Yo, Nicolás; por Emiro Albornoz

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Foto: Referencial

Archivo

(21 de octubre de 2016. El Venezolano).- Quién podría  imaginar que cuarenta años después de haber superado Venezuela, con la caída  de Pérez Jiménez los horrores de una dictadura, los venezolanos volviéramos a caer en manos de una régimen con profunda vocación totalitaria, pero con un ropaje democrático que se lo da el hecho de haber sido electo en unas elecciones libres y secretas.

Son más de 17 años, perdidos todos, desde cuando un militar golpista, Hugo Chávez Frías, derrotado en sus dos intentonas sangrientas del año 1992, impedido de tomar el poder por la vía violenta, participó en elecciones democráticas con unas ofertas engañosas que fueron compradas por los venezolanos sin imaginarse la trampa que les habían tendido, orquestada por el ´régimen comunista cubano.

Desde entonces comenzó la tragedia para el sistema democrático venezolano. Hugo Chávez comenzó a pisotear la propia constitución que él mismo promovió. Comenzó metiéndose por el bolsillo de atrás el artículo 115 que consagra la propiedad privada,  con confiscaciones abusivas de empresas privadas, nacionales y extranjeras, cuyas consecuencias conoce de sobra el país.

En su pretensión de eternizarse en el poder, al mejor estilo de ese asesino y hampón cubano de Fidel Castro, hizo convocar un referendo para consultarle al pueblo  si apoyaba la reelección permanente. Derrotado, desconoció el resultado y volvió a insistir en el despropósito hasta que lo logró. La muerte le llegó temprano  lo sacó de escena.

Su hijo putativo, Nicolás Maduro, hombre sin ningún tipo de educación formal pero ducho en las artes de la lisonja, una de las debilidades el dictadorzuelo Chávez, es designado sucesor por el difunto antes de partir al sitio donde le aseguró al Cardenal Ignacio Velazco que se verían.

Elegido precariamente, con un poco más del uno por ciento del electorado que salió a votar en las elecciones del 2013, Nicolás Maduro continúa aplicando las políticas  de su antecesor que ya venían causando estragos en la economía venezolana, hasta que le estalla en su propia cara la grave crisis que hoy vivimos todos, sin excepción.

La poca popularidad que tenía desde el principio de su mandato se viene al suelo hasta el punto que cerca del noventa por ciento de la nación lo rechaza por considerarlo culpable de la catástrofe que vive Venezuela, y la oposición democrática, luego de propinarle una vergonzosa derrota en las elecciones del seis de diciembre del 2015 para escoger una nueva Asamblea Nacional, activa la convocatoria de un referendo revocatorio, ante la actuación alcahueta del TSJ en favor del mandatario de no aceptar una enmienda constitucional para la reducción del mandato y otras salidas democráticas que  venían explorando.

Maduro, consciente de su triste realidad de mandatario sin apoyo popular ha sacado a relucir su casta de tirano, y actúa como el rocambolesco dictador romano, el emperador Claudio, quien según los historiadores  tenía el aspecto de un idiota inofensivo pero capaz de las peores cosas contra quienes se le atravesaran en su camino.

Maduro viola la Constitución a su antojo, se la mete por el bolsillo de atrás a cada instante, sin embargo la utiliza para justificar cuanto le convenga. Al fin y al cabo, la Constitución sirve para todo, según afirmaba Chávez.

Es capaz de afirmar en cadena de medios de comunicación que el revocatorio presidencial no va porque al él no le da la gana, sin importarle que esté consagrado en la Constitución en el artículo 72. Y en esta arremetida contra la institucionalidad le hacen comparsa el TSJ con sus irracionales sentencias, el CNE y sus inefables y alegres comadres, y la Fiscal General del la República, que ni actúa ni dice nada, sino que se hace la loca.

Apoyado por el TSJ acaba de pasarle el rabo por la nariz a la Asamblea Nacional de Venezuela al negarse a presentar el presupuesto de gastos de la nación ante ese magno organismo depositario de la representación popular y el indicado por la Constitución para tales fines.

Amenaza a Gobernadores y Alcaldes de la oposición con no enviarles un solo bolívar si no se ponen de rodillas y reconocen la legalidad de su decisión de desconocer a la AN. En esto se lleva por delante nuevamente la Constitución pues se trata del Situado constitucional consagrado en el máximo texto legal de la nación que es  el ingreso que le corresponde a Gobernaciones y a los Municipios en cada Ejercicio Fiscal, de conformidad con lo dispuesto en el numeral 4 del artículo 167 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el cual comprende por un lado una cantidad no menor del 20% de la correspondiente al respectivo estado en el presupuesto de los ingresos ordinarios del Fisco Nacional, asimismo una participación no menor del 20% de los demás ingresos ordinarios del mismo estado.

Esta lamentable situación, sólo tiene una salida y no es otra que el refrendo revocatorio, de allí la necesidad que toda Venezuela salga a las calles los días 26, 27 y 28 de octubre para confirmar su decisión de convocar un revocatorio para sacar a maduro de la presidencia, donde nunca debió llegar.

Por: Emiro Albornoz

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