La lista del miedo, por María Fernanda Muñoz

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(10 de mayo de 2016. El Venezolano).- Jugar al colapso, a la desesperanza, a perder el norte si es que alguna vez lo tuvimos. Por primera vez en años le apostamos a un cambio político real por la vía democrática, todos juntos y lo logramos. Recuperamos una Asamblea secuestrada, que servía para que un troglodita expulsara en público cualquier cantidad de ofensas. Nuevamente nos enfocamos en una ruta trazada para lograr con la Constitución en mano, la recuperación de la democracia, luchando por abrir las puertas de un referendo revocatorio. Pero cuando leo comentarios como “¿Qué pasa si hacen una nueva lista Tascón?” me pregunto inevitablemente ¿Será que en Venezuela no hemos tocado fondo? Y veo a mi alrededor, tanto colapso, tanto abandono y cunde el pánico.

Yo les puedo responder, con total seguridad, a qué lista le temo yo. Le temo totalmente a  las por lo menos 5 listas con más de 2 mil personas, a las afueras de un supermercado, esperando a ver “qué sacan para comprar” por un terminal de cédula, dejando en un captahuella mi identidad, dejando además la dignidad como venezolana.

Le temo también a ver mi nombre en la larga lista de venezolanos emigrantes, que tuvieron que irse de casa, dejar la arepa y el sancocho, la malta y el queso de mano, no en la búsqueda de oportunidades, NO. En la búsqueda de la supervivencia, en la necesidad de sentir que tu vida vale, que hay un futuro, aunque sea en otras latitudes.

Le temo además, estar en la lista de perseguidos políticos, de disidentes, cuyo único delito es creer que este país no merece el gobierno que tiene. Un sentimiento que ya es colectivo, la certeza de que el modelo fracasó, de que Venezuela necesita recuperar el aire y quienes aún no terminan de asumirlo, son quienes por 17 años se convirtieron en la única verdadera disidencia, la oposición de la democracia, el falso y fracasado socialismo del siglo XXI.

Pero mi mayor temor es incorporarme a esa lista que todos los fines de semana, se recopila en cada morgue del país, para “totalizar” un número de muertes violentas. Ser la reseña de algún espeluznante suceso, donde la “resistencia al robo” es el único parte oficial, donde nadie sabe cómo dejaste la tierra, y el cómo te llamas deja de importar, porque al final eres un número más en una larga lista de cadáveres del país más violento del mundo.

Acabaron con la plata y se echaron a reír. Nos dejaron sin agua, sin luz, sin comida, sin medicinas, sin hospitales, cada día con menos amigos. La pregunta ya no es ¿Qué pasa si hacen una nueva lista? La pregunta ahora es ¿Por qué no estoy en esa lista? Y es ahí donde prontamente debemos responder, que no pueden la fe arrebatarnos. Esa sería la única lista que importa, la única con la que con orgullo he decidido estar y como yo, millones de venezolanos. No pueden dejarnos  sin la esperanza, la convicción de que saldremos adelante. La convicción de que quienes quedamos en el bote, aunque parece estar  hundido, remaremos y remaremos, para que salga a flote.

Vamos a preguntarnos ¿Cómo no voy a firmar por Venezuela? ¿Cómo le doy la espalda a mi país cuando más me necesita? ¿Por qué voy a seguir esperando que los demás definan mi futuro?

Somos nuestro destino y ese destino es ahora.

Por: María Fernanda Muñoz / La Patilla

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