“La” fiesta de 15 años en el Eurobuilding, por Carolina Jaimes Branger

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Referencial

(10 de noviembre de 2016. El Venezolano).- Ricardo Haussmann debatía con Temir Porras sobre el destino desconocido de miles de millones de dólares del Fonden (se sabe que para 2012 eran $120.000 millones, sí, leyó bien, ciento veinte mil millones de dólares).

Los abogados defensores de los narcosobrinos decidieron el primer día del juicio que la mejor defensa era declararlos lo suficientemente “estúpidos” como para poder traficar semejantes cantidades de droga de las que los acusan. Pero ninguna de las dos fue la noticia más comentada en Venezuela el día 7 de noviembre. “La” noticia del día, la que se volvió viral, fue la de una fiesta de quince años celebrada en el Eurobuilding.

No voy a entrar en consideraciones de que estos momentos aciagos que vive el país no son los más indicados para celebrar una fiesta mil millonaria, ni si demuestra una definitiva insensibilidad de los oferentes con lo que sucede a su alrededor, pues cada quien gasta su dinero como mejor le parece, aparte de que una fiesta así le da trabajo a mucha gente. Pero sí quiero comentar lo inapropiado de los shows para el público adolescente que asistió como invitado.

Uno de mis profesores de Humanidades en la Universidad Metropolitana, el Dr. Michele Marcotrigiano, decía que los imperios se mantenían mientras sus sociedades se mantenían frugales y caían cuando se volvían decadentes. Recordándolo, pensé que no sólo es el gobierno el que se está cayendo, sino nuestra sociedad. Una fiesta así es síntoma de una sociedad enferma.

No me considero conservadora ni timorata. Pero habiendo tenido hijas que pasaron por los quince años, jamás les hubiera permitido asistir a una fiesta como “la” fiesta. Y si fuera representante legal de uno de los invitados, denunciaría a los anfitriones ante la LOPNA. Niños de 14, 15 y 16 años no tienen por qué estar expuestos a strippers, ni a pole dancers, ni a ninguno de esos shows que ponen las hormonas a millón con consecuencias inimaginables.

Para todo hay una edad. Y aunque es verdad que los chamos de hoy han visto, escuchado y experimentado muchas cosas, no es para exacerbarles los sentidos. Si a esa edad “hay que entretenerlos” con esos espectáculos, cuando tengan treinta años terminarán suicidándose, porque ya nada les llamará la atención, nada los entretendrá, nada los satisfará. Así de simple.

Me alegró saber que mucha gente se alarmó y cuestionó la fulana fiesta. Yo pensé que iba a pasar por debajo de la mesa, pero no, los comentarios que he escuchado han sido todos críticos. No estamos tan mal como pensaba. En una sociedad que se ha acostumbrado a que el dinero lava todo, es muy prometedor que haya personas levantando sus voces y criticando abiertamente un evento que más parecía un antro de corrupción de menores que una fiesta.

La crisis que vivimos es, en esencia, de valores. Y eso se refleja en todo. “La” fiesta fue sólo un ejemplo de ello. Una periodista amiga mía comentó: “si estas fiestas de la “alta sociedad” (gente con las necesidades básicas más que cubiertas y acceso a la mejor educación), entonces sorprende menos que haya canibalismo en las cárceles, que en Los Ruices disfruten los linchamientos y que las bandas ajusten sus “cuentas” descuartizando a sus enemigos. Terrible lo que nos está pasando”.

He pensado en mi papá, a quien tantas veces durante mi juventud le reclamé ser tan estricto. Hoy, una vez más, le doy las gracias por sus lecciones. Y es que si no cambia nuestra escala de valores, el país podrá cambiar de gobierno y aun así seguirá en su frenético descenso hacia el abismo.

Por: Carolina Jaimes Branger / El Estímulo

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