La MUD se ajusta o desaparece, por Antonio Urdaneta

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(06 de febrero de 2017. El Venezolano).- La urgencia que tiene el país para salir de este oprobioso régimen que, después de cumplir con el diabólico propósito de arruinar a Venezuela, ha conducido a los venezolanos a un terrible proceso de hambruna nacional, requiere de posiciones incuestionablemente patrióticas. Y esto sólo será posible si todo el pueblo que está sufriendo se aglutina, lo más compactamente posible, en un solo bloque político, sin que las organizaciones partidistas ni las ideologías se atribuyan el monopolio del protagonismo.

Ese instrumento aglutinante existe, pero necesita un reajuste radical, tanto en su organicidad como en su funcionamiento. Se trata de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), iniciativa ésta que nació con las mejores intenciones para cumplir el rol que demandan las circunstancias; lamentablemente, como todos los grupos humanos, hoy la MUD luce un tanto distanciada de las responsabilidades que exige la tragedia casi terminal que estamos padeciendo. Es cierto; y esto ni los involucrados, consciente o inconscientemente, tienen autoridad moral para negarlo.

Es público, notorio y comunicacional que las decisiones en la MUD las toman muy pocas personas, lo cual supone una imperdonable práctica excluyente. Resulta por lo menos inexplicable este comportamiento, cuando en Venezuela sería hasta criminal, por lo delicado de la situación, el pretender ignorar que el único proyecto político capaz de enfrentar al régimen, que ya con sus hechos se ha declarado tácitamente como una dictadura, es la unión real, sin supuestos ventajismos de nadie, de todos los factores políticos, sociales, laborales, empresariales, culturales, profesionales y hasta religiosos que tienen presencia en el país.

Por consiguiente, si la MUD quiere ir más allá de los compromisos partidistas y electorales, está obligada a ampliar su base de sustentación organizativa y funcional. Y esto requiere que todos los participantes en ella tengan los mismos derechos y posibilidades; porque si se pretende aplicar la proporcionalidad de las fuerzas políticas, entonces que sean éstas las que únicamente se enfrenten a las arremetidas dictatoriales. Para nadie son extrañas las quejas de organizaciones sociales y pequeños partidos y movimientos políticos, según los cuales su participación en la MUD se ha reducido a la mínima expresión; hasta el punto que tienen un año o más sin que se les haya tomado en cuenta para determinadas decisiones.

Si la dirigencia de los partidos con mayor poder electoral, como es lógico suponer, quieren salir ilesos de las arbitrariedades de la dictadura, deberían ser los primeros en promover, materializar y consolidar ese bloque político único, al margen de esas pretensiones de superioridad que ha cegado a algunos líderes. Debe ser un propósito de sobrevivencia, porque si el dictador y sus cómplices siguen ganando terreno, los primeros partidos que desaparecerán son los que tienen más poder de convocatoria electoral. ¡Llegó el momento de salvarnos o de perecer todos, pero unidos!

Como militante irreductible de la democracia, y dadas mis limitaciones para actuar personal y directamente, sigo aportando con lo único que puedo hacer, por intermedio de esta columna.

Por: Antonio Aguirre / @UrdanetaAguirre

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