Ley de Amnistía y crisis institucional, por Pablo Pérez

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CAR12. CARACAS (VENEZUELA), 05/01/2016.- Lilian Tintori, esposa del líder opositor detenido Leopoldo López, acompañada de diputados de la Mesa de Unidad Democrática, sostiene un cartel pidiendo una amnistía durante la instalación de la Asamblea Nacional de Venezuela hoy, martes 5 de enero de 2016, en Caracas (Venezuela). Los diputados elegidos toman posesión hoy de sus cargos con lo que se pondrá fin a la hegemonía parlamentaria chavista de los últimos 17 años, después de que la oposición obtuviese el 6 de diciembre una mayoría de 112 diputados frente a los 55 conseguidos por el oficialismo. EFE/Miguel Gutiérrez

EFE/Miguel Gutiérrez

(14 de enero de 2016. El Venezolano).- Cueste lo que cueste la oposición cumplirá con cada una de sus promesas electorales. No vamos a fallarle a ninguno de los venezolanos que votó por el cambio. El Gobierno lo sabe y por eso siembra de minas el camino hacia una transformación del país.

El Gobierno está tan desesperado por detener lo indetenible que quedó al descubierto ante el mundo al usar al TSJ para tratar de sabotear la labor del nuevo Parlamento. No podrán lograrlo porque a esos 112 diputados los eligió un pueblo y no una decisión judicial que a todas luces está amañada y adaptada a los intereses de un régimen que está de salida.

Fracasarán en su intento de golpe judicial y de generar el caos en el país. La razón está de nuestro lado. Queremos un país con verdadera paz y palpable progreso. Por eso la agenda legislativa está orientada hacia el abordaje de varios frentes: social, económico, político e institucional.

Una de las promesas claves de la Unidad fue la Ley de Amnistía. Para avanzar en un país de unión y consenso debe haber una reconciliación y por eso se requiere de una amnistía a los presos políticos, que no sólo implica la libertad de líderes de la oposición como Leopoldo López, Manuel Rosales, Antonio Ledezma y otros.

Esa ley beneficiaría a unos 10 mil perseguidos del Gobierno por pensar distinto. Esa ley pondrá fin a la judicialización de las protestas ocurridas en 2014 y que permitió al Gobierno apresar y someter a juicios sin sentido a miles de personas que sólo mostraban su desacuerdo con el régimen y muchos que nada tenían que ver con las manifestaciones, pero que fueron castigadas como medida ejemplarizante.

Se trata que con la Ley de Amnistía despojamos al Gobierno de un instrumento para sancionar y reprimir, para cercenar los derechos políticos y para construir una hegemonía basada en el miedo. Pero resulta que el pueblo perdió el miedo. Hasta en eso fracasó el modelo. Hay mayor madurez política. Hay un sentimiento de cambio que es general.

Vamos hacia la aprobación de la Ley de Amnistía y de otros instrumentos legales que beneficiarán al pueblo en diversas áreas. Vamos hacia la reinstitucionalización del país. Vamos hacia la construcción de una Venezuela donde nunca más haya un perseguido político. Yo quiero un país de paz y progreso. Estoy seguro que ustedes también.

Por Pablo Pérez

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