Naufragio con piratas a bordo, por Antonio Urdaneta Aguirre

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(17 de julio de 2017. El Venezolano).- Se dio la Consulta Popular el pasado domingo; había sido convocada por la Asamblea Nacional, pero los ciudadanos venezolanos la hicieron suya. Dentro y fuera de Venezuela, el acontecimiento democrático protagonizado por nuestro pueblo, sin equívocos posibles, dejó atrás cualquier otro evento político que se haya realizado en el continente.

Más de siete millones quinientos mil electores votaron a favor de las propuestas parlamentarias. Sólo un mínimo porcentaje inferior al 2% lo hizo en contra. Desde que se hacen elecciones en Venezuela, ninguna cifra fue superior al compromiso que ahora suscribimos los venezolanos, según la proporción de las mesas electorales que funcionaron, cuyo total apenas rondó las 14.000.

Para conocer mejor la magnitud de tal hecho político, es necesario apoyarse en resultados electorales que tengan pertinencia, a los efectos de las comparaciones correspondientes. La cifra de población votante total en los procesos electorales de Venezuela se acerca a los 15 millones, en 45.000 mesas de votación. De modo que si se aplica estarelación a lo que acaba de ocurrir en la Consulta Popular arriba mencionada, el cómputo total obtenido por el Consejo Nacional Electoral, en 14.000 mesas, sólo habría sumado 4.700.000 electores. Estas cifras y todas las que utilice en adelante son aproximadas, concebidas en un escenario conservador.

Ahora SÍ se puede afirmar, con la seriedad que requiere esta materia, que las fuerzas aglutinadas de la Unidad Democrática, que hoy representan cerca del 85% de la población nacional, superan en más de 2.800.000 votos el promedio histórico existente, comparado éste con el limitado número de mesas electorales. ¡Aunque somos un pueblo inmerso en una horrenda tragedia, la Consulta Popular constituye para el régimen una catástrofe política sin precedentes! ¿La ley de Talión?

Antes de concluir este trabajo, me siento obligado a puntualizar lo siguiente: poco me agrada manejar números en mis artículos. Sin embargo, esta vez lo considero imprescindible, a objeto de salirle al paso, anticipadamente, a las manipulaciones del régimen. Es saludable que la gente disponga de razonamientos contundentes, para defender una gloriosa hazaña cívica, democrática y republicana que ha sido alcanzada por un pueblo, por hombres y mujeres dispuestos a defender su libertad y su Constitución en cualquier terreno.

Corresponde explicar, aunque sea brevemente, por qué la Consulta Popular se traduce en un terremoto político para Nicolás Maduro y el resto de cráneos vacíos que lo acompañan. Es obvio que para ellos SÍ sería difícil entender de qué es capaz un pueblo democrático; fundamentalmente cuando éste ha tenido magníficos maestros.

La heroica jornada popular cumplida el 16 de julio de 2017 por los venezolanos, se convirtió en el tifón que activó las olas del mar en el que Maduro conduce el fatídico “Titanic” mal llamado revolución. La nave colisionó contra un inesperado iceberg de votos y está a punto de visitar las profundidades más oscuras de la historia; SÍ, el buque se hunde irremediablemente. El capitán Nicolás y toda su tripulación están acobardados en el puente de mando mientras escuchan las melodías que señalan la cercanía de su juicio final. Las náuseas que les produce el oleaje y la música tétrica, los coloca en una dramática situación.

Afortunadamente, los valerosos viajeros se apoderaron de todos los chalecos salvavidas, e incrementaron así sus posibilidades de sobrevivencia. Sin embargo, las condiciones en las que quedaron el capitán y su séquito de piratas, inexorablemente los hizo sucumbir con su navío “revolucionario” fragmentado.

Por: Antonio Urdaneta Aguirre / @UrdanetaAguirre

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