Más allá del endiosamiento del ajuste, por Óscar Morales

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Foto: ACN

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(29 de noviembre de 2015. El Venezolano).-  Es común encontrarse en cualquier medio de comunicación opiniones de especialistas que predican la aplicación de ajustes económicos como medida divina y santificada para resolver la crisis actual (que ya nadie se atrevería a negar). Ciertamente, padecemos  problemas de desabastecimiento, escasez, escalada inflacionaria, empobrecimiento de la población, declive de la producción nacional, deformación cambiaria, pero también se sufre de inseguridad ciudadana, altos niveles de corrupción, contingencias de salud pública, hundimiento institucional, entre otros.

Indudablemente, necesitamos converger hacia el equilibrio económico para lograr una estabilización que impida profundizar la recesión económica actual, pues esto sería condición necesaria para el crecimiento económico, creación de empleos, tasa de inflación baja y estable, y su consecuente aumento del bienestar (al menos en lo económico). Sin embargo, en el debate público se está desvalorizando otros elementos determinantes para solventar las circunstancias que están ocasionando un evidente deterioro en la calidad de vida. Estimo que se están descuidando otros aspectos que pudieran llevar a considerar que quizás el ajuste económico es lo menos engorroso y desafiante que nos toca hacer.

Con esta reflexión me acompañaron algunas preguntas. Empecé a preguntarme si nuestros padecimientos no serán más problemas provocados por el liderazgo político o que verdaderamente lo que vivimos es una crisis de confianza. Me pregunté si realmente lo que nos tiene en recesión económica es la no aplicación del ajuste económico o más bien todo será culpa de la debilidad institucional o gobernabilidad. También me interrogué sobre la posibilidad de que lo que respiramos sea culpa de la mala suerte o probablemente estén prevaleciendo en mayor grado las acciones propias ciudadanas. Seguí la interpelación y encontré que acaso la crisis de ética y el pantano de la corrupción pudiera estar pesando más que reformas económicas milagrosas. Seguí preguntándome si finalmente no serán problemas de credibilidad o coexistencias sociales.

Al parecer los problemas son más complejos y no se circunscribe a lo meramente económico. En el último tiempo se está limitando nuestra óptica a un solo aspecto del multicausal y multivariado enredo coyuntural, se está advirtiendo una ‘estrechez de visión’ en nuestros opinólogos, dirigentes políticos, diseñadores de políticas públicas y demás especialistas, porque estamos siendo incapaces de hacernos preguntas y mucho menos proponer soluciones más allá del sacrosanto ajuste económico. Dudar, pensar, cuestionar, reflexionar, sospechar o recelar no es solamente tarea de los filósofos.

La complejidad de la hora actual no es explicada por una sola variable e intentar simplificar o reducir su solución a un programa de ajuste económico en solitario que no responda a la crisis de institucionalidad, educacional, liderazgo, convivencia social y confianza solamente provocaría el agravamiento de todos los desequilibrios actuales. Posiblemente, cuando se aplique el ajuste económico nos demos cuenta que eso solamente era una parte del asunto, pues seguramente los arreglos económicos por sí solos no nos llevarán —de forma directa y sin escalas—  a que los corruptos y corruptores desaparezcan, se mejore nuestra planificación regional y local, se perfeccione las políticas turísticas, se desarrolle una visión arquitectura y urbana o que los delincuentes se conviertan en mejores ciudadanos (por nombrar algunos aspectos).

¿La solución de nuestros males está en la ejecución de un ajuste económico? Aparentemente el problema y sus respuestas están más allá.

Por: Óscar Morales / Panorama 

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