En la MUD piensan más en candidaturas que en liderar las condiciones del cambio, por César Morillo

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(20 de diciembre de 2016. El Venezolano).- Una cosa es tener un liderazgo con diferentes criterios y pareceres sobre, digamos, un tema, y otra muy distinta es que ese liderazgo asuma rutas diferentes a la hora del accionar político, sobre todo si está confrontando a un adversario que cada día desvela su rostro más autoritario.

Y es que a estas alturas de los acontecimientos lo que parece estar en debate es la falta de unidad en la oposición y no la debilidad del régimen. Esto es llamativo precisamente ahora cuando quienes están en el poder muestran su ineptitud de una forma tan ostensible que de ello no dudan ni buena parte de los mismos chavistas.

No se trata de recriminarle a la MUD el haberse sentado en una mesa a dialogar, incluso sabiendo como sabíamos de la poco transparente actitud del gobierno. Admitámoslo, una fuerza democrática, que reclama el cumplimiento de la constitución y que escogió la vía pacífica de lucha, no puede renunciar al diálogo en ningún caso, aunque sea para evidenciar por enésima vez la falta de palabra y el autoritarismo de quien está en el Palacio de Miraflores.

En todo caso ese no-diálogo pudo servir para evidenciar, una vez más, el verdadero rostro autoritario de Nicolás Maduro y su séquito y por tanto para deslegitimarlo en el escenario internacional. Pero pareciera que no hemos aprovechado esa circunstancia debidamente. Maduro sigue apareciendo con una fuerza mermada pero cohesionada. Los comentarios acerca de supuestas fracturas en el bloque en el poder no se reflejan en el accionar cotidiano, al menos no se traducen, hasta ahora, en pérdida significativa de su operatividad en las instituciones por ellos controladas.

Mientras tanto, en el lado opositor, las voces disidentes y los cuestionamientos de altos dirigentes entre sí es la nota discordante al final de este fatídico 2016. Es como si quienes detentan el poder tuviesen superior criterio de lo que se juegan que los aspirantes a desplazarlos.

En días pasados un amigo opositor, pero con opinión muy crítica al liderazgo de la MUD, me comentaba que a su juicio la oposición sufre del síndrome de querer partir la torta antes de que salga del horno. ¿Cómo es eso? le pregunté porque me interesaban sus argumentos, a lo que me respondió: Existe el criterio afianzado en el liderazgo opositor de que este gobierno caerá por inercia, que no hay ni que actuar, que la crisis económica y su ineptitud se juntarán para obrar a favor de su desplome, por tanto, ellos -la MUD- se alistan a ubicarse en la mejor posición posible para cuando lo inevitable ocurra.

Se piensa más en quién será el candidato, o el presidente de la transición, o los ministros, que en terminar de generar y liderar las condiciones que conduzcan al cambio deseado. De ahí las rencillas entre los líderes y la falta de unidad. ¿Acaso no hay en esta actitud una subestimación del adversario? Me pregunto.

En ese instante vino a mi memoria una reunión convocada por Manuel Rosales en 2007 con intelectuales caraqueños. En ella Rosales expuso su convicción de que Chávez estaba en el poder gracias a los cuantiosos ingresos petroleros que manejaba, a su chequera, como solía decir, pero cuando esa bonanza circunstancial pasara se desplomaría de inmediato. Tulio Hernández, sociólogo agudo y no conforme con explicaciones planas, tomó la palabra para preguntarle al ex candidato si a su juicio sólo eso explicaba la fortaleza de Chávez y su permanencia en el poder. Rosales asintió y Tulio Hernández hizo una explicación muy crítica a esa visión, la cual sustentó apelando a Max Webber, y su teoría del liderazgo carismático para profundizar en las complejidades que el fenómeno Chávez representaba.

Dijo Tulio Hernández para cerrar su intervención: Si la oposición se atiene sólo al devenir de la variable económica para que se produzca un cambio, estamos perdidos.

Hoy ya no está el liderazgo carismático presente, y ese no se transfiere ni con artificios tecnológicos ni cultos a la personalidad. Tampoco cuenta el Gobierno con los ingresos abundantes del petróleo. Pero siguen ahí, aferrados al poder, y si bien es cierto que la camarilla gobernante no pasa por buen momento, la oposición no se ve lo fuerte que se veía después del triunfo parlamentario. Tal parece que como bien lo dijo Tulio Hernández aquella noche; no basta con que la situación económica marche mal para que se produzca el cambio en regímenes como éste, hace falta mucho más.

