La vida por un pernil, por Emiro Albornoz León

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Foto Referencial

(02 de enero de 2018. El Venezolano).- La lamentable e incomprensible muerte de una joven mujer de 18 años, en la vía que conduce a la populosa barriada de El junquito , en Caracas, mientras hacía una cola por un pernil el día cuando debía encontrarse en su casa preparando las fiestas de bienvenida al año nuevo, tiene que llamar a la reflexión al régimen de Nicolás Maduro en torno a sus desastrosas políticas económicas que son las causantes de todo este desmadre.

Con la vida de Alexandra Conopoi se fue la otra que llevaba en su vientre, de cinco meses de gestación pues se encontraba embarazada.

Un Guardia Nacional, que al parecer está formado para el control del orden público, no tuvo otra acción que ejercer que efectuar disparos al presentarse una situación de desorden, propia  en este tipo de dispositivos gubernamentales ante la certeza que no habrá para todos, alcanzando en la cabeza a la dama preñada, y en el glúteo a otro joven que igualmente hacía cola.

Este cronista le endosa estas muertes al régimen de Nicolás Maduro porque son sus fatales políticas las que han llevado al pueblo a andar tras cualquier evento donde regalen o vendan a precios casi que regalados alimentos como un pernil, que tanto anhelan las familias populares para preparar la cena de año nuevo ante la escasez de recursos para adquirirlos con sus ingresos producto del trabajo de la gente, por  la escalada indetenible de precios de los alimentos que ha hecho que Venezuela ostente el nada envidiable título de primer país del mundo en inflación..

Más aún, se produce este trágico y fatal incidente, cuando el gobierno no pudo cumplir con una promesa formulada por el mismo Nicolás Maduro de entrega perniles navideños a más de seis millones de familias, los cuales nunca llegaron.

Este engaño originó protestas por todas partes del país donde la gente salía a las calles a reclamar sus perniles y comida de los CLAP que tampoco aparecen. A todas estas, Maduro aprovechó un mensaje en cadena para dar una explicación increíble y estrafalaria sobre la falta de los perniles.

Según Maduro, los deseados muslos de cerdo fueron saboteados por el gobierno de Portugal, conjura en la que participaron hasta los Estados Unidos y líderes de la oposición,  y habló de unos barcos que fueron perseguidos con su valiosa carga y, “por ahora” no pudieron llegar a su destino. Por otro lado, apareció el jefe de los CLAP y rimbombante Vice Ministro de Agricultura Urbana, el mismo que hace unos meses apenas,  ofreció entregar conejos para criarlos en nuestros apartamentos para su reproducción y sustituir con su carne la de res, pollo y cerdo, algo así como los gallineros verticales de Chávez, tirando las culpas a Colombia, demostrando que ni siquiera a la hora de las mentiras y las excusas se ponen de acuerdo.

Por cierto, Maduro quedó muy mal parado ante el país y ante el mundo porque inmediatamente el canciller portugués le salió al paso a sus excentricidades y afirmó que el gobierno de Portugal no es quien vende perniles sino las empresas privadas de ese país, a una de las cuales Venezuela le debe un cargamento  del producto desde el año 2016 por una cantidad superior a los cuarenta millones de dólares.

No quiero imaginarme que podrá pasar en Venezuela si la hambruna que está a las puertas si el gobierno no corrige y cambia de rumbo  hace que la gente pierda el control, acosados por el hambre, y salen en masa a protestar, si ante una simple bronca la respuesta del efectivo castrense fue tirar a matar.

Tengo que expresar que en medio de esta grave situación, causada por Maduro, la oposición venezolana, acusada por el Presidente de todo tipo de crímenes, ha sido tan responsable que no ha promovido desórdenes como sí lo hicieron los comunistas el 27 de febrero de 1989 cuando por 0.25 (un mediecito de la época) de aumento del costo de litro de gasolina, salieron a incendiar las calles de Caracas y Miranda y los consecuentes saqueos y represión de aquel trágico día.

Hoy día, hay miles de razones por las cuales fomentar protestas porque la mayoría de la nación está pasando hambre y no es el aumento de un 40 por ciento del salario lo que soluciona la escasez de dinero para compra alimentos Presidente, porque con 247 mil bolívares, nuevo salario mínimo a partir de este mes de enero,  no se compra ni siquiera un kilo de carne.

Tienen que ser políticas económicas sin el sello del comunismo que es lo que ha llevado a la debacle a nuestro país, y el régimen se empreña en continuar. Insisto en que mejor solución que su renuncia, Presidente, para que el país elija un nuevo mandatario que encauce a la nación por nuevos senderos que lleven a la recuperación económica y social, no hay.

Por: Emiro Albornoz León

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