Maduro en tres y dos, por Emiro Albornoz

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Referencial

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(26 de mayo de 2016. El Venezolano).- No quiero imaginarme como serán las noches del presidente Nicolás Maduro en medio de sus soliloquios por la triste y penosa realidad de saberse rechazado por una inmensa mayoría del pueblo venezolano que por todos los rincones del país le pide a gritos que se vaya, que renuncie, que abandone el poder.

Es toda una nación que en más del 90 por ciento desaprueba su catastrófica y desastrosa gestión, si se le puede llamar así, agobiada y obstinada de las ominosas colas para poder obtener algún que otro producto de precio regulado, con el triste final para muchos del anuncio de: ya no hay más., y por la inflación más elevada de cualquier país del mundo que hace añicos el salario mínimo más miserable del universo.

Hace apenas dos días recibí el dramático testimonio de una señora que luego de pasar una noche entera y parte del día haciendo cola frente a un supermercado maracaibero, ubicado en pleno corazón del casco central de la ciudad, sólo pudo llevar una bolsita pequeña de jabón y un desodorante, porque los escasos productos alimenticios regulados se agotaron. En su cara se reflejaban los efectos de la angustia y el cansancio que le causó esa larga jornada de espera por la supervivencia.

También contaba cómo su familia pasa el hambre pareja porque al no conseguir productos regulados sencillamente son presas del fantasma del hambre que recorre las calles de Venezuela porque no pueden adquirir los productos del mercado negro que es lo único que ha prosperado en esta revolución y es promovido por esa sarta de delincuentes de cuello verde y rojo que controlan la salida de los productos de las empresas que aún quedan en pie.

Esa es la triste realidad de los venezolanos que conoce perfectamente Maduro y con seguridad le causa insomnio, no porque le preocupen las penurias de la población, sino porque él y sus camaradas revolucionarios saben que se les acabara muy pronto la gozadera del poder omnímodo que han ejercido durante estos largos años de latrocinio y abusos, y tendrán que pagar ante la justicia, nacional e internacional, sus crímenes de lesa humanidad y lesa patria.

Es la seguridad que tienen de que más de doce o catorce millones y “millonas” de venezolanos convertirán en un día de fiesta el momento cuando el inefable CNE apruebe la realización del referendo revocatorio para votar por su salida del gobierno, la que lo mueve a obligar al organismo comicial a colocarle todo tipo de alambradas y murallas a un derecho constitucional de los venezolanos que si algo debe hacer es facilitarlo y no obstruirlo.

Hugo Chávez no dormía porque estaba desquiciado, pero Maduro debe pasar noches en vela porque se sabe despreciado por toda la nación venezolana. En términos beisbolísticos, tiene la cuenta en tres y dos. Lo vamos a ponchar.

Por Emiro Albornoz

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