A las puertas de otro 18 de octubre, por Antonio Ecarri Bolívar

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(13 de octubre 2016. El Venezolano).- “¿Qué es el Ejército?: es el pueblo uniformado que marcha hacia una idea o que reposa, custodiándola. Es la guardia armada de la Constitución. Y, como la Constitución, se parece a sus autores. Su autor es el pueblo, debe parecerse al pueblo más que a un hombre”. Andrés Eloy Blanco. 1946.

A la juventud y a los soldados de Venezuela, todos hijos del 18 de octubre, 71 años después.

A la muerte de Gómez se instaura el continuismo de López Contreras y éste traspasa el poder a Medina sin consulta popular, como era tradición, pero a la postre la insostenible situación política derivada, entre otras razones, de la aspiración retrógrada de López de volver al poder, aunado a la resistencia de ambos a entregarle la soberanía al pueblo, hace que estalle el 18 de octubre de 1945 un golpe de estado. Éste fue concertado entre AD y los jóvenes militares, que se va a convertir en revolución cuando se le imprima, a ese gobierno, un carácter de avanzada con un programa progresista de reivindicaciones populares largamente esperado por la nación y, sobre todo, porque por vez primera se le entrega la soberanía al pueblo que le había sido secuestrada, desde siempre, para que la ejerciera libremente a través del sufragio universal.

Los militares que se unieron a AD para derrocar a Medina, con propósitos e intenciones distintas al partido que traía la democracia en sus alforjas, cuando observaron que el golpe se convertía en transformación social en manos del pueblo, frustraron ese noble propósito y volvieron sus armas contra ese pueblo traicionando su juramento, pero también traicionaron a Medina, porque le habían sustituido para transformar a Venezuela en democracia, no para su propio provecho hedonista. Entonces devolvieron, al glorioso ejército del 18 de octubre, a la horda que siempre fue después de la independencia y durante todo el siglo XIX.

Los soldados del 23 de enero, en cambio, retornaron de la horda a ser, de nuevo, el Ejército glorioso de los libertadores. Ese prestigio, recuperado en 1958, ha venido perdiéndose progresivamente y hoy aparecen, nuestras fuerzas armadas, en los últimos lugares de preferencia de la opinión pública nacional lo que no es para complacer a nadie en su sano juicio.

Los soldados venezolanos, en la actualidad, deben tener presente lo que afirmaba Andrés Eloy Blanco después que fue derrocado Gallegos el 24 de noviembre de 1948: “Y es, soldado de Venezuela, soldado de América, que cuando se tiene índole de horda no se es buen depositario de conciencia de Ejército. Cuando se es buen médico y se va a Europa o al Norte a perfeccionar estudios, se regresa más médico; cuando se es pianista y se va a los grandes Conservatorios a perfeccionarse se regresa más pianista; cuando se es técnico y se va a las grandes escuelas, se regresa más técnico; cuando se es bruto y se la da la vuelta al mundo se regresa más bruto, y cuando se es traidor y se va a ganar cultura, se vuelve más traidor. (…) Porque el Ejército de mi patria, en el que se encuentran muchos hombres, pero muchísimos hombres dignos de conducir la responsabilidad de una institución, ha sido traicionado por un grupo de dirigentes con mejores posibilidades de control y en connivencia con el desconcepto histórico de la horda americana que hoy campea en las divisas de sus cómplices de la América Latina. Esto digo, soldado oscuro de las letras, al hermano de las armas, desde una tierra donde un poeta le dijo así a un soldado: “Caramba, si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo”.

Jóvenes demócratas, soldados de mi patria, eso que ocurrió en Venezuela como lastre de un siglo XIX atrasado, no debe volver a ocurrir en el siglo XXI después de un siglo XX donde Gallegos, Betancourt, Andrés Eloy y demás héroes de la libertad dedicaron sus vidas para que nunca más nuestro ejército regrese a la primitiva concepción de horda, que lo descalifica frente a la historia y de cara al futuro. El soldado, vigilante de la Constitución, no debe prestarse a que sus gobernantes nieguen al pueblo su derecho constitucional a ejercer el voto soberano conquistado en aquel lejano 18 de octubre de 1945. Un joven demócrata venezolano deberá decirle, en este inicio de un nuevo siglo, a un soldado de su misma edad: “Caramba, si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo… entonces… defiende, tú, la democracia y la Constitución como lo hago yo. Sí hay futuro, porque tú y yo somos la garantía”.

Por Antonio Ecarri Bolívar / @EcarriB

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