Meryl Streep al recibir el Golden Globe, por José Hernández

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Foto: palmbeachdailynews

(11 de enero de 2017. El Venezolano).- Meryl Streep recibía El Globo de Oro honorífico, el premio Cecil B Demille, a los 67 años la estrella ha recibido nueve veces el premio, con una carrera que, resumida en un vídeo, fragmento a fragmento, intimida y maravilla. Pidió perdón por dudar, desenvolvió un papel y cuando se arrancó, se olvidó de él y pronunció el discurso más profundo de la noche de un domingo difícil de olvidar.

Hollywood se hizo con extranjeros. Sin mencionarlo, aludió a Trump y recordó ese instante en que quien ocupará el despacho Oval se burló de un periodista discapacitado: si es el poder quien abusa de los débiles todos los demás lo imitarán. “La falta de respeto incita a más faltas de respeto. La violencia, a más violencia”.

Acá la breve comparecencia.

“Gracias Hollywood Foreign Press. Para seguir la línea de lo que dijo Hugh Laurie, nosotros, todos los presentes, pertenecemos a un segmento denigrado de la población. Piénsenlo: Hollywood. Extranjeros. Y la prensa. Pero, ¿quiénes somos? ¿Qué es Hollywood? Es un grupo de gente que viene de todos lados. Yo nací, crecí y me eduqué en las escuelas de New Jersey. Viola nació en una cabaña en Carolina del Sur y creció en Central Falls. Sarah Paulson nació en Florida y la educó su mamá soltera en Brooklyn. Sarah Jessica Parker era una de siete u ocho hijos en Ohio. Amy Adams nació en Italia y Natalie Portman en Jerusalén. ¿Dónde están su actas de nacimiento? Y la hermosa Ruth Negga nació en Etiopía, creció en Londres. No, en Irlanda, me parece.

Está aquí nominada por hacer el papel de una chica de un pueblo de Virginia. Ryan Gosling, como toda la gente más amable, es canadiense. Y Dev Patel nació en Kenia, creció en Londres, y está aquí por hacer el papel de un indio que vive en Tasmania…

Así que Hollywood está lleno de extranjeros y foráneos, y si nos quieren echar a todos se van a quedar sin nada que ver más que futbol y artes marciales mixtas que NO son las artes… Me dieron tres segundos para decir esto… El único trabajo de un actor es entrar en la vida de personas que son diferentes a nosotros y dejarte sentir lo que eso se siente. Y hubo muchas actuaciones poderosas este año que lograron justo eso. Un trabajo asombroso y compasivo. Pero hubo una actuación este año que me impactó, metió sus ganchos en mi corazón. No porque fuera buena, no tenía nada de buena, pero era efectiva y hacía su trabajo. Hacía reír a su audiencia y enseñar sus dientes.

Fue en ese momento, que la persona a la que se le pidió sentarse en el asiento más respetable en nuestro país, imitó a un reportero discapacitado. Alguien a quien superaba en privilegio, poder y la capacidad de defenderse. Eso me rompió el corazón. Todavía no puedo sacármelo de la cabeza porque no era una película. Era la vida real.

Y ese instinto de humillar, cuando está modelado por alguien en la plataforma pública, por alguien poderoso, se filtra dentro de la vida de todo mundo, porque como que da permiso para que otra gente haga lo mismo”.

Obama dos días más tarde

Dos días después el presidente saliente Barack Obama en un fragmento de su discurso de despedida:

“Después de ocho años como Presidente, sigo creyendo eso. Y no es sólo mi opinión. Es el corazón de nuestra idea estadounidense – nuestro osado experimento de autonomía. Es la convicción de que todos somos creados iguales, dotados por nuestro Creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Es la insistencia en que estos derechos, aunque son evidentes, nunca se han aplicado de forma automática; que nosotros, el pueblo, mediante el instrumento de nuestra democracia, podemos formar una unión más perfecta.

Este es el gran don que nuestros fundadores nos dieron. La libertad de perseguir nuestros sueños individuales a través de nuestro sudor, trabajo e imaginación, y el imperativo de luchar juntos para lograr un bien mayor.”

Al día siguiente (miércoles) el presidente entrante dio su primera rueda de prensa y salvo reconocer la piratería cibernética rusa y negar el derecho a preguntar de CNN, por “mentirosa”, no dejó frases como para recordar.

Escrito por: José Hernández

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