Orfandad política, por Diego Lombardi

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Referencial

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(28 de mayo de 2016. El Venezolano).- Cuando en un país un sector de la población vota por el “menos malo”, o en contra de quien considera una amenaza, un sentido de orfandad se va apoderando de ella. Lo contrario a esto es cuando se vota por convicción, algo que ocurre porque la persona se siente identificada con los planteamientos de un líder, al cual está dispuesto a seguir, lamentablemente muchas veces más allá de lo racional o democrático.

En las próximas elecciones del Perú está ocurriendo algo parecido a esto. Los contendientes en la segunda vuelta son Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski, la primera representa un sector que así como tiene adeptos incondicionales también se enfrenta a la oposición radical de una importante proporción de la población, el segundo a falta de despertar pasiones se ha ido convirtiendo en el muro de contención de la primera.

Estados Unidos pudiera encontrarse también en una situación similar, en la que Donald Trump es quien ha despertado a un sector importante de la población de ese país, dejando a su contendiente demócrata, que al parecer será Hillary Clinton, como ese muro de contención contra sus propuestas y formas que han despertado alarmas en muchos. Así, el candidato republicano en esta ocasión es quien estaría aglutinando en torno a sí las pasiones.

Las causas en uno y otro país son distintas, pero de intentar resumirse en una palabra tal vez las más apropiada sería “cambio”. En el caso del Perú, si bien el cambio más radical lo representaba en la primera vuelta la candidata de la izquierda, en este momento Fujimori da la sensación de poder devolver a los peruanos una sensación de seguridad que han perdido. En el caso de Trump su principal mensaje lo dice todo: Make America Great Again!

Quien gane en cada caso aún es incierto, lo que sí queda claro es que tener una proporción importante de la población que no se sienta representada, cuyo principal motor es el oponerse, es una fórmula que contribuye a la desmovilización de esos ciudadanos. Mientras que por el otro lado, sectores que han sido tocados por una idea se movilizan y van ocupando espacios, es una ruta que pudiera conducir a cambios radicales del sistema respectivo.

Al final el único muro de contención real ante lo que pudiera ser la imposición inminente de un grupo convencido de una idea frente a otro que resiste pasivamente es la institucionalidad de cada sistema. Cuando ese freno a los excesos de quienes se sienten empoderados por unos seguidores incondicionales funciona el sistema seguirá con sus vaivenes, cuando estos controles se quiebran es cuando la amenaza se convierte en hecho.

En 1998, en Venezuela, Hugo Chávez ganó las elecciones con tres millones 673 mil 685 votos, que representó el 56 por ciento de los electores que votaron. Sin embargo, esos votantes solo representaron el 33 por ciento de las 11 millones de personas inscritas en el registro electoral. Se impuso así una minoría convencida frente a una mayoría huérfana. Hoy de nuevo la mayoría de la población se siente abandonada, tal vez nuevamente se vuelva a imponer una minoría con ideas (ojalá modernas).

Por Diego Lombardi / La Verdad

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