Los tíos vivos, por Luis Prieto Oliveira

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Foto: Referencial

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(22 de noviembre de 2016. El Venezolano).- En Europa los llaman carrusel, en Venezuela, caballitos y en España Tío vivo, pero en todos ellos se trata de una atracción de feria que gira con figuras de caballos, gansos y otros animales. Sirve para divertir a los niños en las ferias pueblerinas y, en mi caso, para evocar recuerdos lejanos de mi infancia, pero hoy no hablamos de jueguitos, sino de delincuentes. En Venezuela, al producirse la condena de dos jóvenes, sobrinos de la Primera Combatiente y criados como hijos por la pareja presidencial, se plantea, de manera clara, el nivel de podredumbre que existe en los círculos del poder.

Desde hace tiempo se habla del Cartel de los Soles, formado por generales, y su nombre no obedece a que iluminen, sino a que portan, en sus charreteras, soles que identifican su grado. En reiteradas ocasiones se ha denunciado que el negocio de la droga en el país es manejado por oficiales de alta graduación, que, por ese mismo hecho, gozan del más alto nivel de protección. Pero lo que todavía no está claro es por qué, mientras en México o Colombia, los capos de la droga son, en la mayoría de los casos, bandidos de muy bajo nivel social y cultural, en nuestro país le corresponde tal honor a altos oficiales de las fuerzas armadas, que en ocasiones anteriores han sido acusados de peculado, soborno y otros actos vinculadas al crimen de cuello blanco.

¿A qué obedece este inusitado cambio? Por supuesto que a la desmedida ambición de riqueza que tienen estos oficiales, pero hay, como en la serie La ciudad Desnuda, muchos caminos que conducen al crimen. Posiblemente todo comenzó una tarde de 1991 en Brasil, durante la primera reunión del Foro de Sao Paulo, cuando las fuerzas de la izquierda extrema se reunieron para encontrar una salida a la desaparición de la Unión Soviética y al fracaso de la consigna de la lucha armada para alcanzar el poder.

En esa ocasión Venezuela estuvo representada por el PRV, cuyo máximo dirigente era Douglas Bravo y su representante en ese cónclave era Alí Rodríguez Araque, conocido como el Comandante Fausto y por Causa R, representada por Pablo Medina. La decisión trascendental de esa reunión fue el abandono de la lucha armada y la búsqueda del poder por vía electoral. En aquella ocasión las FARC de Colombia ofrecieron a través de su representante, el segundo jefe de esa guerrilla Raúl Reyes, que podían financiar la primera aventura electoral. Poco después, en febrero del año siguiente se produce el intento de golpe de estado comandado por Hugo Chávez, diversos errores cometidos por oficiales infiltrados, permitieron que Chávez, derrotado como militar, surgiera con una aureola de líder popular y, por ello fue escogido como el primero que probaría la nueva estrategia.

De acuerdo con el contenido de los computadores de Raúl Reyes, las FARC dieron una contribución de 400 mil dólares a la campaña presidencial de Chávez, desde entonces se estableció un compromiso irrevocable de quienes iban a ser gobierno con la guerrilla. El presidente electo designó a unos oficiales para ser el contacto permanente con este grupo colombiano insurgente, encabezados por Ramón Rodríguez Chacín. En ese momento se forjó un siniestro plan. El gobierno venezolano entregaría armas, municiones, uniformes y otros suministros militares y recibiría el pago con parte del precio de venta de alijos de droga. El traslado y seguridad de esos embarques correspondía a miembros del ejército y por allí comenzó una fructífera alianza que condujo al Cartel de los Soles.

La corrupción de los mandos militares y del gobierno, que se repartieron, de acuerdo con algunas cifras publicadas, cerca de 350 mil millones de dólares, transformó a Venezuela de un país de esperanza a uno de dolor y muerte. Los narco sobrinos son parte de esta estructura de podredumbre. Durante años hemos visto a miembros de su generación y su círculo en automóviles de gran lujo, viajando en jets privados, alojados en los más exclusivos hoteles y en fotos plenas de obscenidad, eran los privilegiados de un país en plena destrucción, mientras millones de venezolanos pasaban hambre o morían por falta de medicinas, estos delincuentes presentaban la imagen del “hombre nuevo”, creado por la revolución bolivariana.

Los dos sobrinos de Cilia, miembros de una de las más extensas familias de enchufados de Venezuela, recibieron, por lo que declararon, el encargo de conseguir dinero para la campaña de diputada de su tía y, para ello, por instrucciones de Diosdado, contactaron al gobernador El Aisami, para que les entregara parte de la cocaína de las FARC, con esto y sus contactos (que eran de la DEA) montaron la operación para llevar 800 kilos de droga a Estados Unidos y obtener unos 6 millones de dólares.

Por supuesto, para llegar hasta ese nivel era necesario tener unos tíos vivos, muy vivos, y ellos los tienen. Todavía no se sabe cuánto costó su defensa, porque la factura final llegará cuando se dicte la sentencia, en marzo del año que viene. La va a pagar Wilmer Ruperti con parte de un contrato que acaba de firmar con Pedevesa, para movilizar cientos de miles de toneladas de coque de petróleo que han formado un cerro que contamina toda la costa de la desembocadura del Río Unare y amenazan la vida de miles de habitantes y la muerte de uno de los más importantes ecosistemas de la costa oriental venezolana. El negocito es un contrato por 148 millones de dólares, de cuyas ganancias saldrán los honorarios. Los abogados contratados son de los más ceros que se consiguen en Estados Unidos y han fracasado, porque las confesiones de los acusados y las pruebas adicionales impidieron que salieran libres, pero de todas maneras van a cobrar dinero del pueblo venezolano.

Sin embargo estos reos, aunque han actuado como delincuentes encallecidos, son apenas engranajes pequeños de una máquina letal, que genera muerte, corrupción y desesperanza y se ha apoderado de un país que tenía problemas, pero para resolverlos su gente, regularmente luchaban dentro de parámetros establecidos por la ley. Aún si los narco sobrinos sean castiguen con una cadena perpetua, apenas se tratará de cifras de baja monta, papeletas de una lotería que ya pasó. La verdad es que toda esta gente son, como lo decía La Lupe, “periódicos de ayer”, pero comprometen a los millones de venezolanos de hoy, cuya única esperanza de salir en algún periódico es la de aparecer en las páginas rojas, porque los otros, los niños que mueren de desnutrición, los enfermos que mueren de mengua, los miles de asesinados por bandas de sicarios y narcotraficantes, esos no van a ser recordados sino por sus madres, porque ninguno de ellos tienen tíos vivos.

Los verdaderos responsables nunca van a declarar, hablarán de que es un complot del imperio, una trampa montada contra dos inocentes, buscados, precisamente, por su incultura y baja inteligencia, pero como se dice en algunas de las jergas urbanas “están pillaos”, porque son simples piezas de una maquinaria de terror y crimen en la que entraron sin saber que en esas mafias es relativamente fácil entrar de pie, pero muy difícil salir de igual forma.

Los venezolanos, frente a esta avalancha de aguas cloacales, que nos ha tocado vivir en 18 años nefastos, estamos obligados, a defender lo que son los valores supremos de nuestra patria, fuera de monsergas militares y rimbombancias dictatoriales: Libertad, Igualdad y Fraternidad, las mismas que unos hombres tocados con un gorro frigio levantaron en París hace ya 228 años. Hacia allá debemos caminar, porque eso no es el pasado, sino el futuro que nace cada día, cuando alguien descubre, entre la basura, una flor de esperanza.

Por: Luis Prieto Oliveira

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