Hace falta por ejemplo un plan que sea asumido por todos los que desean un cambio -todos- y que ese plan desuna a quienes están en el poder. Lo dijeron hace días tanto Luis Manuel Esculpi como Angel Álvarez en las esclarecedoras entrevistas realizadas por Elvia Gómez y publicadas en KonZapata.

Esculpi habló acerca de la necesidad de incentivar las contradicciones internas entre los chavistas y de buscar puntos de encuentro con su disidencia, incluso criticó algunos discursos opositores que a su juicio no ayudaban a abrir brecha en el oficialismo. Álvarez habló de la imperiosa necesidad de la unidad, tanto en el discurso como en la acción. Hay muchas más razones para la unidad en quienes coinciden en la necesidad del cambio, que para aquellos que han permanecido en el poder durante 18 largos años. Por un lado, el prolongado tiempo en el poder trae un desgaste natural y, por otro, del lado opositor, la convicción de estar enfrentados a un régimen autoritario exige un esfuerzo unitario superior.

No me sumo a los que piden la cabeza de los miembros de la MUD o claman por nuevas siglas, no, pero sí lo hago a quienes estamos inconformes. Podríamos invitarlos a pensar en mejorar la representatividad, de superar los límites reducidos de los partidos políticos e incorporar a otros sectores e individuos meritorios no partidistas, un tanto menos interesados en repartirse la torta y si más enfocados en que la torta salga del horno.

No le caería nada mal a la MUD un remozamiento, que no maquillaje, porque no se trata de una simple limpieza de rostro. Se trata de tener un plan y un equipo que lo conduzca, lo lidere, y el actual, al menos, necesita refuerzos frescos.

No les pedimos fechas precisas, ni soluciones mágicas. Tampoco queremos una competencia a ver quién hace el discurso más radical, ni convocatorias improvisadas al Palacio de Miraflores. Sabemos que la situación es muy compleja y que estamos enfrentados a una camarilla aferrada al poder y que para ello es capaz de las acciones más inverosímiles, entre otras, irrespetar los lapsos que la constitución establece para las elecciones. Sabemos también que vivimos un complejo proceso de lucha en donde debemos ir acumulando fuerzas progresivamente, sin locuras y salidas mágicas. Pero también tenemos claro que sin unidad en la acción la tarea se hará cuesta arriba.

Si de lo que se trata es de rescatar la democracia y si tenemos en el poder a un grupo dispuesto a todo por mantenerlo, entonces este asunto no está restringido sólo a factores político partidistas. No nos estamos preparando para una elección normal en una democracia normal, no, aquí no está garantizado siquiera la realización de elecciones, ni mucho menos de que si las hubiere, éstas se realicen con la debida transparencia. Por tanto, llegó el momento de que la MUD se transforme en el factor aglutinante de toda la sociedad democrática y no sólo de los partidos políticos. Sectores gremiales, profesionales, empresariales, estudiantiles, sindicatos, intelectuales, en fin, hay una compleja gama social que debe ser articulada e involucrada en esta difícil lucha. Porque si toda la sociedad está en peligro, pues es el momento que sea su totalidad la que dé un paso al frente.

Ojalá la MUD comprenda la situación y sin ínfulas ni prepotencias típicas de quienes asumen la política como un asunto exclusivo de los políticos, se disponga a incorporar más venezolanos que desean el cambio, indistintamente de que sean militantes o no. Ojalá -también- logremos incorporar a sectores organizados de nuestra sociedad y tantos otros venezolanos valiosos y preocupados por la suerte de nuestra nación dispuestos a asumir responsabilidades de liderazgo en esta hora de mengua que vivimos. Ojalá veamos haciendo un mismo esfuerzo y obrando en la misma dirección a Henrique Capriles y a María Corina Machado, a Henry Ramos y a Henry Falcón, a Julio Borges y a Freddy Guevara y sumados a ellos a varios rostros representativos de nuestra sociedad civil. Apuntando el camino, marcando los tiempos de esta compleja lucha.

Ese amigo con quien hablé, al final me comentó que quizás Maduro permanece en el poder más por nuestros errores que por sus propios méritos. Hoy día, a pesar de la seguidilla de errores y dislates, de las marchas y contra marchas de este -aparente caído- gobierno, ese parece ser el sentir de todos.

Por César Morillo / KonZapata

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