Maduro abandonó todo, por Emiro Albornoz

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Referencial

(16 de enero de 2017. El Venezolano).- A propósito de la declaratoria de abandono de cargo de Nicolás Maduro, en su condición de presidente de la República, aprobada por la Asamblea Nacional de Venezuela el pasado lunes nueve de enero, tras lo cual el CNE debió proceder a convocar elecciones presidenciales para elegir un nuevo presidente, debemos precisar algunos conceptos.

El más desprevenido, se da cuenta perfectamente que ciertamente el organismo parlamentario actuó ajustado a lo que dicta la Constitución en su artículo 233 “Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional; el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato”.

Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

El destacado Abogado y político, Henry Ramos Allup, dio a conocer ese día el concepto de abandono como lo define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la cual sin duda es pertinente en el caso aplicado a Nicolás Maduro.

Otra acepción dice que si se lo entiende desde el punto de vista legal, el abandono siempre hará referencia al descuido de una persona o un bien a manos de otra. En este sentido, el abandono implica que otro individuo puede sufrir daño como consecuencia de abandono y por tanto la situación debe ser resuelta de manera legal.

A raíz de la decisión de la AN de declarar abandono del cargo, el Tribunal Supremo de Justicia, botó la placenta al emitir un comunicado mediante el cual establece que la AN carece de facultad para tal declaratoria. Olvidaron los magistrados que en asuntos de este tipo, de tanta relevancia, no puede haber comunicados que valgan, sino sentencias sobre los asuntos de su competencia, y el de la declaración de abandono del cargo se sale de las competencias del máximo tribunal porque la Constitución es clara en su artículo 233. La declaración de abandono de cargo es competencia exclusiva de la AN.

Pero está claro que Maduro abandonó el cargo al hacer que con sus políticas equivocadas dos terceras partes de la nación estén pasando hambre pareja y muriendo de mengua en los hospitales por falta de medicinas y suministros médicos que garanticen el derecho a la salud y a la vida, consagradas en la Constitución de la república.

Maduro abandonó el cargo al desatender su Gobierno las labores de mantenimiento de la infraestructura de servicios públicos del país, así como la falta de inversión en servicios tan fundamentales como la electricidad el agua potable, llevando a colapsar estos dos importantes servicios con los consiguientes daños a los ciudadanos a quienes está obligado a servir.

Maduro abandonó la seguridad de las personas y sus bienes convirtiendo a Venezuela en el país más inseguro del continente americano y en uno de los más peligrosos en el mundo entero, alcanzando Venezuela la cifra de más de 28 mil muertes a manos de la violencia criminal de la cual no escapan ni militares, ni policías, ni jóvenes, ni viejos ni niños.

Maduro abandonó a la misma Constitución al violarla a su antojo y convirtiéndola en un trapo sucio que solamente utiliza cuando le conviene para acusar a la oposición democrática de violentar el texto legal que no es otra cosa del mecanismo de proyección que utiliza el mandatario.

Maduro abandonó todo y por lo tanto está fuera del gobierno, y el CNE incurre en violación de la norma constitucional si no convoca las elecciones según lo pauta la Constitución.

Por Emiro Albornoz

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