La toma de Caracas, por Luis Prieto Oliveira

0
Movilización popular en todo el país

Referencial

(23 de agosto de 2016. El Venezolano).- La oposición venezolana, coordinada por la MUD, convocó a una marcha nacional y toma de Caracas, el próximo 1º de Septiembre, para presionar al Gobierno y sus lacayos del CNE a que fijen una fecha para la recolección del 20% de las firmas necesarias para ordenar el Referendo Revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro. La MUD ha insistido que no se trata solamente de un acto de protesta, sino fundamentalmente de una actividad de organización del movimiento opositor en todo el país, con la designación de comités locales que preparen las actividades políticas vinculadas a la realización del referendo en cuestión.

No cabe duda de que, en un país donde se respetaran los derechos ciudadanos y no existiera un aparato represivo y criminal como el que existe en Venezuela, una convocatorias de esta naturaleza, dado el alto grado de participación política y polarización existentes y también la caída casi total de la popularidad del movimiento político que apoya al actual gobernante, podría reunir a la más impresionante muchedumbre de toda nuestra historia. Informaciones del fin de semana del 20 y 21 de agosto, cuando faltan diez días para la marcha, indican que ya se han concentrado numerosas fuerzas militares, policiales y parapoliciales en Caracas, así como se han declarado diversas avenidas, túneles de acceso y autopistas, como “Zonas de Seguridad”, donde se prohíben manifestaciones políticas. Estas reacciones, típicas del estilo fascista adoptado por el régimen desde hace más de una década, cuando comenzó a hacerse evidente la gradual y progresiva pérdida de popularidad de su movimiento, podrían generar resultados verdaderamente trágicos, con enfrentamientos de grupos armados castrenses y paramilitares contra miles de manifestantes inermes.

Aunque el régimen pretenda tapar el sol con un dedo, lo cierto es que, como dice el viejo refrán popular, “el horno no está para bollos” y un hecho de esta naturaleza podría ser el detonante de una rebelión civil de gran magnitud, que acabe definitivamente con la comparsa de payasos, adulantes, delincuentes y extras cubanos y genere un cambio radical en la situación política nacional y el retorno a las verdaderas instituciones democráticas.

La verdad es que el deterioro casi terminal de la situación del pueblo venezolano, con incrementos vergonzantes en la mortalidad infantil por desnutrición, la verdadera situación de emergencia humanitaria en materia de medicinas e insumos sanitarios y de desesperación colectiva por la falta de alimentos, ha creado un genuino caldo de cultivo en el que se está gestando una reacción masiva y terminante, impulsada por la angustia de 30 millones de personas (con las consabidas y notables excepciones que todos conocemos).

Aunque corro el riesgo de que se me acuse de abusar de antecedentes históricos, es indispensable que hablemos de los hechos ocurridos entre mayo y julio de 1789 en París, que marcaron el inicio de la Revolución Francesa, uno de los movimientos populares más poderosos de la historia universal. El monarca galo Luis XVI enfrentaba una situación similar a la que su émulo Maduro atraviesa actualmente. No había pan, se decretó un abusivo aumento del impuesto a la sal, para tratar de paliar una crisis fiscal provocada por una burocracia monárquica que gastaba mucho más de lo que ingresaba al país. Las protestas de los hambrientos se multiplicaban en el país y ante ellas, la reina María Antonieta de Austria, esposa del rey, respondió al clamor porque no había pan, con la famosa frase “Si no hay pan, pues coman tortas”.

Entre junio y julio de 1789 se agudizó la situación, con una virtual insurrección de los diputados de la Asamblea Nacional, en su mayoría opuestos a la nobleza y al rey. Ante la intransigencia del rey y las amenazas de soldados extranjeros que ocupaban cargos importantes en el ejército, para obtener armas con las que enfrentar a las tropas, el pueblo tomó la prisión de la Bastilla el 14 de julio y se apoderó del parque que allí había. En ese momento comenzó la Revolución Francesa, que llevó a la guillotina a la mayor parte de los “enchufados” de aquellos tiempos y también a Luis XVI y María Antonieta.

Aunque no es fácil, ni conveniente, establecer parangones históricos es notable que algunos de los elementos más importantes de la situación de Francia hace 327 años, se estén repitiendo en la Venezuela de 2016. Sabemos que aquel que no conoce la historia será condenada a repetirla y, aunque no deseamos derramamientos de sangre, ni la guerra fratricida, la actitud y las acciones del régimen nos están empujando hacia un abismo en el cual sabremos cuándo y cómo entramos, pero no en qué condiciones vamos a emerger.

La oposición venezolana, aun cuando algunos “come candela” de escritorio la acusan de entreguista, ha transitado un camino ejemplar de defensa de las instituciones democráticas y aprovechamiento de cuanto resquicio de libertad ha encontrado, sin caer en aventurerismo ni en abusos que causen muertes. El trayecto recorrido ha estado marcado por una serie de avances que han arrinconado al régimen, despojándolo de apoyo popular y creando una clara conciencia de que la situación actual del país obedece al manejo criminal de los recursos nacionales, a la corrupción generalizada y a la persecución de quienes pregonan los verdaderos valores consagrados en la Constitución y los que han sustentado las etapas luminosas de nuestra historia.

En estos momentos, frente a las amenazas hay que aguzar la creatividad, porque, si Caracas es blindada con miles de soldados, milicianos y colectivos armados, es indispensable recordar la regla de suma cero, es decir que los refuerzos de Caracas desarman las fuerzas represivas en el resto del país, por lo cual será más fácil tomar las ciudades y aislar a Caracas. La presión puede ser muy parecida y el efecto aún más devastador, porque puede lograse una movilización mayor y un eco motivador más trascendente.

Uno de los aspectos de esta etapa de la lucha electoral, pacífica y atenida a los preceptos constitucionales es la concientización del pueblo respecto a las responsabilidades y culpas en la situación actual y organizarlo para movilizaciones masivas. Estos no son objetivos fáciles, y en ellos seguramente serán inmolados algunos de nuestros militantes, pero estas muertes o cárceles servirán para aumentar la presión hasta hacerla insostenible.

En el caso de que se autorice la recolección de los 4 millones de firmas a finales de octubre, como pretende el CNE, robándonos cerca de mes y medio, una de las cosas que deben lograrse es llevar a las mesas a 8 millones o más votantes. Si esto ocurre se producirá una total deslegalización del gobierno, aunque el plebiscito se realice después de la fecha límite, porque ya existen compromisos de voto suficientes para revocar su mandato, en fecha oportuna y legal, con lo cual se estaría logrando el objetivo del artículo 72 que indica que basta con que los votos revocatorios sean superiores en un voto a los obtenidos por el funcionario cuyo mandato se quiere revocar. En ninguna parte del mandato constitucional se menciona la existencia de votos a favor del revocable.

Como se puede ver, la Toma de Caracas puede ser un episodio decisivo y todos, desde cualquier lugar en el que nos encontremos, tenemos que trabajar para lograr que sus efectos sean decisivos en el logro del objetivo de recuperación de las instituciones democráticas.

Por Luis Prieto Oliveira

Compartir .

Dejar respuesta