Las momias más antiguas no son egipcias, son chilenas

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Cortesía de El País

(5 de octubre de 2018. El Venezolano).- Cuando se habla de momias las personas se trasladan a la desértica Egipto, pero la verdad es que esa historia le corresponde a Chile y a su desierto de Atacama en donde aparecieron estos primeros  especímenes que datan de entre seis mil y mil quinientos años antes de Cristo.

La civilización chinchorro es la responsable de esta legendaria historia que narra a una primitiva y olvidada humanidad que ahora luego de más de siete mil años aspira a formar parte de los patrimonios de la humanidad que la Unesco otorga cada cierto tiempo.

Las momias encontradas en este inhóspito lugar van desde hombres y mujeres hasta bebes y embriones. Cada cuerpo demuestra avanzadas técnicas y conocimientos e la biología. Se observaron en las momias extracción de órganos, el corte de miembros, descueramiento, destazamiento de vísceras y el relleno de cavidades corporales, para luego rearmar los cuerpos para darles una existencia eterna.

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Han sido estudiadas 208 momias y cada una es portavoz de milenarias habilidades que evolucionaron con el paso de los años y que demuestran el ingenio y la inteligencia de las civilizaciones antiguas.

Bernardo Arriaza, del departamento de bioantropología de la Universidad de Tarapacá explica que al cuerpo le cortaban la cabeza y las extremidades, partes que luego eran expuestas al sol. A continuación, los órganos eran extraídos a través de incisiones, el cuerpo era despojado de la carne y las vísceras, y así quedaba un esqueleto limpio y seco. Por último, se extraía el cuero cabelludo y la piel del rostro, e intervenían el cráneo para sacarle el cerebro, en cuyo lugar, una vez seco, ponían cenizas, tierras, arcillas y pelos de animal. Para darle rigidez, se deslizaban maderos puntiagudos debajo de la dermis y las cavidades eran rellenadas. Luego se modelaba el rostro, ataban los miembros con varas y al final se pintaba y se le ponía vestimenta de tejido vegetal.

Los distintos tipos de momia compartieron similitudes como el uso de peluca, mascarilla facial y palos para reforzar el cuerpo. Al observarlas, hay algo innegable: el cuidado y delicadeza que imprimieron en esos cuerpos, en las máscaras y en los ornamentos que los acompañaban en su viaje a la eternidad.

De los rastros de muerte podemos inferir rasgos de un pueblo que no conocimos. Por ejemplo, su sentido democrático. Las momias chinchorro no son como las incas o egipcias, que correspondían solo a sus reyes. Estas son de diferentes tipos de personas y de todas las edades: hombres jóvenes, mujeres, niños…

Para leer este reportaje diríjase al diario El País.

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