Las megaelecciones de Maduro: si me hundo, se vienen conmigo, por Santiago Boccanegra

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(22 de febrero de 2018. El Venezolano).- La estrategia de Maduro es clara: al buscar unas “mega elecciones” por bloques, no solamente entraría él en campaña para defender el puesto sino cientos de candidatos, además de gobernadores y alcaldes, buscando puestos o gobernabilidad. De esta manera, evita dispersión en las filas del chavismo de cara e un evento electoral de supervivencia. Se impone el “o todos o ninguno”, en un país donde el voto cruzado es casi fantasía

Además, el CNE pudiera -y es lo más probable pues ya lo ha hecho antes- activar en el tarjetón la opción “Seleccionar todo” para marcar por bloques las tarjetas de Presidente, Diputado nominal, Diputado Lista, Diputado regional nominal, Diputado regional lista, Concejal nominal, Concejal lista. Ese “Seleccionar todo” sirve como voto “entubado” que obliga a los cientos de candidatos del polo patriótico a retratarse con Maduro, quieran o no, eliminando de hecho aquello de “soy chavista pero no madurista”… si aspira poder, o quiere mantenerlo, tiene que entrar por el carril.

En la oposición, pudiera abrir zanjas en el debate de “participar o no” y conducir a nuevas fragmentaciones, ahora más localizada incluso. Una discusión que deberá salir de Caracas. Los gobernadores opositores, por ejemplo, tendrán mucho que decir si lo ven como la oportunidad de tener Consejos Legislativos aliados y no adversos, como ahora. Eso si, si la decisión es participar y se consiguen ciertas condiciones, ya no sería un solo candidato unitario (a presidente) sino cientos de aspirantes haciendo campaña y movilizando.

Todo indica que una elección tan compleja como la propone Maduro y que ya la ANC “tomó nota” no puede realizarse el 22 de abril. Sería la excusa para retrasarla y ¿buscar reconocimiento internacional que ahora no tiene?¿dar tiempo a contarse con alguna oposición “real”?

Si las elecciones se retrasan, el rechazo inicial de la comunidad internacional también queda en veremos. El no reconocimiento es a las elecciones convocadas para el 22 de abril y en las condiciones actuales. Retrasarlas y complejizarlas abriría una nueva evaluación, especialmente en el tema de las reglas que la regirán. No olvidemos que en República Dominicana la comunidad internacional estuvo de acuerdo en unas elecciones adelantadas y nunca especificó si importaba o no que el convocante fuera la asamblea constituyente.

El reto, claro está, es en conseguir condiciones electorales mínimas -sí, mínimas. En la MUD hablaron, también varios dirigentes por separado, que el tema no es la fecha sino las condiciones. Y solo lo primero no garantiza lo segundo. El otro reto es la uniformidad. El madurismo, con todo su poder institucional y sus recursos estatales que usa ilegalmente, es el hegemón del oficialismo. En la oposición la MUD tendría que aspirar a fórmulas muy unitarias sin contar con esas características.

Leer el asunto desde los “a Maduro le conviene más medirse sin oposición porque ganaría seguro” o “a esas elecciones nadie va a querer ir porque son convocadas por la ANC” es reduccionista. Hay muchos más factores en juego. Ambos bloques políticos lo saben.

Recordar que la MUD rechazó participar en las elecciones del 22 de abril por considerarlas un show, y retó a Maduro a medirse en “elecciones verdaderas” consideradas como tal al tener un set de condiciones (entre las cuales no indica nada sobre quién las convoca, por cierto). La oposición exige comicios que cumplan con los puntos establecidos en el documento que presentaron los Cancilleres el 2 de diciembre en República Dominicana.

Lo que queda claro es que cada declaración de Maduro ratifica a escala nacional e internacional que la independencia de poderes es ficción, ¿o alguien duda que la ANC haga lo que dijo el mandatario y el CNE venga atrás bien alineado? Eso también lo leen afuera.

Y sí, Maduro pudiera estar buscando cómo mejorarle la cara a la elección de cara a la comunidad internacional. Igual no será en condiciones óptimas. Igual no será como manda la ley.

Por Santiago Boccanegra

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