Nicolás y sus afiches, por Carlos Flores

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(08 de enero de 2016. El Venezolano).- Que por estos días el tema más importante para el Gobierno venezolano sea que el liderazgo de la recién juramentada Asamblea Nacional sacó del hemiciclo de sesiones dos afiches -uno de Hugo Chávez y el otro, una representación en 3D del supuesto rostro de Simón Bolívar-, ilustra, entre guiños de pena ajena y macro estupidez, la realidad de un país que hace rato se quedó a la deriva, y fue hundiéndose en aguas oscuras, empujado por la turbia marea de la ineptitud. Y donde ya nadie parece dar brazadas… Estamos a la espera de un salvavidas que permanece disperso entre el ruido de disputas y el sudor de inútiles competencias de pulso.

Entonces desde la minúscula -pero muy gritona y estresada- fracción de diputados oficialistas, pasando por el ministro de Defensa y llegando a Nicolás Maduro, han optado por aferrarse con desespero a este raquítico árbol de la incoherencia, que es la situación de los afiches removidos. Para estos funcionarios no hay nada más grave, más trascendente, más prioritario que realizar cadenas de radio y tv para alertar al pueblo venezolano sobre los “verdaderos” planes de la nueva Asamblea Nacional -controlada por El Imperio y seguramente el Primer Orden de la nueva Star Wars- al quitar los cuadros de Chávez y Bolívar: “Un hombre con 50 años en la política toma una decisión horrorosa como ésta de patear, expulsar y mancillar la imagen de Bolívar y de Chávez ¿de buenas a primeras o es parte de un plan?”, dijo Maduro refiriéndose a Henry Ramos Allup (nuevo presidente de la AN). “No seamos ingenuos, están alimentando de odio el espíritu nacional para buscar una alta confrontación e intervenir internacionalmente a Venezuela, con una coalición de países de la derecha, encabezada por EEUU.” Y así arranca una de las teorías de conspiración más insólitas desde que el escritor y conferencista británico David Icke dijo que una raza de seres reptilianos controlan el mundo… solo que David Icke no es el presidente de un país (aunque lo haría mejor que Maduro, eso no lo dudo).

El grado de ofensa, de honor quebrantado; de almas heridas y atribuladas, con que los personeros del Gobierno se han referido públicamente al tema de los afiches -en realidad, otra de esas obras de teatro que regularmente montan para, infructuosamente, tratar de distraer a cuanto venezolano les sea posible de la pesadilla en que se ha convertido su día a día- es una demostración de la obscena distancia que los separa del drama real de esta nación.

Que utilicen un solo segundo en cadena de medios para hablar de esta bobería y no de la responsabilidad que cada uno de ellos tiene en la propagación de la septicemia que mantiene en terapia intensiva a Venezuela, es parte del escabroso coctel de burla, ineptitud y decadencia -política, económica y moral- que sirve de etiqueta a la hora de identificar eso que llaman “chavismo”.

Es la autenticación de la mediocridad y la carencia de seriedad, en un momento histórico que demanda todo lo contrario. Porque éste es el tiempo de la mentalidad técnica-práctica. Es tiempo de sincerar errores y dar el paso al frente para reconstruir lo roto… es tiempo de pensar en “país” y no en “pandilla”. Es hora de propagar una ideología única: salir de la crisis, mejorar la existencia de los ciudadanos. Todo lo demás: la repetición de discursos lava-cerebros, la visión obsoleta de libertadores, profetas y caídos… no solo es parte de un esquema innecesario sino tóxico para una nación que requiere -para su recuperación- de lo mejor y solo lo mejor de su capacidad humana.

Y tal vez algún optimista tenía la esperanza de que Nicolás Maduro comprendería lo que solo él aún no entiende: que la gente está sufriendo y votó en su contra, en contra de lo que ha hecho, en contra de lo que representa y en contra de su visión de país… que sus decisiones (las de él y de nadie más) nos han llevado a esta hecatombe, gracias a que no tiene capacidad para gobernar y no se rodea de gente talentosa que aspire al éxito de Venezuela, con la mente limpia y no nublada por absurdos e inexistentes legados de un presidente que murió de cáncer.

Maduro pudo iniciar el año con el pie derecho, anunciado una verdadera reestructuración ministerial y así, al menos, intentar un cambio de rumbo: lejos del abismo y hacia la luz. Pero… ¿qué hizo? Lo que ni las bestias hacen: se estrelló nuevamente contra el granítico muro de incompetencia formado por su grupete de funcionarios reciclados, a quienes se le premia con nuevos cargos públicos, a pesar que cada uno deje una estela de desastres -y hasta misterios sin resolver- en su cargo anterior. ¿Cómo podría salir Venezuela de este laberinto, de la mano de los mismos minotauros que nos encerraron allí? ¿Dónde está la lógica, la racionalidad, el sentido común? ¡¿En qué carajo estás pensando, Nicolás?!

En cambio, hay lágrimas, dolor e indignación revolucionaria porque los opositores quitaron dos afiches del hemiciclo de la Asamblea Nacional y así han insultado la memoria de Bolívar y Chávez… Pero, ¿algún día entenderá Maduro, Diosdado y el resto del clan rojo, cuánto humillan, mutilan y destruyen -diariamente- a todos y cada uno de los venezolanos que les confiaron la sagrada labor de convertir este país en un lugar próspero y moderno? ¿Algún día comprenderán el daño que hicieron; el altísimo costo que ha pagado Venezuela y su gente, gracias a que ellos sucumbieron ante el único error imperdonable para un líder: asumir que es dueño de la verdad absoluta?

Pues, si su mente solo está pendiente de afiches en estos tiempos, tal vez ni siquiera lleguen a entender lo obvio: los únicos que humillan a Bolívar, Chávez y al gentilicio venezolano, son ellos mismos; con sus inflados egos de nuevo riquismo y un brutal apetito por la destrucción nacional.

Aunque de repente existe la posibilidad de que el imparable tren de la historia se detenga para recoger unos cuantos pasajeros y luego dejarlos en la estación donde se pagan todas las culpas… Nicolás, Cilia… desde Nueva York les piden la bendición.

Por: Carlos Flores / La Patilla

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