Maduro, el Grinch de la navidad venezolana, por Emiro Albornoz

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(19 de diciembre de 2016. El Venezolano).- Jamás se imaginaron los venezolanos que un personaje de ficción creado por allá por 1957, conocido como el Grinch, cuyo enojoso papel es el de acabar con las fiestas navideñas, fuera a reencarnar en nuestro Presidente de la República, el chofer Nicolás Maduro Moros, quien en un abrir y cerrar de ojos, acabó con lo poco que quedaba de esperanzas de los venezolanos de celebrar, aún en medio de privaciones y necesidades insatisfechas, esta sagrada y tradicional fecha que sirve para la reunión de las familias y de los amigos para dar gracias al Creador por lo bueno que nos haya podido deparar y pedirle por mejores resultados en el nuevo año.

El personaje real del Comic norteamericano, según la Wikipedia, surge en el pueblo de Villaquien, y sus habitantes, los Quién, hacen preparativos para las fiestas navideñas que celebran con felicidad, alegría y armonía, excepto el cínico y misántropo Grinch, quien detesta la navidad y vive solo en lo alto de una montaña, en la afueras de Villaquien. Todos los Quien lo desprecian y no quieren saber nada de él.
El Grinch venezolano, vive entre el Palacio de Miraflores y un apartamento del Fuerte Tiuna, sitos en los cuales se encuentra obligado a convivir con su primera combatiente, la Grincha local, porque los hijos y familiares, y demás agregados, de su padre putativo, el fallecido Hugo Chávez, habitan la residencia reservada para la familia presidencial, conocida con el nombre de La Casona, en un claro delito de peculado de uso que la Fiscal General de la República se niega a ver, y mucho más a investigar.

El Grinch del cuento es un personaje con un cuerpo aparentemente humano, piel verde, ojos amarillos con pupilas rojas, dientes amarillos y una cara que podría ser de gato. Detesta la Navidad y llegada la época, se disfraza de Papá Noel para robarle todos los adornos navideños y regalos de Navidad a los vecinos.

El Grinch nuestro tiene una estatura un poco fuera de lo normal del venezolano común y su origen sigue siendo cuestionado por sus críticos y una elevada porción de los venezolanos quienes lo ubican al lado de nuestras fronteras. No conforme con un programa y las cadenas diarias de los medios de comunicación, en uno de los momentos más críticos de la sociedad venezolana a causa del hambre, del desabastecimiento, la inflación galopante y la falta de medicinas, se antojó de sacar al aire un programa de salsa durante el cual baila a calzón quitado con su Grincha mientras el país se le cae a pedazos.

El Grinch de Miraflores utiliza tanto su programa radial como sus cadenas y el programa de salsa con Maduro para ofender y burlarse de cuanto ser humano se atreva a criticar sus políticas gubernamentales, especialmente con un respetable ciudadano con quien parece tener una fijación, como es el Presidente de la Asamblea Nacional, el Diputado Henry Ramos Allup, a quien le califica de “viejo coño e madre” en medio de sus cadenas y en horario supervisado durante el cual la Ley Resortes impide palabras altisonantes y procacidades como las que salen de su boca.

Pero el asunto del artículo es que el Grinch criollo, tal vez a causa del rechazo mayoritario popular que tiene. que algunos ubican en un 90 por ciento, se antojó de acabar con las navidades del pueblo venezolano, eliminando la validez del billete de mayor denominación, el de cien bolívares, a pocos días de las celebraciones navideñas y de año nuevo.

La decisión del Grinch Maduro se ejecuta en momentos cuando existe una elevada escasez de dinero producida por la inflación, según los expertos financieros, pero que él atribuye a una confabulación de la oposición y del imperio norteamericano que puso en marcha un “sabotaje cibernético”, palabra esta última de la cual no debe tener ni puta idea.

Con su decisión el Grinch venezolano no sólo impide que el pueblo acuda a realizar sus compras para celebrar la navidad porque no solamente no consigue efectivo en los cajeros ni en los bancos, sino que se produce un colapso en los puntos de venta que imposibilitan toda transacción de los consumidores. Ni siquiera para movilizarse en el transporte colectivo tiene la gente porque no hay donde sacar dinero, porque al Grinch se le ocurrió también impedir los popularizados avances que realizaban en algunos comercios que hacen sus negocios con el resultado de sus ventas raspando tarjetas de débito, lo cual no es ningún delito.

Pero como la ejecutoria del Grinch venezolano se caracteriza por dar marchas y contramarchas, le da diez días de vida al billete de cien bolívares para que los tenedores los cambien en el Banco Central de Venezuela en una disparatada decisión que lego reduce a cinco días, causando un caos y anarquía total en el país que provocó desórdenes, saqueos y hasta lamentables muertes de venezolanos, de lo cual hay un solo culpable. Este sábado reciente, viendo el desastre que había ocasionado, revivió nuevamente el devaluado billete y ordenó que tendrá vigencia hasta el dos de enero del año entrante. Cosa de locos.

Pero, vaya paradoja trágica. El Grinch de la historieta terminó haciéndose popular, como era de esperarse, hasta el puno que fabrican disfraces alegóricos allá en el norte para las fiestas navideñas, pero el Grinch local es uno de los seres más rechazados y odiados de la comparsa revolucionaria que lo ha ayudado a acabar con la navidad y con las mayoría de las tradiciones del pueblo venezolano.

Por Emiro Albornoz

 

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