Maduro, Cabello… ¿cuál es el miedo?, por Emiro Albornoz

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(04 de mayo 2016. El Venezolano).- Ahora sí es verdad que el pánico se apoderó de la robolución, luego de la contundente demostración democrática y de la decisión irrevocable e irreversible del pueblo venezolano de producir un cambio de gobierno en Venezuela, puesta de manifiesto la semana pasada con la superación absoluta de la primera alcabala que las damas rojo-rojitas del CNE, organismo que está para facilitar elecciones y no para obstaculizarlas, han colocado al revocatorio constitucional que clama toda la nación.

“Que no panda el cúnico”, diría el Chapulín Colorado.

Apenas conocida lo que fue la infausta y amarga noticia de la concurrencia masiva de los venezolanos en una jornada cívica que superó con creces las 200 mil firmas que exigió el organismo electoral para la activación del revocatorio, Maduro aprovechó la celebración del Día Internacional del Trabajador, en cadena nacional, ante una pírrica y obligada asistencia de empleados públicos que pretendieron exacerbarla manipulando  tomas de cámaras, para expresar cualquier tipo de dislates en su afán de desvirtuar el terremoto político de la oposición que hizo que se le removieran hasta las neuronas.

Este cronista, como siempre lo hace, se tomó la molestia de escuchar al presidente Maduro en eso que no sé si puede llamar un discurso o más bien una perorata sin sentido ni sindéresis, durante la cual anunció el gran aumento salarial de 110 bolívares diarios para el 80 por ciento de los trabajadores públicos y privados que ganan salario mínimo y no alcanza ni para comprar un huevo.

Inmediatamente comenzó el desespero: “¿Ustedes van a dejar que derroquen al gobierno de Nicolás Maduro?”, preguntaba de manera azorada. “Ese es el objetivo de la derecha”, se respondía.

“Si la oligarquía (la oposición apoyada por la mayoría del pueblo venezolano)) algún día hiciera algo contra mí y lograra tomar este palacio, por una vía o por otra, yo les ordeno a ustedes, hombres y mujeres de la clase obrera, declararse en rebelión y decretar una huelga general indefinida, hasta obtener la victoria frente a la oligarquía. Una rebelión popular con la Constitución en la mano. Unida la Fuerza Armada y la clase obrera, la Milicia nacional obrera”.

No conforme con estos disparates, soltó lo que también acostumbraba su padre putativo Hugo Chávez, una nueva amenaza de muerte en su contra que particularmente no la puedo llamar magnicidio porque se comete éste cuando es ejecutado contra un hombre magnánimo, grande, noble, caballeroso y magnífico.

Mencionó entonces, que no ha querido estar alarmando al pueblo, pero ayer fueron detenidas varias personas tomando las alturas de unos edificios en la Plaza O’leary “con intenciones insospechadas”, razón por la cual decidió recibir la marcha en Miraflores y no en la mencionada plaza como estaba previsto. “No lo van a lograr”

Extrañamente afirmó que la oligarquía y el imperialismo “están desesperados”. Y quienes lo escuchaban pensaron que Maduro se había colocado frente a un espejo, aplicando el ya muy conocido recurso revolucionario de la proyección,  un conocido  mecanismo de defensa.

El desesperado en realidad es el presidente que está consciente  de la brutal y descomunal despedida del cargo que le dará el pueblo venezolano el día cuando por fin el CNE, cansado de colocar barreras y alambradas le permita expresarse en un referendo revocatorio.

Pero no solamente Maduro está lleno de miedo, de pavor. También lo está Diosdado Cabello, llamado el número dos de lo que aún queda de revolución y quien se ha convertido en uno de los hombres más repudiados en el país.

Cabello ha dicho que no temen  la consulta del pueblo pero que no aceptarán firmas planas y que tendrán que revisarlas una a una, cuando sabe perfectamente que cada una de esas firmas, que superaron en casi diez veces las exigidas por el CNE, salieron del puño y letra de los millones de venezolanos que asistieron voluntariamente, hasta militares y policías uniformados, a expresar su voluntad de solicitar el revocatorio contra Nicolás Maduro.

Y uno se pregunta: si es verdad que no están “chorriados” por qué no instruyen órdenes a sus aliadas del CNE para que fijen la convocatoria de un referendo revocatorio dentro de tres o cuatro meses, sin mayores requisitos, y así estarán cumpliendo con el “legado” de Hugo Chávez quien afirmaba que cumplida la mitad del mandato el Presidente tenía que ser auscultado por el pueblo y decidir en un referendo si lo ha hecho bien o no. “tres años es más que suficiente”.

Escrito por: Emiro Albornoz

 

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