La revolución es un manicomio, por Emiro Albornoz

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Referencial

(16 de marzo de 2017. El Venezolano).- Esta cosa rara que asaltó el poder en Venezuela bajo el nombre de revolución bolivariana, esta especie de maldición que le ha caído al pueblo venezolano no se le puede llamar Gobierno bajo ninguna circunstancia. Esto es un manicomio.

En verdad no hay otro calificativo que se le pueda aplicar a esta locura de régimen que tiene a toda la nación venezolana, excepto los poco enchufados que se han aprovechado del poder de la manera más descarada, caminando de cabeza ante el estado de cosas que vienen sucediéndose.

Las medidas que recién acaba de anunciar Nicolás Maduro, como otra excusa más para evadir sus exclusivas responsabilidades ante el desastre que se vive en el país, con buena parte de los venezolanos adelgazando de manera desproporcionada (y no están haciendo dieta) porque sencillamente han tenido que rebajar considerablemente la cantidad y la calidad de los alimentos que consumen, y la gente muriéndose de mengua por falta de medicinas en los hospitales en las farmacias, son una demostración de cómo la locura vive en Miraflores.

Pretenden achacarle a los dueños de “panaderías de la capital y de todo el país la culpa ante la escasez del pan y de las colas que necesariamente tienen lugar en esos establecimientos que en su mayoría son un negocio familiar porque buena parte de los miembros de la familia dueña del negocio panadero laboran en esos predios. Pero jamás aceptan que no hay la suficiente harina, porque se robaron los dólares para importarla y atender la demanda del pan nuestro de cada día.

¿Se habrán detenido Maduro y sus áulicos y corifeos a analizar un poco las razones de la hecatombe que sus políticas han producido en el país?. La respuesta es NO, porque sólo así se puede entender que ordenen a los dueños de panaderías fabricar solamente pan canilla, amenaza de confiscación de por medio, a los precios que al gobierno le da la gana, en horarios que sobrepasan la norma de trabajo de estos establecimientos, sin tomar en cuenta el peso de los pasivos laborales y aumentos de cesta ticket que el régimen decreta a cada rato con la equivocada idea que así le van a resolver a los venezolanos el grave problema de la adquisición de alimentos.

Este cronista ya se imagina, en los próximos días o semanas, a Maduro y su cohorte de enchufados, los miembros de esa cosa que han dado en llamar CLAP, a las hordas fascistas denominadas las UBCH, dirigiendo las confiscaciones de panaderías para disponer de ellas y colocar a administrar las mismas con esa cuerda de desadaptados que solo saben actuar como fuerzas de choque del régimen contra la oposición democrática venezolana.

Entonces veremos como el pan se pone amargo y no porque “ha llorado el panadero o el que come está llorando”, sino porque no conseguiremos ni pan para saciar el hambre que es lo único que abunda en la Venezuela arruinada por la revolución.

Estas desmedidas e ilegales acciones no tendrán otro final distinto al de las areperas socialistas, los cultivos organopónicos de la avenida Bolívar de Caracas, los conucos y cochineros urbanos, los gallineros verticales, las rutas de la empanada, y paremos de contar locuras revolucionarias.

Cuando observo todas estas insensateces que jamás pueden considerarse como unas medidas de estado porque no tienen tal entidad, me recuerdo de mi santa madre, Bertila, quien cuando percibía a una persona fuera de sus “cabales” , decía que les faltaban unas cuantas tuercas en la cabeza.

Yo creo que los personeros del régimen comunista que destruye a Venezuela están faltos de una camisa de fuerza que se la tendrá que poner el pueblo venezolano cuando salga a las calles, de manera civilizada y democrática, a ejercer su derecho de exigirle a Maduro que abandone el poder o se exponga al veredicto de la nación en un gran referéndum revocatorio.

Usemos como buena razón el encabezado del manifiesto expuesto por los golpistas del MBR 200, con Chávez a la cabeza, en 1991: “El agotamiento del estado venezolano, y por consiguiente de su forma de Gobierno, se presenta como situación alarmante y de extrema gravedad, que ha conducido a la sociedad venezolana a la más profunda crisis económica, política, social, moral y de identidad de toda su historia………una deuda impagable, cada vez más elevada; mayor dependencia de entes financieros internacionales…corrupción de todo tipo, en todas las instancias públicas y privadas…inclusive los partidos del status; narcotráfico, tráfico de influencias, venalidad en la justicia, caos en la prestación de los servicios públicos, particularmente los de la salud…inseguridad social.

Estos son algunos de los aspectos que caracterizan la gran crisis general que vive Venezuela.. [crisis]moralmente más condenable si se observa que en los últimos 15 años el país ha contado con cuantiosos recursos económicos jamás imaginados que solo han servido y permitido una acelerada perversión social y de la dirigencia del país…”.

Por Emiro Albornoz

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