Las tinteras, venezolanas que venden café de día y se prostituyen de noche en Cúcuta

0

Foto: Archivo

(11 de marzo de 2017. El Venezolano).- Día y noche parecen no tener significado entre las calles bajas del centro de Cúcuta, donde la necesidad de algunas mujeres pone precio a sus cuerpos en decenas de comercios que se dedican a vender placer en el concurrido sector.

La mayoría “venecas”, comenta el encargado de uno de los bares para referirse a inmigrantes venezolanas que cruzan la frontera en busca de algunos pesos para alimentarse a si mismas, e incluso a hijos y familiares.

Lea también: Colombia deportó a venezolanas que se prostituían en Cúcuta

La historia se repite cada semana, a la ciudad colombiana arriban damas dispuestas a participar del oficio más antiguo del mundo, mientras otras llegan al país en busca de un “trabajo honrado”, expectativa que se pierde entre la alta tasa de desempleo que colocó a Cúcuta como la segunda ciudad con mayor desocupación de Colombia en 2016.

“La capital nortesantandereana se ubica en la segunda casilla de las ciudades con más desempleo en el país con una tasa de 15,4 %. Solo superada por Quibdó con 17,5 % y seguida de Armenia con 14,8 %”, reseñó el diario La Opinión en enero.

Tal es el caso de Magaly, nombre que asumió para proteger “su vida privada”, esta yaracuyana confiesa que durante un año trabajando en Cúcuta ha podido mitigar los efectos de la desnutrición que azotaba su cuerpo, y sus hijos (a los que hace tiempo no ve) pueden vestir y alimentarse adecuadamente mientras están al cuidado de su abuela “lejos de todo esto”.

El modus operandi de Magaly, una tintera, la ubica a las afueras de los clubes a los que acuden hombres para distraer su moral, y pueden sucumbir ante un café de mil pesos, un oral de cinco mil e incluso una sesión furtiva de coito que oscila entre los 15 y 25 mil pesos, según el presupuesto y atractivo del cliente.

“Los fines de semana siempre son mejores, si estás vendiendo café la policía no molesta y siempre sale algún man que quiere llevarte”, agregó la trabajadora sexual mientras fumaba una marca de cigarros que al igual que muchos productos no se consigue en Venezuela.

Dentro de los bares esta realidad adquiere otros matices, el estruendo de los ritmos tropicales y el humo de cigarrillos envuelven el lugar,  donde los precios se elevan ligeramente, pero el producto es el mismo, sexo a cambio de dinero. Las mujeres del sitio, cuya edad podría rondar desde los 18 hasta poco más de 30 años abordan sin timidez a quienes cruzan el umbral, ponen precio a su cuerpo y guardan una comisión para el dueño del club, quien les permite trabajar  bajo su “cuidado y protección”.

Juan, un asiduo cliente de estos sitios relató que desde la reapertura de la frontera, los servicios sexuales en Cúcuta disminuyeron su precio significativamente, y que ahora incluso puede “llevar dos en vez de una” o “pagar una veneca a la semana”.

Las venezolanas en el pueblo fronterizo han puesto en una difícil situación a las prostitutas locales, quienes han tenido que competir con las bajas tarifas de las inmigrantes o cambiar a otros oficios, como la buhonería, para subsistir.

Por: Lisandro Tarazona

Share.

Leave A Reply