sus habilidades tramposas para pretender quedarse en el poder, aún a costa del desprecio que los venezolanos sienten por su gestión, con rechazo de más del 80 por ciento de la población que lo considera exclusivo responsable de la catástrofe humanitaria que vive el pueblo de Venezuela y que ha hecho que los países del mundo democrático se involucren en esta tragedia, fue capaz de firmar la hoja que contenía los asuntos que le interesaban al gobierno se acordaran, sin el concurso de la oposición.

Esta actitud de Maduro no tiene nombre ni mucho menos precedentes. Firmar un papel que no ha sido acordado deja mucho que desear de un mandatario, si es que se le puede aplicar esta condición a un hombre que actúa como un mandamás, como un caporal de los tiempos más remotos del campo venezolano, y no como un verdadero estadista.

Este miércoles, en una más de sus odiosas cadenas frente a un grupo de sus áulicos que le aplauden cuanto disparate se le venga por una lengua totalmente desconectada del cerebro, soltó sus nuevas perlas dictatoriales: “llueva, truene o relampaguee, la elección presidencial va”. A Maduro no le interesa que la oposición saque candidato sino que salga algún pelele o monigote por allí, disfrazado de opositor, en la creencia que esa elección será legitimada, tal como lo hicieron con la ilegal constituyente. Será una farsa Nicolás.

La lógica de las cosas me permite asegurar, con toda responsabilidad, que la oposición democrática aglutinada en la Mesa de la Unidad, donde se encuentran congregados los principales partidos del país, no presentará candidato para legitimar la trampa que tiene montada Nicolás Maduro.

La ecuación es sencilla. Si no firmó el acuerdo de negociación porque no se dieron las exigencias sobre el nombramiento de un nuevo CNE que garantice transparencia y le brinde confianza a los ciudadanos para que se decidan a ir a votar, mal puede estar nombrando un candidato.

Pero es muy sospechoso que Maduro en la referida cadena mencionada arriba haya pedido a las damas rojitas del CNE que preparen el proceso de inscripción de registro de los más de tres millones de venezolanos que se encuentran en el exterior porque se fueron huyendo de la crisis para que puedan votar, cuando debe estar seguro que lo harán contra quien ha sido el causante de esa diáspora.

Asimismo ha solicitado que se extienda por más tiempo el proceso de inscripción de nuevos votantes a sabiendas que los jóvenes venezolanos rechazan su gobierno porque saben que no tienen oportunidades en su propia patria porque su régimen comunista se las cercenó.

Maduro ha ordenado que pueden votar con el carnet de la patria o del chantaje, violando las leyes porque el único documento válido para cualquier trámite o ejercer derechos es la cédula de identidad o, en su defecto, el pasaporte.

Algo muy malo y perverso hay detrás de todo este sainete.

Ve tu solo a elecciones Maduro, no importa que voten cuatro gatos. El CNE rojo rojito se encargará de inflar la cifra como lo hicieron con las constituyente, pero el mundo civilizado y democrático no te reconocerá y te darán la espalda, como lo acaba de hacer el Grupo de Lima, conformado por 14 países del continente americano que te acaban de declarar, visitante no deseado en la venidera Cumbre. Esa novela tiene un nombre: El desprecio.

Por Emiro Albornoz León

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