Nicolás, sepulturero de la inmunidad parlamentaria, por Mario Villegas

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(13 de noviembre de 2017. El Venezolano).- En la antigua democracia representativa, el privilegio de la inmunidad parlamentaria tuvo como sus principales usuarios y beneficiarios a los diputados y senadores de la izquierda venezolana.

Ese fuero parlamentario hizo posible que muchos y destacados legisladores investigaran a fondo, y denunciaran públicamente muchos casos de corrupción y violaciones a los derechos humanos, cometidos por los gobiernos de Acción Democrática y Copei. También permitió que parlamentarios en ejercicio protegieran e impidieran la detención o lograran la libertad de dirigentes políticos y sociales, amenazados o reprimidos, y encarcelados por los cuerpos de seguridad del Estado.

Las investigaciones y denuncias que, siendo diputado, pudo efectuar José Vicente Rangel a propósito del horrendo asesinato de Alberto Lovera y otros crímenes durante la cruenta década de los 60, las hizo precisamente protegido por la inviolabilidad de su fuero parlamentario.

En las décadas finales de la llamada Cuarta República, en ejercicio de la función parlamentaria y amparados por la inmunidad, los legisladores nacionales podían penetrar a las sedes policiales, recintos carcelarios, centros hospitalarios y despachos públicos de distinta naturaleza, por cuyos jerarcas eran atendidos y en el desarrollo de alguna inspección o investigación, el trámite de alguna liberación o la gestión de algún otro objetivo de interés público.

El acceso de los representantes populares a las penitenciarías y demás centros de reclusión era frecuente. Investidos de inmunidad, ingresaban incluso a espacios recónditos, vedados al común.

Para muestra, un botón. En una ocasión, siendo diputado al Congreso y en uso de su fuero parlamentario, mi hermano Vladimir penetró hasta los sótanos de la antigua Disip y, para su sorpresa, en uno de esos diminutos calabozos de castigo, conocidos como “tigritos”, encontró recluido nada menos que a Nicolás Maduro, quien años más tarde sería el Presidente de la República y quien ahora pretende ser el verdugo y sepulturero de la inmunidad parlamentaria.

El muy apreciado amigo David Nieves, uno de los antiguos compañeros de Maduro en la vieja Liga Socialista, fue un notable beneficiario de la inmunidad parlamentaria. Preso en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez por su presunta participación en un grave delito, el secuestro del industrial norteamericano William Frank Niehous, pudo ser candidateado al Congreso en 1978 y, al resultar elegido por cociente nacional, debió ser puesto en libertad. Fue directo de un calabozo a la Cámara de Diputados.

Por Mario Villegas/ Quinto Día 

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