Lo que el miedo se llevó, por Antonio Urdaneta Aguirre

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(19 de enero de 2018. El Venezolano).- Un grupo muy calificado de estudiantes de la UCV, en 1928, empezó a trazar el rumbo de los movimientos políticos que más tarde serían protagonistas de las luchas democráticas venezolanas. Una de las principales repercusiones de la osadía de aquellos imberbes muchachos, se materializó el 15 de enero de 1932.

En efecto, ese día, después de un fructífero trabajo organizativo realizado en todo el país por los “maestros de escuela” de la época, se constituyó en Caracas la “Asociación Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria”. Educadores de la talla de Luis Beltrán Prieto Figueroa, estuvieron en la vanguardia protagónica de tan feliz y trascendental acontecimiento.

Dicha asociación fue pionera de la incorporación del magisterio al combate que ya preparaban otros sectores laborales. Es necesario destacar que en ese tiempo, aunque parezca difícil creerlo, todavía predominaba en Venezuela la barbarie militar decimonónica. Precisamente, gobernaba uno de los más sanguinarios dictadores conocidos hasta entonces: el General Juan Vicente Gómez.

La valentía de ese puñado de maestros que se enfrentó a las prohibiciones del régimen gomecista, hace mucha falta en este momento aciago que padecemos todos los trabajadores venezolanos. Esa valentía, con altos y bajos, se mantuvo hasta 1998. Para entonces, el magisterio, a fuerza de heroicos combates, había logrado más reivindicaciones que cualquier otro sector laboral.

Los educadores éramos respetados por el gobierno. Éste le temía más a una “huelga de maestros”, que se protagonizaron muchas y exitosamente, que a un  conflicto con los trabajadores petroleros. 

Desafortunadamente, a partir de 1999, al instaurarse otra dictadura en Miraflores, la contundencia de las luchas magisteriales ha disminuido tanto, que hemos retrocedido a los peores tiempos.

Muchos logros se han perdido, incluyendo la eficacia de la contratación colectiva, pues ésta, cuando suele materializarse, apenas se alcanzan los beneficios que al régimen le viene en ganas. Hoy podemos pensar, quienes todavía tenemos un ápice de atrevidos, que las amenazas, la represión y la aparición oficialista de sindicatos patronales de educadores, volvieron a someter a los maestros casi en la indigencia. En síntesis, si seguimos arrinconados, acobardados, tendremos que concluir con una apropiada parodia: lo que el miedo se llevó. Por consiguiente, ¿qué pudo celebrarse este 15 de enero, Día del Maestro?

Por Antonio Urdaneta Aguirre

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