Nicolás I: Emperador del Hambre por Antonio Urdaneta Aguirre

1

Nicolás Maduro./ Imagen: El Nacional

(27 de febrero de 2018. El Venezolano).-  El dominio que ejerce Nicolás Maduro sobre todos los poderes públicos, que abarca a todas las instituciones del Estado, sólo son atribuibles a un Emperador.

Ningún ente de la administración pública escapa de sus nefastos controles. Unos porque los tiene secuestrados, supuestamente mediante el inescrupuloso uso del chantaje; otros por la proliferación del mercenarismo que ha promovido, y algunos que eventualmente están en manos de la oposición política, son inhabilitados para hacer nulo el efecto de sus respectivas funciones.

En el último segmento aparecen la Asamblea Nacional y las Gobernaciones y Alcaldías que son ganadas, en buena lid, por los sectores opositores. Para lograr la inhabilitación de esas instituciones, ejecuta los actos correspondientes a través de los entes estatales secuestrados, como el Tribunal Supremo de Justicia y la Fuerza Armada Nacional, por ejemplo.

Es probable que ni en los textos de historia, los que son escritos por autores honestos, imparciales y objetivos, se pueda descubrir a un Emperador con tanta influencia como la que ejerce Nicolás Maduro sobre quienes, alejados de todo lo que parece dignidad, se han convertido en sus cómplices necesarios. ¡Sin ellos jamás habría podido adueñarse del país y de la riqueza nacional!

Es obvio entonces, que hasta él mismo esté considerando ya la posibilidad de que la írrita, inconstitucional y usurpadora Asamblea Nacional Constituyente, lo consagre como Emperador. En tal caso pasaría a la historia venezolana como el primer funcionario de tal jerarquía. A partir de ese momento, y hasta el fin de los siglos, el nombre de Nicolás adquiriría rango imperial. En un supuesto como éste, Maduro sería coronado como Nicolás I.

Es necesario tomar en cuenta los “méritos” acumulados por el susodicho, para hacerse acreedor a reinar en un territorio que se denominaría Imperio Venezolano. Por supuesto, una corona de tal envergadura, a los efectos de consolidarse, requiere de su propio sistema colonial, cometido que resultaría fácil materializar. Sin equívocos posibles, pasarían a ser colonias del Imperio Venezolano, en principio los siguientes países: Cuba, Bolivia y Nicaragua; además, con muchas posibilidades de que el resto del continente, en corto tiempo, se convierta en un vasto territorio colonial bajo el yugo de Nicolás I.

Esta reflexión quedaría incompleta si, por mezquindad, se omitieran los “méritos” que elevarían a Nicolás Maduro a ocupar el trono del nuevo imperio del mundo. Estas son algunas de sus credenciales: destrucción de los centros de salud, 30.000 homicidios cada año por la inseguridad que ha institucionalizado y, para ahorrar espacio, la más tenebrosa hambruna del último siglo.

Este crédito final lo habría de distinguir como Nicolás I, Emperador del Hambre.

por Antonio Urdaneta Aguirre

Share.

1 comentario

  1. Pingback: Nicolás I: Emperador del Hambre por Antonio Urdaneta Aguirre - el Venezolano de Broward

Leave A Reply